Najat El Hachmi, Premio Nadal con una novela sobre «la búsqueda de libertad»

EFE | Barcelona - 7 enero, 2021

La escritora catalana de origen marroquí Najat El Hachmi ha ganado la  77 edición del Premio Nadal con la novela «El lunes nos querrán», protagonizada por dos mujeres de familias musulmanas que emprenden «la búsqueda de su libertad tanto a nivel familiar como laboral».

El Hachmi, que se había presentado al premio bajo el seudónimo de Cristina López y con el título ficticio de «Intrusas», consolida así una carrera literaria que comenzó como un sueño cuando apenas contaba doce años, y que se había catapultado en 2008 cuando ganó el premio Ramon Llull.

«El lunes nos querrán», que se publicará el 10 de febrero en Destino y el mismo día en lengua catalana en Edicions 62, narra «la amistad entre dos mujeres jóvenes, hijas de la inmigración marroquí, en los años previos a la crisis», según ha explicado la autora tras el fallo del premio, que ha tenido lugar en una insólita conferencia de prensa en el Hotel Palace de Barcelona, a la que solo han asistido periodistas debido a las restricciones por la pandemia de la COVID-19.

Dedicada a las mujeres que salieron «del camino recto para ser libres»

La novela pretende reflejar las dificultades que afrontan ambas mujeres al vivir en «un barrio de mayoría inmigrante y segregado urbanísticamente, en el que la emancipación e independencia de la mujer es fuertemente cuestionada«.

Las dos protagonistas intentan evitar la ruptura frontal con sus familias, pero se sienten tremendamente frágiles al emprender caminos que en su entorno ninguna mujer ha tomado antes, tales como estudiar una carrera universitaria o tener un trabajo remunerado.

Su espíritu pionero no tendrá siempre recompensa, experimentarán cómo los roles de género son difíciles de cambiar, y el amor que pondrán en práctica por primera vez les dejará un sabor agridulce.

Irán descubriendo que la sociedad de la que ya se sienten parte las rechaza de una forma sutil y pronto entenderán que convertirse en «mujer trabajadora» no era algo tan fácil como creían, pero «aún así siguen adelante intentando tener una vida mínimamente digna».

El Hachmi ha querido dedicar su novela a esas mujeres que «se salieron del camino recto para poder ser libres», que en pleno siglo XXI «viven en condiciones en las que la libertad parece estar muy lejos», a las que, aún así, anima: «Sí hay posibilidades para tener una vida mínimamente digna».

El Premio Nadal, una ventana a discursos alternativos

El titulo, revela El Hachmi, tiene que ver con que las dos jóvenes empiezan creyendo que si no las quieren es por su culpa, porque tienen que seguir las normas que les dictan las modas o sus familias tradicionales, pero que acaban viendo que si no las aceptan no es porque tengan que cambiar».

Najat El Hachmi ha confesado que, para ella, ganar el Nadal tiene un valor especial, porque «en su momento este premio supuso la posibilidad de que a través de la literatura se pudieran articular discursos alternativos a los discursos oficiales, y ‘Nada’ de Carmen Laforet es un buen ejemplo», dice.

«Aunque hoy no existe la censura como cuando Laforet escribió, sí que hay muchas realidades que de facto son censuradas, porque se invisibilizan en los medios de más impacto o quedan fuera del foco por saturación», añade.

Aunque se trata de su primera novela en castellano, El Hachmi revela que la escribió en castellano y en catalán en «un proceso interesante e intenso en el que ambos manuscritos se nutrieron mutuamente», algo que tiene que ver con su propia experiencia y con haber conocido a mujeres como las que salen en la novela, que «hablaban indistintamente en catalán y en castellano».

«Ha sido positivo para mí recuperar esa parte de la realidad y visibilizar esa realidad multilingüe en la que he vivido desde los 8 años», explica.

A pesar de que el resultado creativo hayan sido dos manuscritos, aclara la autora que «los personajes y los hechos que ocurren y los temas no cambian de una lengua a otra, lo que varia es el ritmo del propio texto».

La escritura que acerca los dos mundos de Najat El Hachmi

Nacida en la ciudad marroquí de Nador el 2 de julio de 1979, cuando su padre ya había emigrado a Vic (Barcelona), El Hachmi aterrizó en Cataluña cuando contaba ocho años, gracias al reagrupamiento familiar.

Si bien en un principio la escritura fue un entretenimiento, con el tiempo se convirtió en una vía para canalizar sus sentimientos respecto al hecho de pertenecer a la vez a dos lugares, así como una posibilidad para acercar los dos mundos en los que tiene sus raíces.

Nunca quiso ser «símbolo de nada», aunque en muchas ocasiones ha defendido su condición de mujer y madre.

Najat El Hachmi, con la nacionalidad española desde 2006, cursó estudios de Filología árabe en la Universidad de Barcelona. En el año 2004 publicó el libro autobiográfico «Jo també sóc catalana» (Columna), que se comparó con el mítico libro «Els altres catalans», de Paco Candel, por las reflexiones que allí se vierten sobre la identidad y el enraizamiento en un nuevo país.

Un año después, en 2005, participó en un acto del Instituto Europeo del Mediterráneo junto con otros escritores de procedencia extranjera que utilizan el catalán a la hora de escribir, como Matthew Tree, Salah Jamal, Laila Karrouch o Mohamed Chaib.

En los últimos años Najat El Hachmi ha publicado tanto en catalán como en castellano «La cazadora de cuerpos» y «La hija extranjera» (Premio Sant Joan de novela), siempre dentro del Grupo Planeta, y más recientemente «Madre de leche y miel» (2018) y «Siempre han hablado por nosotras» (2019) en Destino, editorial que convoca el Premio Nadal.

El velo, símbolo del machismo en el mundo islámico

En «Siempre han hablado por nosotras» El Hachmi denunció el machismo en el mundo islámico. En este sentido nunca ha ocultado su defensa del derecho a no llevar velo.

El Hachmi cree que hay tradiciones que no deberían incorporarse de ninguna manera, y tampoco debería permitirse que se mantengan en las comunidades de origen, y para ella el velo es quizá el ejemplo más llamativo. Una prenda que ve más como símbolo del machismo del  islámico que como símbolo cultural de la identidad musulmana.

«El velo es la presión que se ejerce sobre nuestros cuerpos desde pequeñas cuando nos dicen que tenemos que taparnos”, reivindicaba a Efe en una entrevista con motivo de la publicación de este título.