Foto de la Manuela Leal, pescadora de Conil de la Frontera (Cádiz). EFE/Román Ríos.
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Las mujeres del mar reivindican su valor ante la falta de relevo generacional en la pesca
Las mujeres de la pesca avanzan en sus posiciones, en los puertos del Atlántico y del Mediterráneo, pero consideran que queda mucho por hacer para la igualdad, pese su importancia creciente en un sector con falta de relevo generacional.
Profesionales de la pesca, comercio e inspección reconocen los avances pero también las desigualdades, en declaraciones a Efeagro desde Andalucía, Vizcaya y Asturias.
Las mujeres representan un 16,3 % de la afiliación al Régimen del Mar de la Seguridad Social y de las 10.028 afiliadas, 3.401 son por cuenta propia y 6.627 por cuenta ajena; la masculinización a bordo es generalizada y según datos del sector ellas solo representan un 6 % de las tripulaciones.
Pero su presencia en tierra o en el marisqueo es superior pues, según datos del Instituto Social de la Marina procesados por el sector, está en el 60 % (2.300) en el marisqueo; el cien por cien en las empacadoras y neskatillas, el 50 % en la pescadería (8.600) y el 60 % en las fábricas (12.000 mujeres).
Problema y solución al relevo generacional
La armadora y presidenta de la Asociación de Empresarios de la Pesca de Almería (Asopesca), María Ángeles Cayuela, considera que la falta de trabajadoras en la pesca responde en estos momentos a que hay un problema general de personal y de relevo "de chicos y de chicas".
Nacida en un barrio de pescadores, vinculada al mar por sus padres y sus abuelos, asegura que "cayó en la trampa" de dedicarse a él y que vivió con normalidad administrar un barco familiar, porque ya lo había hecho su madre.
Cayuela, también presidenta de la Asociación Andaluza de Mujeres del Sector Pesquero, asegura que en Almería ellas representan el 30 % de los armadores y que están "en activo", se ocupan de todo, desde los barcos a los despachos de capitanía.
Admite que las mujeres están consiguiendo puestos representativos que hace diez años serían "impensables", pero recalca que queda por hacer y la sensación de que "la propia Administración no se cree que haya interlocutoras tan válidas como los hombres que lo hacían tradicionalmente, en nombre de las asociaciones y las cofradías".
Valora el progreso del movimiento asociativo de mujeres pesqueras si bien, como solución, recalca, al igual que sus homólogos masculinos, que se necesitan cambios "drásticos" en las políticas europeas para que las flotas y sus tripulantes tengan "una remuneración" adecuada.
Las inspectoras marítimas
La inspectora de pesca Ludi Rueda, de Vizcaya, llegó a esta profesión por casualidad, tras estudiar Ciencias del Mar y colaborar en 2008 como auxiliar de inspección en el plan de recuperación del atún rojo, tras lo que aprobó su oposición como funcionaria pública.
Rueda preside la Asociación de Inspectores Pesqueros (Apipes) y está vinculada al sindicato ELA; forma parte de un colectivo actualmente mediático por la huelga que mantienen para reivindicar mejoras laborales en su trabajo, que ejercen a bordo, desde helicópteros o en tierra.
Entre los 170 inspectores marítimos hay más mujeres que hombres, según Rueda, quien apunta que en los puertos "están acostumbrados a verlas y van teniendo su sitio", también por su papel de autoridad: "He visto pocas veces faltas de respeto".
Pero sí nota "precariedad mayor en las mujeres de las conserveras o que colaboran colaborando en las descargas, pero poco a poco se hacen políticas para reconocer esos trabajos y darles valor". No obstante, reconoce la masculinización en el mar.
Visibles en la lonja
En Asturias, Rosi María García ("Las delicias de Güela") acumula seguidores en sus redes sociales, donde sube actualizaciones de su género para su negocio, "Las delicias de Güela", pescadería y restaurante.
Se define como pescadera, cocinera y compradora en la lonja de Luanco y explica que se acercó al sector desde "bien pequeña", porque su padre era marinero.
En su experiencia global "no nota ninguna diferencia" en materia de igualdad y "nunca se ha sentido excluida ni favorecida".
En su lonja hay unas 12 mujeres comprando pescado, y todas "en igualdad de condiciones": "cargamos las cajas, miramos, recogemos” [...]. Ni se nos favorece, ni se nos discrimina", subraya.