Noemí Casquet

Fotografía de la escritora Noemí Casquet durante una entrevista concedida a EFE. EFE/Javier Cebollada

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Noemí Casquet: "El machismo cambia de careta, pero no significa que haya desaparecido"

Naiare Rodríguez Pérez | Zaragoza - 13 junio, 2025

La escritora Noemí Casquet cree que "el machismo cambia de careta o de disfraz, pero no significa que haya desaparecido", porque a la violencia de "dejar un ojo morado" se le une "la emocional, la psicológica y la institucional".

La también periodista y divulgadora sexual (Barcelona, 1992) ha presentado su nuevo libro, 'Pirómanas', en Zaragoza, donde ha reconocido que "las revoluciones saben de paciencia y resiliencia".

Pregunta (P): ¿Por qué cree que muchas veces la rabia de las mujeres no se interpreta como potencia transformadora?

Respuesta (R): Esa transformación no interesa al sistema en el que vivimos; le conviene mantener la jerarquía existente. Si de repente nosotras recuperamos esa rabia, pueden cambiar las cosas. Y no les gusta. No obstante, la rabia bien dirigida es autoprotectora y nos puede ayudar a establecer los límites. A nosotras se nos ha tachado e insultado a través de ella para que todavía quede más separada de nosotras. No tenemos tampoco arquetipos de rabia en el imaginario colectivo como puede ser en la mitología religiosa. Venimos de raíces judeocristianas con arquetipos absolutamente benévolos: ahí está la Virgen María, siempre disponible para todos y, pese a ser la madre de Dios, relegada a personaje secundario. Parece que es la que "nunca se enfada". Por otro lado, está Eva, que parece "la culpable de todo".

Noemí Casquet, autora de 'Pirómanas'

P: ¿Cómo puede abordar una mujer la búsqueda de su identidad y voz?

R: El primer paso es darte cuenta de que te das cuenta y ser consciente de que todas tus decisiones no son 100% tuyas. Todas están muy supeditadas a la sociedad, al sistema y al entorno. De todo lo que eres, lo que haces, de tu placer y de las relaciones que tienes, ¿cuánto de ti hay en ello? Cuando todo eso pasa y se te enciende la bombilla, hay una crisis muy fuerte sobre quién eres y qué es lo que quieres. El libro es una guía para manejar ese fuego. Da miedo quemarlo todo, pero, al mismo tiempo, todo lo que ves arder en realidad te está iluminando.

P: ¿Qué estructuras urge más incendiar ahora?

R: Muchísimas (ríe). Hoy, por ejemplo, quemaría los estereotipos y la presión estética que hay en los cuerpos de las mujeres, que son horribles. Esos cánones vienen de fuera. ¿Cómo serían si los creáramos nosotras? Las redes sociales refuerzan la idea de que “el problema eres tú”, como si no existieran filtros ni retoques. Tú entras en redes sociales, ves a la gente que tiene una vida perfecta y piensas si hay algo malo en ti, si tienes que empezar a hacer otro tipo de dieta o ponerte bótox.

"El machismo cambia de careta"

P: Nombra a esos falsos aliados del feminismo. ¿Hay más peligro en el disfraz de la deconstrucción que en el machismo evidente?

R: Antes el machismo estaba muy normalizado y las mujeres estaban acostumbradas a ser maltratadas porque era lo que tocaba. Parecía que el hombre te tenía que guiar y educar y tú eras de su propiedad. Éramos meros objetos reproductivos y sexuales. Gracias a la lucha feminista eso está cambiando. Por lo tanto, no es que sea más peligroso sino que lo que antes era normal, por suerte, ahora ya no lo es.

P: No obstante, el machismo sigue ahí.

R: Hemos hecho mucha divulgación para identificar el maltrato y reconocer que poner la mano encima es algo que no está bien. Sin embargo, hoy seguimos divulgando todo esto porque, al final, el machismo cambia de careta o de disfraz pero no significa que haya desaparecido. Muchos aliados feministas, que llevan la bandera pero ocupan nuestros espacios, actúan así como una forma de validación social y sexual. El discurso se lo tienen muy bien aprendido, pero, de repente, cuando tú entras en esa relación y bajas la guardia porque no es el machista de manual y parece que se ha deconstruido -aunque sea con cuatro eslóganes de Twitter-, te das cuenta de que la manipulación sigue pero se hace desde otro lugar.

De garantía política a garantía vital: el papel de la educación

P: ¿Considera que las mujeres hoy tenemos más herramientas para reconstruirnos?

R: Cuesta entrar en muchas instituciones con estos discursos, y los avances dependen del poder político. Si cambia, cambian las leyes y volvemos a estar desprotegidas. Nuestra garantía y seguridad no debería ser política, sino vital. Pero para que llegue a ser vital requerimos de una sociedad entera que esté dispuesta a entender que esto es así. Y, para eso, necesitamos educación, que aparezcan mujeres en los libros.

P: Esta falta de referentes y desconocimiento se extiende a otros ámbitos.

R: Hemos visto que la violencia es dejar un ojo morado o una paliza física, pero la violencia emocional, psicológica e institucional que hay alrededor de las mujeres es muy fuerte. Ahora mismo las mujeres estamos haciendo un viaje y un camino gigantesco en cuanto a autoconocimiento, pero, al mismo tiempo, si solo educamos a las mujeres... ¿Dónde queda la otra mitad de la población, que es la que está en un ámbito jerárquico más elevado? Mientras tú estás leyendo libros de autoayuda o vas a terapia, la persona que tienes al lado no sabe lavarse unos calzoncillos ni qué significa la gestión emocional.

Cuando perdamos el miedo a estar solas, las cosas cambiarán y la otra mitad de la población se dará cuenta de cómo tiene que interactuar, de verdad, con las mujeres.