Folguera placer

María Folguera: La feminidad debe dar placer, no dolor

Jose Oliva | Barcelona - 28 septiembre, 2021

La escritora y dramaturga María Folguera publica «Hermana (Placer)», una novela que se centra en la búsqueda de referentes femeninos y en la presentación de la feminidad «como placer y no como algo doloroso».

Así, en «Hermana (Placer)» (Alianza Editorial) Folguera narra la historia de una amistad de diez años (de los 26 a los 36), en los que, mientras la protagonista vive en la casa familiar y tiene una hija, su amiga es cantante, actriz y lleva una vida desatada.

Al mismo tiempo, la narradora del libro escribe la «Enciclopedia de los Buenos Ratos de las Escritoras», una obra que habla del placer, sobre todo aquello que callaron algunas escritoras que ella admira: Elena Fortún, Rosa Chacel, Matilde Ras, Carmen Laforet, María Lejárraga o Teresa de Jesús.

El canon literario femenino, un relato de martirio

De ese canon incompleto que Folguera traza, Elvira Lindo es la única viva: «Quería incluirla porque desde mi punto de vista es la primera en hablar de la mujer explicítamente, en escribir sin complejos, abordar el humor, practicar distintos géneros, preocuparse por la estética».

Como la protagonista, Folguera piensa que «el canon de escritoras se ha construido, a nivel biográfico, siempre como un relato de martirio, de dolor, de fracaso».

Recuerda la autora que cuando ella tenía 20 años y estudiaba literatura o teatro, «todos los referentes de escritoras me eran presentados en sus historias personales y vistas desde un punto de vista de dolor y de fracaso», y ahí están los ejemplos de suicidio de Virginia Woolf o Sylvia Plath.

«En el canon anglosajón es protagonista absoluta la locura, el encierro, mientras que para los escritores masculinos eso mismo es visto como un aislamiento voluntario o un rasgo de su personalidad», destaca Folguera.

Escritoras solitarias, aisladas y malditas

Haber construido una trama con autoras españolas que tuvieron vínculos entre ellas era importante para Folguera, porque «el canon de escritoras se ha construido desde la soledad o la mitología de la escritora como ser aislado o excepcional, adelantada a su tiempo, pero nunca se cuenta el trabajo ni de genealogía evidentemente ni de colectivo».

Frente a esa literatura de amistad que Folguera reivindica para las mujeres escritoras, «en los escritores, en cambio, siempre se remarca el papel del amigo, el arquetipo del amigo del héroe».

En este sentido, añade que en los manuales de literatura «los escritores son presentados en foto de grupo, en tertulias, en cafés, en movimiento, en generaciones, mientras que la escritora es una especie de ser aislado, solitario y eso favorece una especie de idealización de la maldición».

Sobre la autoficción, que la autora reconoce en su novela, Folguera la considera normal, que se practique y que se lea, «porque estamos en un momento de redes sociales, de mucha exposición y de mucha exhibición también, pues una cosa es exhibir tu vida privada y otra es exponer tu intimidad, tus contradicciones en busca de respuestas, que va más allá del narcisismo».