Foto de la escritora mexicana Mariana Orantes. Imagen cedida por la Editorial Candaya.
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La mexicana Mariana Orantes sobre narrar el feminicidio: "No hacer de la violencia un circo es una postura política"
En Caer bajo tierra, la escritora mexicana Mariana Orantes parte del feminicidio de una amiga de su infancia para construir una novela que rechaza la linealidad del relato tradicional y el tratamiento sensacionalista de la violencia. "Mi postura política es no hacer de la violencia un circo", afirma en una entrevista con Efeminista.
Publicada por Editorial Candaya, esta primera novela de la poeta y ensayista —autora de poemarios como La casa vertebrada y ensayos como Huérfanos— propone una estructura fragmentaria en la que convergen archivo, ficción, ensayo, cultura digital y mitología mexicana para cuestionar una cultura que convierte el dolor en espectáculo y reduce a las víctimas a una nota amarillista.
La historia, que se articula en torno al asesinato de Cecilia, una niña secuestrada en el Ajusco, en México, entrelaza las voces de varias mujeres atravesadas por su pérdida y convierte el relato en una exploración sobre cómo sobrevivir al trauma cuando no hay justicia ni cierre.
La novela apuesta por preservar la humanidad más allá del instante violento y por sostener la memoria afectiva como forma de resistencia.
"Yo quiero preservar la memoria de mis muertos más allá del momento violento, rescatar su humanidad", defiende.
Sostener la memoria afectiva frente al trauma
Pregunta- ¿A qué se debe la estructura no lineal y fragmentada de Caer bajo tierra?
Respuesta- Me interesa mucho esta forma no lineal de narrar y quería saber si tenía alguna relación con la forma, igualmente no lineal, de vivir el trauma.
El libro está basado en una experiencia real, en un feminicidio real: el feminicidio de una de mis amigas cuando yo tenía nueve años.
A partir de ahí he estado trabajando mucho la idea del trauma y también la de las sobrevivientes, que tienen que pasar por todo esto después de que un hecho violento rompa la vida de todo lo que hay alrededor.
De alguna manera ya lo había explorado en un libro anterior, el libro de ensayos Visita guiada al mundo de los muertos, donde había abordado el tema de una manera más personal.
En esta novela quería utilizar diferentes formas narrativas para mostrar ese quiebre de la temporalidad, también de espacios, para mostrar la manera en que las personas que sufrimos un trauma tendemos a fragmentarnos de alguna forma.
Todo esto tiene que ver con la supervivencia y con cómo queremos salvar el recuerdo de las personas que han muerto de forma violenta.

Foto de la portada de Caer bajo tierra, de la escritora mexicana Mariana Orantes. Imagen cedida por la Editorial Candaya.
P- ¿Qué papel juega la memoria colectiva frente al trauma y la violencia en la novela?
R- Es uno de los temas centrales, no solo de la novela sino de todo mi trabajo. He colaborado con colectivas y con personas que buscan mantener viva la memoria de otras.
En la novela se reflexiona también sobre cómo construimos esa memoria. Ana Laura trabaja en el archivo, pero se pregunta qué archivos se conservan, quién decide qué se guarda y cómo influyen incluso los agentes de inteligencia artificial en esa conservación.
Cuando decidimos qué conservar y qué preservar en la memoria colectiva, siempre dejamos algo fuera. Por eso me interesaba rescatar no solo los legajos o los documentos oficiales, sino la memoria afectiva, como nuestras relaciones con las amigas o nuestros momentos más queridos.
Cuando alguien muere en un entorno rudo de violencia, muchas veces lo único que nos queda es la memoria de lo ocurrido, la nota de periódico amarillista, y no sabemos nada del pasado de esa persona.
A mí eso no me interesa. Yo quiero preservar la memoria de mis muertos más allá del momento violento, rescatar su humanidad.
Desmontar el sensacionalismo literario
P- ¿Cómo escribir sobre un feminicidio sin caer en el morbo o el sensacionalismo?
