Portada del libro de María Larrea. Foto: Alianza
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María Larrea deslumabra con su novela sobre su propia adopción ilegal
"Los de Bilbao nacen donde quieren" (Alianza), la primera novela de la cineasta María Larrea, ha sido uno de los libros sorpresas de este año. Solo hace dos meses que está en la calle y ya va por la cuarta edición, y es que esta historia, basada en la vida de la propia autora, nacida en España pero criada en Francia, donde vive, es toda una carta de amor a sus padres de adopción, un texto duro y poético salpimentado con humor para digerir un viaje doloroso pero liberador.
"La libertad la he adquirido escribiendo el manuscrito, ha sido a lo largo del trabajo. No la tenía antes, recuperar las historias y transformarlas en literatura ha sido el camino liberador, dice a Efe la autora.
Pero no es solo eso este libro, escrito con pulso y ritmo magnético, porque, además de contar cómo Larrea se enteró de que era hija adoptada de forma ilegal en la España en los inicios de la Transición, es una indagación sobre los orígenes sociales que condicionan las relaciones familiares, el silencio, la identidad, la emigración o el clasismo, con el trasfondo histórico de los últimos años del franquismo, la miseria moral y la impunidad con la que se mercadeaban las adopciones.
"Los de Bilbao nacen donde quieren", de María Larrea
P.- Empecemos por el final, donde dice: "Todo mi afecto para mis amigos adoptados. No lo olvidéis: Somos libres". ¿Esa libertad la ha llevado a poder escribir el libro, y esa libertad no la lleva también a una sensación de soledad, que no deja de ser un precio de la libertad?
R.- La libertad la he adquirido escribiendo el manuscrito, ha sido a lo largo del trabajo. No la tenía antes, recuperar las historias y transformarlas en literatura ha sido el camino liberador.
P.- En el libro habla de su adopción, pero también de la de sus padres. ¿Qué tienen en común las personas adoptadas? ¿Existe sentimiento de abandono ? ¿Y, si es así, complica a la hora de crecer o de mantener una relación?
R.- Puedo contestar desde mi punto de vista, aunque conozco varias personas adoptadas que son hoy mis mejores amigos, mejor dicho ya hermanos, y la verdad es que sí tenemos eso en común: el abandono, que no es un sentimiento, es un hecho real.
Para ser adoptado, eres abandonado. Y eso te hace una herida, aunque haya adopción y amor después. Tenemos esa misma cicatriz interior. Las complicaciones mías han sido problemas de identidad y de lugar en la vida, pero lo tenía también por ser española en Francia, de clase obrera. Las complicaciones creciendo y manteniendo relaciones creo que todos las tenemos, adoptados o no.
P.- ¿Cree que la ficción ayuda más que un ensayo o tratado sobre las adopciones?
R.- Siempre me ha gustado contar historias, vengo del cine, de la transformación. Yo quería infundir lirismo en la historia de mis padres, los veía como héroes. La ficción algunas veces te acerca todavía más a la verdad, puedes buscar lo orgánico con ella, las sensaciones, los cinco sentidos, tomar su tiempo.
Además, no soy una intelectual, no tengo la pretensión de poder escribir un ensayo o tratado sobre las adopciones. Solo puedo contar historias y personajes y compartir mi experiencia.
P.- Usted es madre biológica. ¿Pero no cree que hay un cierto sentimiento de culpa con las madres adoptivas?
R.- La culpa me parece algo común entre madres adoptivas y biológicas, es una tarea muy comentada la de ser madre. Cada siglo, la madre ha tenido desafíos en su trabajo de crianza. Y no creo en el instinto maternal, es algo que se construye y en esto todas las madres son iguales.
P.- La historia, su retrato autobiográfico, se desarrolla en la España de 1979, un contexto en el que se habla de la emigración, de adopción ilegal, de pobreza, racismo o clasismo, que usted también vivió en Francia, pero usted no fue un bebé robado. ¿Cómo ve esa etapa y el asunto de los bebés robados durante la dictadura y la Transición?
R.- Mi historia de adopción es ilegal y sucede durante la Transición. Yo lo veo como un ejemplo de lo que se hizo durante la dictadura. Las mujeres no tenían voz ni voto. Las criaturas se pasaban de una mujer a otra como objetos. Mujeres y bebés no eran sujetos de la sociedad. Robar los bebés a las republicanas era una limpieza ideológica bajo moral cristiana, y bajo moral cristiana se continuó hasta los años 80.
P.- La narración está cargada de mucho ritmo y de situaciones duras envueltas con humor e ironía. ¿Qué importancia tiene el humor para usted?
R.- Los temas abordados en el libro son duros, necesitaba crear un contrapunto. Y también es algo muy natural en mí. Es mi voz cotidiana, me gusta bromear y quitar el peso de las situaciones terribles.
P.- El libro acaba agradeciendo a su madre biológica que la hubiera abandonado para así haber podido tener a su madre, Victoria. ¿Estas páginas son una carta de amor?
R.- El libro entero es una declaración de amor hacia mis padres, Victoria y Julián. Empecé con sus nacimientos, me alejé de ellos, pero sabía desde el principio que sería como un boomerang. Volvería a ese origen, el de mis padres adoptivos.
P.- Esta novela es su debut literario. ¿Seguirá escribiendo? ¿Habrá película del libro?
R.- Ha sido una experiencia tremenda de escribir ficción, quiero seguir esta artesanía de historias diferentes del cine, más libres, ¡y con menos presupuesto! ¿La película? Se está hablando del tema ahora mismo con una productora franco-española. A ver. ¡Yo quiero ver esta película! Work in progress…