María Folguera mujeres placer

La escritora, dramaturga, directora de escena y gestora cultural, María Folguera. Foto: Danilo Moroni.

María Folguera: «A las mujeres aún nos cuesta defender los territorios que nos dan placer»

Cristina Bazán | Guayaquil - 15 junio, 2021

En la vida pública de las escritoras españolas es «muy difícil» encontrar momentos placenteros, según la escritora y dramaturga María Folguera, quien en su nueva novela «Hermana (Placer)» reflexiona sobre «los referentes de escritoras y esa relación con el sufrimiento, con el sacrificio, con el fracaso vital» y, por supuesto, con el placer.

La historia de «Hermana (Placer)» (Alianza Editorial, 2021) está basada en hechos reales de la vida de Folguera y de una amiga cercana, pero pasa a la ficción para dar protagonismo a la amistad y también al deseo que tiene el personaje principal por poder publicar una «Enciclopedia de los buenos ratos de la escritoras» que saque a la luz sus «momentos de triunfo». «Pero no me refiero a triunfos laborales o editoriales. Me refiero a los momentos en los que se lo pasaron bien», precisa el personaje en la novela.

Sin embargo, más que acercar al lector a «ideales de placer o de heroínas», en «Hermana (Placer)» se habla sobre la herencia, sobre «los valores inconscientes» que han transmitido las abuelas y madres a los hijos e hijas sobre la «relación con el placer». Una herencia ha provocado que aún en 2021, a decir de la autora, a las mujeres «nos cueste muchísimo defender territorios que nos dan placer, que nos dan descanso y que son muy importantes para nosotras».

Las escritoras de referencia y el fracaso vital

Pregunta: Es una historia basada en hechos reales, ¿fue una experiencia la que le dio la idea de escribir este libro o cuál fue el pistoletazo?

Respuesta: Ha sido un proceso lento y por lo tanto no hay un pistoletazo concreto. Hubo una primera versión que empecé en 2018 y que guardé en el cajón en 2019 porque no funcionaba. Pero ya en esa versión estaba el proyecto de la protagonista de escribir la enciclopedia de buenos ratos de escritoras y estaba la amistad con esa mujer antagonista. Sí puedo decir que el pensamiento que he ido amasando en todos estos años hasta concretarlo en esta novela ha sido esa necesidad de reflexionar sobre los referentes de mujeres, de escritoras, esa relación con el sufrimiento, con el sacrificio, con el fracaso vital.

P: ¿Por qué ha llegado a esa reflexión?

R: Porque cuando yo era estudiante de teatro y de literatura tenía la sensación de que todos los referentes que se me ofrecían, a los que accedía a través de la academia o de la cultura general, de artículos en prensa, se me presentaban a través de su fracaso vital, de la locura, la enfermedad, la muerte, de las adicciones. Se ponía en primer lugar la experiencia de fracaso de la escritora. Y creo que eso me influía tóxicamente. Yo decía que no me veía muy capaz de imaginar una trayectoria artística exitosa si todos las referentes que admiraba estaban tan sacudidas por la desgracia y habían muerto jóvenes. El suicidio de Sylvia Plath, de Virginia Woolf, por ejemplo.

Afortunadamente ahora hay reediciones, revisión crítica de la cultura desde una perspectiva de género y hemos accedido a otras versiones de estos hechos en los que descubrimos que vivieron placenteramente en muchas ocasiones.

La enciclopedia de los buenos ratos

P: ¿La idea de escribir una enciclopedia de los buenos ratos de las escritoras solo se queda en la historia de este libro?

R: La verdad es que nunca he pensado en escribir una enciclopedia de verdad. Una enciclopedia requiere otro tipo de trabajo y otros tiempos. Yo quería escribir una novela, no una enciclopedia. No lo descarto en un futuro, por supuesto.

P: ¿Esa dificultad de encontrar esos datos de placer que evidencia la protagonista es una realidad?

R: Sí, es una realidad. Sobre todo hablamos de las generaciones anteriores y que forman parte del canon. Es muy difícil encontrar testimonios de momentos placenteros, de relax, de buena vida. En el caso concreto de María Lejárraga o Zenobia Camprubí siempre están presentados en un halo de culpa, de pedir disculpas, de sentirse egoístas por aquel buen rato. Y son testimonios que hay que rastrear en cartas privadas, en diarios, siempre muy de puertas adentro, como una especie de secreto.

María Folguera Placer

Portada del libro Hermana (Placer) de María Folguera. Foto: Alianza Editorial.

