"Compartir es lo que te hace más feliz en esta vida", asegura Conchi. EFE/ Celia Arcos

Mujeres dejan herencias solidarias a distintas ONG en España

Celia Arcos y Cristina Andrade | Madrid - 18 agosto, 2021

Conchi, Elena y Magdalena son tres mujeres que han decidido hacer herencias solidarias a distintas ONG, para que sus aportes permanezcan aunque ellas ya no estén. Este es un gesto poco conocido y que sigue costando, en muchas ocasiones, contarlo a las familias.

«Compartir es lo que te hace más feliz en esta vida», ha asegurado Conchi.

Las tres mujeres expresan a Efe la satisfacción que sienten al pensar que tus bienes o tu dinero mejoran la vida de otras personas.

Herencias solidarias

Un millar de ciudadanos españoles hicieron en 2020 legados o testamentos solidarios con los que se recaudaron en España unos 23 millones de euros.Hace diez años se hacían 665 testamentos solidarios de estas características, en la actualidad la cifra se ha casi duplicado, según los datos del Consejo General del Notariado.

«Cuantas más personas sepan que se puede, más lo harán»

El día que Elena fallezca, tres asociacionesOxfam Intermón, Médicos sin Fronteras y una protectora de animales de su localidad- recibirán parte de su herencia. «Cuantas más personas sepan que se puede, más lo harán», piensa esta mujer de 55 años, aunque a su vez prefiere no dar su nombre real porque sus hermanos y allegados no saben de su filantropía.

El perfil de Elena, que vive en el País Vasco, se ajusta al prototipo de persona que opta por dejar un testamento solidario, según explica una responsable de la campaña «Haz Testamento Solidario», Alhelí Quintanilla: mujer y soltera, sin hijos, entre los 50 y 60 años.

A su casa llegan las revistas de Médicos sin Fronteras, ya que desde hace varios años es socia. Fue leyendo una de estas publicaciones cuando encontró un anuncio en el que explicaban cómo dejar herencia a la asociación… y no se lo pensó dos veces.

Según relata a Efe, si la familia desconoce su testamento solidario es porque piensa que no va a compartir ni entender su decisión y eso generaría un conflicto. La idea que tiene sobre la solidaridad es la que le ha legado su padre, una solidaridad en «minúsculas» basada en la idea de que «lo que haga tu mano izquierda que no lo sepa la derecha».

Por eso mismo, Elena no ha querido alardear ni hacer público el gesto. En los tres años que han pasado desde que tomó esa «meditada» y «sopesada» decisión solo la ha compartido con una amiga.

El futuro de su legado lo tiene claro, conoce a las asociaciones y sabe dónde se invertirá el dinero. Sobre cómo se tomarán sus familiares el testamento solidario no tiene tantas certezas.

«No entiendo cómo la gente no puede compartir lo que tiene, sea poco o mucho»

Con 45 años y siendo voluntaria de Unicef descubrió que existía la posibilidad de dejar una parte de su herencia a organizaciones, y acudió a su notario particular para informarse y asesorarse sobre cómo redactar su propio testamento solidario.

Desde pequeña los padres de Conchi, que reside en Madrid, siempre la alentaron para que hiciera un testamento y con 19 años redactó el primero, que luego ha ido modificando: «Es muy sencillo y puedes cambiarlo cuando quieras».En ese momento no estaba casada ni tenía hijos, y su heredera más cercana era su sobrina. Más tarde se casó, adoptó a su hijo y luego se separó.

Conchi supo al hacer su testamento solidario que quería destinarlo a Unicef y a contribuir a mejorar la situación de los niños y niñas: «Gracias a la adopción de mi hijo le he dado una posibilidad de futuro; con el testamento solidario también puedo darle futuro a otros niños».

«Me sale del corazón», ha comentado, y añade que para ella «lo importante es compartir, eso es lo que más feliz te puede hacer».

Ella si optó por contárselo a su familia y hacerles partícipes de su decisión. No tuvo dudas en ningún momento, aunque sabe que hay mucha gente a su alrededor que desconfía de a dónde va su dinero una vez que ya no están.Por ello, y aunque no suele hablar en primera persona sobre su decisión, sí intenta que su entorno conozca de la existencia de las herencias solidarias.

«No puedo entender cómo la gente que tiene mucho no comparte» ya sea «mucho o poco», ha asegurado Conchi con resignación. Le gustaría que en un futuro este tipo de iniciativas fueran «automáticas» como marcar la X en la declaración de la Renta.

«Morirme no significa que mi plan de vida acabe, así puedo seguir colaborando»

El plan de vida de Magdalena pasa por trabajar para defender los derechos humanos. Así lo ha hecho desde que siendo joven comenzó a ejercer como sindicalista, y así lo seguirá haciendo aunque no esté: «Morir no significa que ese plan se acabe», explica la mujer, de 66 años, que sabe que podrá seguir «colaborando» gracias al testamento solidario.

Hace quince años decidió incluir en su testamento a Amnistía Internacional, organización con la que también colabora. «He hecho dos testamentos», explica la mujer, que en 2005 dejaba 6.000 euros a la asociación pero, después, gracias a la venta de una casa ha podido incluir más.

Se enteró de esta posibilidad por un amigo, fue al notario y lo hizo, así de sencillo, relata Magdalena, que al igual que Conchi reside en Madrid.

«Hasta donde llegue, he llegado», comenta sobre el recorrido que tendrá su dinero en la organización cuando ella ya no pueda colaborar, a la vez que añade que no se siente «superior» ni quiere dar lecciones con ese gesto.

Magdalena está «satisfecha» porque sabe que con sus fondos va a seguir colaborando «para que este sea un mundo mejor» y también conoce «muy bien» a dónde va ese dinero.

Sobre su muerte, Magdalena no muestra miedo, está tranquila: «Es muy bonito saber que no vas a estar en este mundo y pensar que con el dinero que has dejado tus ideas no se apagan».