Clara More junto a su libro, 'Nos recordarán'. Imágenes cedidas.
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"Nos recordarán", una mirada sobre la historia del arte con gafas LGTBIQ+, de la mano de Claramore
La historia del arte se ha contado a medias, desde luego con un relato hecho con la mirada de los hombres en un mundo heteropatriarcal, con un canon masculino que dejó a las mujeres fuera, como demuestran los museos o el libro canónico con el que estudiaban los miles de estudiantes de arte, La Historia del Arte, del austriaco Ernst Gombrich, y en el que -escrito en 1959, y de casi 700 páginas-, solo incluye a una mujer, la alemana Käte Kollwitz.
Así mujeres y el colectivo LGBQ+, que tuvo y tiene mucho protagonismo en el arte, se quedaron fuera. Ahora, Clara González Freyre de Andrade (Claramore) historiadora de arte y divulgadora, en sus redes acumula más de 370.000 seguidores, publica Nos recordarán, un mirada LGTBIQ+ al arte de todos los tiempos, un recorrido inédito por historias silenciadas y narrado como un periódico a partir de historias reales y cada capítulo del libro está inspirado en los colores de la bandera arcoíris.
P.- ¿Cuéntanos cómo nace este libro?
R.- Se nos ha vendido la historia del arte como algo que no es, que es como una disciplina súper construida, inmutable, llena de certezas, cuando realmente yo creo que todavía nos queda mucho por descubrir. Todavía nos queda mucho, sobre todo por aprender a mirar, porque la mirada es súper importante dentro de las artes visuales, en el arte en general. Creo que el canon tradicional básicamente ha premiado lo de siempre, que son básicamente hombres CIS, heterosexuales y, además, blancos normalmente.
Lo que pretendía con el libro era prescindir un poco de esa mirada tradicional y enseñar otras formas de mirar la historia del arte; que tiene, por un lado, nombres que se quedaron fuera de la historiografía -no por falta de talento, sino por lo que ha pasado, sobre todo sistemáticamente, con las mujeres, que incluso triunfando en su época acabaron no trascendiendo a la historia-, como también revisar nombres y obras, que son muy conocidas por el público general, pero que por lo que sea, pues ha pasado por alto esa parte de de la disidencia.
P.- ¿Ponnos algún ejemplo?
R.- Pues, por ejemplo, menciono obras como En la cama: el beso (1892), de Toulouse Lautrec, que es un cuadro que es muy conocido por todo el mundo, o cuando salen artistas como Leonardo da Vinci o Miguel Ángel, que también son muy conocidos. Y creo que que se debería conocer en general la mayoría de los nombres que hay aquí. Hay muchos de ellos que fueron super trascendentales. Por ejemplo, es verdad que se ha se ha reivindicado en los últimos años a Rosa Bonner -la excelente pintora realista del siglo XIX, maestra de bodegones y pinturas de animales como su famosa cabeza de león que cuelga en el Museo del Prado- .
Fue 'hit' del Museo del Prado hace seis o siete años, pero hasta entonces la mayoría del público en general no conocía quién era Rosa Bonner (1822-1899), lo cual es absolutamente ridículo teniendo en cuenta que era una señora que en su época tenía hasta una muñeca con su nombre con la que las niñas jugaban, también la pintora suiza de origen alemán Louise Catherine Breslau (1856-1927), que también tuvo reconocimientos que no eran propios para las mujeres en su época, y, que aún así, en la historia del arte no se estudia a esta mujer. Creo que sobre todo han sido ellas las olvidadas.
Los colores del Orgullo como mapa de lectura
P.- La estructura del libro es singular, cada capítulo es un color de la bandera arcoiris.
R.- Pues yo sobre todo intento hacer libros distintos para llegar a públicos distintos. Si mi primer libro era una revista super pop de historia del arte para desacralizar la disciplina, éste quería que fuese algo también diferencial, que no fuese como el típico libro de historia del arte cronológico. Entonces estuve dándole vueltas y al final se me ocurrió que podía hacerlo en base a la bandera del orgullo, porque mucha gente no sabe que la bandera original del orgullo tenía dos colores más, el rosa y el azul, que se quedaron por motivos de producción.
