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La memoria silenciada de las mujeres de la posguerra española se abre paso en ‘Tocan a muerto’

Laura de Grado Alonso | Madrid - 26 marzo, 2026

La escritora Laura Vivar debuta en la narrativa con Tocan a muerto, una novela que reconstruye la posguerra española a través de la memoria de las mujeres anónimas que sobrevivieron a la Guerra Civil y a las décadas posteriores marcadas por la pobreza, el silencio y la violencia.

"Estas mujeres pasaron su vida en un cuerpo que no les pertenecía y en una mente que no les dejaron usar", ha explicado la filóloga Laura Vivar (Guadalajara, 1986) durante una entrevista con Efeminista.

A través del personaje de Milagros, una abuela que narra la historia de varias generaciones, el libro, publicado en España y Argentina por la editorial Blatt & Ríos, propone una reconstrucción desde la memoria de las mujeres de un tiempo del que "no se ha hablado demasiado" porque ha permanecido oculto entre conversaciones privadas y silencios familiares.

Una novela que nace de la oralidad de las abuelas

La autora sitúa el origen del proyecto en la pandemia de COVID-19, cuando las llamadas telefónicas con su propia abuela se convirtieron en el detonante creativo. "Me di cuenta de que había un muro de hormigón que no podía traspasar", explica Vivar sobre esos silencios familiares que terminaron transformándose en literatura.

Al compartir esas experiencias con personas de su entorno, la escritora descubrió que no se trataba de un caso aislado, sino de "un silencio generacional presente en muchas familias".

La novela está construida como un relato transmitido desde la oralidad, inspirado en la forma en que muchas abuelas contaban historias en el ámbito doméstico, como si estuvieran "al lado de la estufa".

"La única voz narrativa posible que yo veía viable para ser fiel a su historia y a su memoria tenía que ser la de ellas mismas. Fue un proceso de escritura que tiene más que ver con la oralidad que con la pluma", ha explicado Vivar.

Mujeres en la posguerra: un contexto marcado por el silencio

El resultado es un relato que mezcla escenas cotidianas como teñir la ropa de negro para guardar el luto, emigrar a servir a Madrid o bajar al lavadero a limpiar la ropa, con episodios más duros vinculados a la represión y al hambre en la dictadura franquista.

Para comprender el trasfondo del libro es necesario situarlo en la España posterior a 1939, cuando, tras el fin de la Guerra Civil, el régimen franquista consolidó un modelo social profundamente patriarcal que relegó a las mujeres al ámbito doméstico y limitó su autonomía económica y jurídica, reforzando un ideal femenino basado en la obediencia y el sacrificio.

"Estas mujeres vivieron una época muy complicada. Pasaron su vida en un cuerpo que no les pertenecía y en una mente que no les dejaron usar", señala Vivar, que defiende la urgencia de recuperar estas voces antes de que desaparezcan.

"Me encontré con esos lazos familiares y con mujeres que jamás habían contado su propia historia. Pero, alrededor de todo ello, estaban también las barbaridades a las que llevó la pobreza y todos los horrores que vivieron las familias, tanto desde dentro como desde fuera. Aún queda mucho por contar", añade.

En ese sentido, explica que Tocan a muerto no pretende ofrecer una verdad definitiva, sino abrir un diálogo social todavía pendiente.

"Espero que el libro produzca conversaciones y que lleguemos a conocer a estas abuelas que estaban en silencio", afirma.

Mujeres, dice, que, según ellas mismas repetían, "no tenían nada que decir", pero que, como demuestra el propio proceso de escritura del libro, guardaban historias clave para la reconstrucción de la memoria histórica de España.

"El libro va un poco de enfrentar a estas mujeres a su propio recuerdo para que sean capaces de construir un relato que nunca tuvieron", añade la autora.

Las "rapadas" y la represión contra las mujeres

Entre las violencias que atraviesan el paisaje de posguerra aparecen las llamadas “rapadas", mujeres que por acusaciones de estar vinculadas al bando republicano fueron castigadas públicamente con el rapado de cabeza, la ingesta forzada de aceite de ricino, paseos humillantes por las calles y, en muchos casos, agresiones físicas o sexuales.

Vivar explica que la documentación para reconstruir estos episodios fue especialmente compleja debido al silencio que todavía rodea estos hechos.

"Me tuve que documentar mucho porque el silencio era absoluto. Ni siquiera las propias familias o los descendientes de las víctimas quieren hablar del tema", recuerda.

Uno de los rasgos más destacados del libro es, precisamente, el contraste entre la dureza del contexto histórico y el tono cercano de la narración.

La autora se inspiró en esa forma en que muchas abuelas mezclaban el afecto cotidiano con recuerdos estremecedores. "Te cuentan cosas hipercrueles con la misma tranquilidad con la que te hacen un huevo frito", explica.

Pasado y presente en los pueblos

La autora evita idealizar el mundo rural, un espacio que a menudo se presenta con nostalgia pero que, según su investigación, estuvo marcado por la pobreza extrema y el trabajo invisible de las mujeres.

"No podemos volver al pueblo de 1940", señala, aludiendo al debate actual sobre la despoblación y la romantización del pasado.

A su juicio, el reto pasa por construir un medio rural donde sea viable vivir con calidad de vida.

Ejemplos como el trabajo en los lavaderos públicos ilustran esa distancia entre la memoria idealizada y la realidad. "Ahora se ve como algo bucólico, pero la realidad era bajar en pleno invierno, en enero, a lavar la ropa en condiciones muy duras, tener que romper el hielo con la mano antes de empezar a frotar con los puños", explica la autora. Un trabajo que, además, recaía exclusivamente en las mujeres, no en los hombres.

Vivar cuestiona también la idea recurrente de que "se vivía mejor antes" y responde a ese 21,3 % de españoles que considera que los años de la dictadura franquista fueron buenos o muy buenos para España, según una encuesta del CIS publicada en octubre de 2025.

"Dime quién y cuándo, porque desde luego para esas mujeres y esas abuelas no", afirma.

La autora también señala la distancia que existe entre generaciones de mujeres ya que "la concepción de ser mujer ahora y entonces no tiene nada que ver", afirma.

Aunque reconoce que el feminismo actual ha aportado herramientas y lenguaje para comprender esas experiencias, también existe una brecha entre quienes vivieron aquella época y las generaciones posteriores.

Sin embargo, dice, lo que pervive en muchas de esas abuelas es "el cariño hacia las generaciones que vienen después, la esperanza de que sus nietas y bisnietas puedan resolver algo de lo que a ellas les tocó vivir".