Fotografía de Sandra Leticia Hernández. EFE/Rodrigo Sura
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Machismo y homofobia en el régimen de excepción de El Salvador
Heydi es una de las miles de mujeres detenidas en el contexto del régimen de excepción en El Salvador, impuesto por el presidente Nayib Bukele, con el supuesto objetivo de acabar con la violencia de las pandillas. "Es muy duro", responde Sandra Hernández, pareja de esta detenida, cuando se le pregunta por la situación.
Sandra denuncia que están siendo víctimas del machismo y la homofobia que impera en su país, pues afirma no tener ningún vínculo con las pandillas, las que, por contra, siempre han perseguido a las personas homosexuales, es decir, a personas como Sandra y Heydi.
La pareja vivía desde hace cuatro años en la isla El Espíritu Santo, un recóndito lugar al que solo se puede acceder en transporte marítimo y donde habitan aproximadamente 460 familias.
El régimen de excepción en islas recónditas
Esta isla, también conocida como El Jobal, se ubica en la bahía de Jiquilisco, en el departamento de Usulután, a más de 105 kilómetros de la capital San Salvador y donde "nunca" hubo presencia de pandillas, ni delincuencia ni asesinatos, asegura en una entrevista a EFE Sandra, de 43 años.
El que sí llegó a la isla fue el régimen de excepción impuesto por Bukele. Hasta ahora han sido detenidas 27 personas allí, afirma, la mayoría acusadas de pertenecer o colaborar con pandillas y denunciadas muchas de ellas a través de llamadas anónimas.
El régimen de excepción, implementado desde marzo de 2022 para combatir a las 'maras' o pandillas, y por el que se suspenden algunas garantías constitucionales, permite denunciar bajo anonimato sin que se tengan pruebas concretas.
Así más de 80.000 personas han sido detenidas bajo esta media, y según datos de la organización no gubernamental Cristosal, aproximadamente un 15 % de ellas son mujeres.
Denunciadas por personas anónimas
A Sandra y a su pareja, originaria del occidental departamento de Santa Ana, las detuvieron luego de que "dos personas (hombres) fueron (a la policía) a ponerlas en mal, por la envidia que nos tienen", dice.
"No es que estemos en contra del régimen, pero que sea para las personas que sí realmente son (pandilleros)", agrega, al asegurar que "lo que sucede en la comunidad es que hay envidia (...), se llevaron a gente solo porque alguien llamó de forma anónima porque le caía mal".
Sandra trabaja en el traslado de personas desde un pequeño embarcadero en la entrada de la isla hasta la comunidad. Transformó una motocicleta para adaptarle una parrilla con un techo improvisado y dos asientos para la comodidad de sus clientes, que son muchos, asegura.
Heydi ganaba un par de dólares en un puesto de venta de golosinas, café, agua y bebidas carbonatadas.
Sandra fue liberada un mes después de su detención en el Centro Penal de Apanteos, en Santa Ana, porque la tenían que operar, pero su compañera permanece en la cárcel.
"Prácticamente nos destruyeron la vida", dice.
Contra el machismo y la homofobia
Sandra, quien abiertamente y sin temor declara ser lesbiana, lucha en su comunidad contra el machismo y reconoce que "estar con otra mujer no está bien visto" en la sociedad en la que viven.
"Acá en la comunidad soy la única mujer que está con otra mujer y ante la sociedad se ve mal, hay discriminación (...). Estamos acostumbrados a odiar a las personas por ser diferentes en su preferencia sexual", reflexiona.
"Yo he luchado contra la sociedad por estar con otra (persona) de mi misma preferencia sexual, pero no le hago daño a nadie por ser como soy", añade.
En su comunidad, a Sandra la conocen como México o Mexicana porque de pequeña su madre la llevó a vivir a ese país pero ella regreso junto a su abuela y su tío.
Expulsada de su casa por ser lesbiana
Tuvo dos hijos, pero reconoce que desde muy pequeña sabía que era lesbiana. El primero de sus hijos, cuando tenía 13 años, reveló a la familia que a su madre le gustaban las mujeres y, entonces, la echaron de la casa.
Se fue a San Salvador pero años después volvió a su isla, donde se dedica a un trabajo dominado por los hombres, mientras aguarda a Heydi para volver a estar juntas.
Sandra relata que "fue muy duro" estar en el penal: "nos medían el agua, había que hacer turnos para bañarse o usar el servicio".
Y, sobre todo, teme por Heydi porque en el sector del penal en el que ella estuvo había entre 400 y 500 detenidas.
"Dormíamos entre 240 y 250 en una celda [...], ahí cualquiera se deprime".
"Le pido a Dios que le dé la libertad porque él es el único. Lastimosamente con tantas personas capturadas no a todas les dan seguimiento, no les hacen una audiencia (...) solamente a esperar la voluntad de Dios", lamenta.