También la que más usamos ahora, que es la que tiene la franja horizontal tiene significados asociados. Entonces para mí era chulo pensar que cada capítulo podría ser un color con ese significado. Por ejemplo, el rojo es un capítulo dedicado a la vida, el verde que es en la naturaleza, está dedicado a las flores, el morado, que es el espíritu, pues a todo lo que tiene que ver con la religión, no tanto desde la persecución, sino desde el prisma de cómo hemos buscado otras formas de creer o dentro de las religiones tradicionales. Cómo hemos buscado nuestra propia representación las personas del colectivo. Me parecía como diferencial y más visual para que pudieses también leerlo de forma más alterada, que no tuvieses que seguirlo cronológicamente. Aunque termino de haciendo referencias cronológicas, es más ameno.

Páginas de la obra 'Nos recordarán', de Claramore, que recorre la historia del arte desde la perspectiva LGTBIQ+.
P.- ¿Va dirigido a un público en general y completa la mirada del canon artístico, no?
R.- Sí que es verdad que muchas veces, cuando hablamos de cosas de colectivo LGTBIQ+, la gente que no es del colectivo no se siente llamada a ello. Sin embargo, creo que este es un libro para todo el mundo; por un lado, para las personas LGTBIQ+, claro está, porque al final nos ofrece la posibilidad de comprobar que tenemos referentes históricos de todas las épocas, pero también para el público general paea cualquier persona a la que le gusta el arte.
Referentes disidentes para todas las épocas
P.- ¿ Y en qué época o en qué momento ha habido más nombres o más autoría de creación de personas más disidentes o del colectivo?
R.- Hay más ejemplos en el siglo XXI, obviamente, pero yo diría que ya a principios del siglo XX encontramos un buen número de ejemplos relevantes y además de personas que dentro de su situación pudieron vivir su sexualidad de forma relativamente libre dentro de de sus límites.
Por ejemplo, pues la mujer que sale en portada es Natalie Clifford Barney, que fue una señora muy famosa por tener su propio salón literario en París, que era un espacio seguro para las personas disidentes en general y para las lesbianas en particular. Ella vivía su sexualidad de forma relativamente libre dentro de lo que cabe. Porque bueno, aquí entra una cuestión de clase, que eso también está en toda la historia del arte, claro.
Las mujeres que trascendieron y las personas que trascendieron en general son personas de clase adinerada, obviamente, porque lo que podían hacer es que podían usar la libertad a su gusto porque no dependían.
En fin, Clifford era, por ejemplo, la hija de un magnate, sí que es verdad que su que su padre le puso limitaciones al principio cuando empezó a a publicar poemas lésbicos, pero en cuanto de eso le facilitó muchísimo las cosas, claro.
Porque al final lo que tenemos que analizar es por qué esas mujeres artistas no trascendieron el canon cuando sí que son señoras que en su época tuvieron reconocimiento. Por ejemplo, Sofonisba Anguissola, que era retratista del Rey Felipe, pero es chocante que cuando yo llevo a la gente del Prado y les explico que el cuadro de Felipe II, que estudian en historia de España, lo pintó esta señora, se quedan flipando y preguntando qué por qué no estaba en los libros de texto.
P.- Divulgadora y crítica también eres autora de Un Van Gogh en el salón
R.- Yo digo que siempre escribo los libros que a mí me gustaría haber tenido. Entonces, si el primero era un abrazo a mí, yo de 15 años, porque yo en un primer momento no me sentía nada conectada con las artes visuales, que es algo que le pasa a mucha gente, el segundo es literalmente, un ejercicio de revisión y de Justicia histórica.
Espero que vaya trascendiendo y que llegue a bibliotecas, que sea accesible para la gente y que se vaya introduciendo incluso dentro del discurso académico. Ojalá no solamente sea mi trabajo, sino también el de de otras personas que también luchan, porque queremos que cambien las cosas. Creo que las historiadoras del arte e historiadoras que hemos venido después, las que estamos ahora, todas queremos cambiar las cosas, al menos la mayoría.