Saray Khumalo, una africana en el techo de cristal más alto, el Everest

Nerea González | Johannesburgo - 19 febrero, 2020

Saray Khumalo (Zambia, 1971) se ha convertido en la primera mujer africana negra en alcanzar el Polo Sur y conquistar la cima del Everest. De entre las casi 5.000 personas que han logrado escalar el monte del Himalaya, ninguna mujer negra procedente de África lo había conseguido hasta el momento.

Recién llegada de la Antártida, Khumalo habla con Efe en una entrevista en Johannesburgo: «Todos tenemos estos sueños que están como en la estantería y que decimos ‘Ah, no me deberían ver haciendo esto’ ¿Sabes qué? Igual eso es lo que la persona de al lado está esperando para poder avanzar. Para mí, es muy importante que nuestra generación allane el camino a la siguiente«.

Objetivo: romper los techos de cristal más altos

Khumalo tiene aún vendado el pulgar que se le congeló unas semanas atrás en su viaje al Polo Sur y que obligó a cancelar su primer intento de escalar el macizo Vinson (4.892 metros), dentro de su carrera por conquistar las cumbres más altas de todos los continentes y de llegar a los dos polos geográficos, en un desafío conocido como el «Grand Slam de los Exploradores«.

Aunque no llegó al Vinson, su primer intento en la Antártida no fue, ni mucho menos, un fracaso. El viaje la convirtió en la primera mujer negra africana en pisar el punto más austral de la Tierra, al igual que ya había hecho el 16 de mayo de 2019 con el punto más alto del planeta, el monte Everest (8.848 metros).

En su currículum, esta aventurera tiene ya cuatro de las siete ascensiones que necesita para completar el «Grand Slam de los Exploradores«, más la llegada al Polo Sur, y en abril pondrá rumbo al norte para enfrentarse por primera vez al Ártico. «Para mí, (la vida) va de no poner excusas y no disculparse por lo que a uno le gusta, lo que quiere hacer, lo que le interesa…, e ir a por ello y no dejar que el mundo dicte quién debes ser«, confiesa.

Hija de África

Khumalo, de 48 años, se considera a sí misma una auténtica «hija de África«. Reside en Sudáfrica, pero nació en Zambia; sus abuelos son ruandeses, y en su etapa de estudiante pasó también tiempo en Zimbabue y en la República Democrática del Congo. Eso significa que, cuando logra una meta, clava a la vez muchas banderas en nombre de las mujeres del continente.

«La anterior generación nos dio la libertad que experimentamos hoy, somos un 50 % de mujeres en el Parlamento (sudafricano) ¿Qué va a hacer mi generación por la siguiente? Les estamos enseñando que el mundo está lleno de oportunidades por atrapar, no de obstáculos que superar«, explica Khumalo, quien, además de montañista, se presenta siempre como empresaria y madre de dos hijos.

Un deporte extremo que llega por casualidad

De hecho, la aventura de Saray Khumalo con este deporte extremo empezó casi por casualidad cuando tenía 40 años. A pesar de que cuando era más joven nadie de su familia o de su entorno había tenido nunca relación con el alpinismo, Khumalo puso en su «lista» de sueños por cumplir en la vida el subir al Kilimanjaro (5.895 metros), la cumbre más alta de África.

«Alguien habló de escalar el Kilimanjaro y yo no lo había hecho. Pensé ‘como mujer africana tengo que hacer eso, tengo que pisar la cima de África’. Y lo hice», recuerda. Fue entonces cuando se le ocurrió que no iba a parar ahí, sino quese iba a embarcar en el reto de coronar las montañas más altas de todos los continentes.

Lo iba a hacer, además, recaudando fondos para proyectos de educación -la herramienta que ella considera más importante para alcanzar cimas, ya sea literales o metafóricas- bajo la campaña «Summits with a Purpose» («Cimas con propósito»).

Coronar montañas para dar a otros educación

Las donaciones y los apoyos de patrocinadores se multiplicaron a mediados de mayo pasado, a partir del día en que Sudáfrica amaneció llena de titulares con su nombre, acreditada como la primera africana negra en coronar el Everest. Esa «fama», inesperada para ella porque hasta entonces había sido solo una ciudadana anónima más, Khumalo se la ha tomado como una «responsabilidad» enfocada a hacer del mundo un «lugar mejor».

Quiere que las próximas personas que intenten algo que no se había hecho nunca no tengan que escuchar los «no deberías estar haciendo esto» que ella tuvo que soportar -tanto de gente blanca como de su misma raza- durante los cinco años que estuvo tratando de conquistar el Everest.

Los fondos que recauda con su campaña y, ahora también, con la ayuda de un programa de salud y seguros sudafricano para el que también ejerce de ejecutiva, van destinados a costear los estudios en el área de negocios de estudiantes que, aun teniendo la nota y las cualidades, no se pueden pagar una carrera o un posgrado. La idea es que, después, esos mismos estudiantes devuelvan lo prestado desde su mejorada posición social y ayuden a la siguiente generación de alumnos.

Además, Khumalo sostiene que con su proyecto ayuda a crear «modelos a seguir», necesarios en todas las disciplinas, incluidas aquellas que históricamente no han estado dominadas por las mujeres africanas, como es el caso del montañismo.

«Supongo -concluye- que ha habido cosas más importantes en el pasado que escalar montañas, como conseguir nuestra liberación, como poner comida en las mesas… Pero creo que a medida que el mundo se convierte en nuestra aldea global, nuestros intereses se vuelven mucho más parecidos sin importar dónde estemos».