R- Es interesante porque en muchos talleres literarios se nos enseña a buscar lo impactante. Cuando escribía un libro sobre asesinos en 2016, me decían que debía ir hacia el golpe, hacia lo más llamativo, hacia la sangre.
Yo me negué a hacer ese gesto. Ir en contra de esa forma de narrar la violencia es ir también contra cierta tradición literaria de narrar lo más morboso, lo más oscuro, lo más terrible.
Yo estoy hablando de un hecho violento, solo que lo hago desde otra perspectiva, y eso es difícil porque quiere decir que tengo que hacer un ejercicio mental de ponerme en el lugar de quienes quieren a esa persona. Incluso, a veces, en el lugar de quien ama a un asesino.
Es un ejercicio de humanidad. La violencia no es un circo: es algo que fragmenta vidas y vínculos.
P- ¿Te interesaba incomodar al lector/a?
R- En algunos momentos sí. Me interesaba incomodar respecto al papel de los medios, a la fotografía de la muerte, a nuestra relación con las imágenes de la violencia.
En el libro hay distintos formatos —videojuego, archivo, ensayo, investigación— porque también me interesa la idea de que el medio es parte del mensaje. La forma en que circula la violencia influye en cómo la percibimos.
Hay muchos hechos violentos en todo el mundo que desconocemos simplemente porque no vienen del lugar al que todos tenemos que voltear a ver.
Reivindicar la sensibilidad frente a la violencia
P- Julia es leída como "loca". ¿Querías cuestionar la patologización de las mujeres que no encajan en el relato oficial del trauma?
R- Existe una enorme patologización de las mujeres y también de las mujeres neurodivergentes. Se minimiza su palabra.
Y estamos también muy acostumbrados a darle la razón o a aplaudir el estilo de escritura que tiende a ser muy realista o muy racional, incluso técnico-académico, como si fuera la única verdad.
Pero no todos entendemos o comprendemos el lenguaje de la misma forma. Entonces, hay muchas personas, muchas civilizaciones y muchos pueblos originarios cuya forma de hablar está más relacionada con lo metafórico, con lo poético.
Sin embargo, desde una mirada estrictamente racional, esas otras formas suelen considerarse locas o extrañas, cuando en realidad nos ayudan a procesar una dimensión del mundo que hoy nos hace falta: la sensibilidad.

Foto de un fragmento de Caer bajo tierra, de la escritora mexicana Mariana Orantes. Imagen cedida por la Editorial Candaya.
Al incorporar elementos mitológicos, también estaba buscando cómo hacer entender el problema de la violencia sin recurrir a lo aparatoso.
Me interesa mucho la mitología y las lecturas clásicas, pero también conectar distintas culturas. En México, la mitología náhuatl forma parte de mi infancia. También me interesaban otras tradiciones, incluso de pueblos originarios de Estados Unidos.
P- ¿Consideras que Caer bajo tierra es un libro político?
R- No creo que exista un producto cultural que no sea político, sobre todo en los tiempos que vivimos. La elección del tema y la forma de tratarlo son posturas políticas.
Mi postura es no hacer de la violencia un circo, porque es justo lo que nos está desensibilizando, sino entender la violencia como manera de conexión humana integral.
No es necesario estar en el mismo lugar para poder sentirte herido por lo que está sucediendo en otra parte del mundo, y eso es lo que están intentando hacer muchos poderes por ahí, quitarnos esa sensibilidad. Entonces, mi postura política va muy ligada hacia la reconexión.
En la novela todos los personajes descienden al inframundo, pero también hay una necesidad de ascenso, y ahí está la esperanza. El asesinato ocurre y no puede deshacerse, pero la pregunta es: ¿qué hacemos con eso? ¿Cómo nos conectamos? ¿Cómo salvamos la memoria de nuestras amigas?
Si alguien en el futuro rescata historias, si alguien trabaja en archivos pequeños y entiende que ahí hay esperanza, entonces algo se ha logrado.