La herencia sobre el placer

P: La protagonista se preguntaba cuál es el interés que tienen los estremecimientos de una escritora, ¿cómo responde a esa pregunta?

R: Es muy importante pensar que esta enciclopedia aborda un canon que no está interesado en el presente inmediato, sino más bien en la herencia. Es un libro y un proyecto que habla de herencia. Eso, mas que acercarnos a nuestros ideales de placer o de heroínas, nos hace pensar en nuestras culturas, en la de nuestras madres, abuelas, tías. Los valores inconscientes que transmitimos a nuestros hijos e hijas y su relación con el placer

A mí me interesa mucho también cómo a partir de esta investigación conectamos con una cultura muy relacionada con la culpa, una herencia católica muy reconocible, en la que hay una sensación de falta o de pecado en las pérdidas de tiempo, en los momentos excesivamente placenteros, que son como una especie de peligro para la identidad.

La escritura no es verdadera per se, pero sí juega con la verdad. Entonces, al hablar de placeres, también jugamos con la verdad. Y me interesa cómo han jugado con la verdad las escritoras del pasado y cómo eso nos puede ayudar a reflexionar también sobre nuestro presente inmediato, sobre qué me pasa y por qué me siento mal. 

P: ¿Podría esto ayudar a resignificar la culpa?

R: Sí, creo que puede contribuir a resignificar. Todavía está muy arraigado en nuestras conversaciones cotidianas el decir: “es que he perdido mucho el tiempo”. “Es que soy tonta, no me siento productiva”. «Yo me sacrifico, no pasa nada». No damos importancia al autocuidado porque estamos criadas en una cultura de la resistencia. Hacemos mérito en complacer a los demás, en sostener las estructuras propias pero sobre todo ajenas. Todavía nos cuesta muchísimo poner límites día a día, defender territorios que nos dan placer, que nos dan descanso, que son muy importantes para nosotras.

El machismo y la culpa

P: ¿Esta culpa que sienten las escritoras sobre los momentos de placer está influida por el machismo?

R: Por supuesto, hay dos fragmentos en el libro que son de Juan Ramón Jiménez hablando sobre placeres y Zenobia Camprubí, su esposa, hablando sobre placeres. Juan Ramón Jiménez apunta que él vive cada día bellos placeres, que escucha música, mira pintura, lee, pasea, disfruta de la naturaleza, ama a una mujer. Lo cuenta desde la seguridad. En ningún momento siente que tiene que pedir perdón o que justificarse por pasar buenos ratos.

En el otro lado hay un fragmento de Zenobia Camprubí que está en una carta a una amiga en la que dice: “Me acuerdo hace muchos años en un viaje a Marruecos y yo estaba sola en la habitación de hotel. Yo veía el sol a través de las cortinas y siento que fue un momento egoísta, pero que fue muy bello”. Es decir, está hablando de un rato que ocurrió hace años. Un recuerdo remoto en el que una vez estuvo sola, sin tener que estar cuidando de su esposo, de su vida en común.

Esa diferencia habla por sí sola de lo que han sido las diferencias respecto al placer y a la autosatisfacción de nuestra cultura de género, de lo que ha sido la masculinidad entendida hegemónicamente y lo que ha sido la feminidad.

María Folguera y Elena Fortún

P: Elena Fortún está muy presente en este libro. ¿Tampoco se conocen muchos buenos ratos de ella?

R: Ella sigue siendo una autora de éxito que ocultó muchos secretos, que deja novelas para adultos escondidas que se leen póstumamente. Yo investigué mucho sobre ella para dos espectáculos que dirigí para el Centro Dramático Nacional y eso me ha permitido darle más presencia en el libro comparado con otras.

Y no, a la autora de la enciclopedia le cuesta mucho encontrar testimonios de buenos ratos. Las cartas de Elena Fortún y Carmen Laforet son muy duras. El gran placer que tienen es recomendarse lecturas y enviarse revistas. Pero ellas hablan de cómo han castrado su deseo, la imagen es muy dura. «El deseo da frutos venenosos y hay que podar las ramas», eso lo dice Carmen Laforet y Elena Fortun le dice “me ha gustado mucho eso que has dicho de que hay que podar el deseo. Yo no lo hice en mi juventud y lo he pagado y me arrepiento mucho”. Ellas están compartiendo sus confidencias en los años 40, una época de mucha represión interna y externa.

Las investigadoras de Elena Fortún están haciendo un gran trabajo en rastrear esos pequeños placeres. Pero hay que buscarlos y es una investigación rigurosa. Hoy hay mucho trabajo todavía que hacer en esta reflexión.