Listas, guapas, limpias

La periodista Anna Pachecho junto a la portada de su novela debut 'Listas, guapas, limpias'.

‘Listas, guapas, limpias’, las sombras de la generación «millennial»

Laura de Grado | Madrid - 10 octubre, 2019

Bajo el título de ‘Listas, guapas, limpias’ (Caballo de Troya) se esconde una frase que a las chicas de la generación de la periodista Anna Pacheco (Barcelona, 1991) les suena mucho porque sus abuelas les han repetido continuamente «esa idea aspiracional de que si eres lista, guapa y limpia tienes todo hecho, tienes el camino resuelto».

Y eso es lo que ha querido plasmar Pacheco en su primera novela, en la que a través de una joven veinteañera, llena de dudas, inseguridades y frustraciones generadas, entre otras cosas, por tener que dar el salto del barrio a la universidad, presenta el imaginario común de una generación cuyas vidas han sido «atravesadas por la clase social y el patriarcado», sin ser apenas conscientes de ello.

«El libro es una deconstrucción de todo esto: que ni lista, ni guapa, ni limpia, sino que había más trabas en el camino de lo pensado, y que al final existía una cuestión de clase que quedaba invisibilizada», asegura en una entrevista a Efeminista la periodista, que ha escrito este libro tras quedarse en paro como consecuencia de un ERE en el medio digital en el que trabajaba, Playground. El libro, que acaba de salir a la calle, se ha convertido ya en un éxito y va por la tercera edición, según los editores. 

Una generación que creía poder tenerlo todo

La narración encierra una ácida crítica al «mito de la clase media» y las consecuencias que ha traído para toda una generación como la suya, (la «millennial»), que en muchos casos ha sido la primera en acceder a la universidad, que ha mirado con condescendencia al barrio y que ha creído que tenía las mismas oportunidades, cuando no era así, argumenta Pacheco.

«El ascenso social está dañado,  la familia en la que naces es aun determinante»

«Es algo de nuestra generación, se han esforzado mucho en hablarnos del fin de las clases, y yo creo que se ha destruido la idea de clase obrera, la idea de clase trabajadora. Es lo que le pasa a la protagonista, que ella no sabe a la clase que pertenece, ni el poder político que tiene el reconocerse en ella», subraya  la escritora, quien considera que «el ascenso social está dañado» y «la familia en la que naces es aún determinante». 

Y para dar argumento a su idea, Pacheco sitúa a la protagonista en un verano de cambios, y narra su paso hacia la vida adulta, donde abandona el barrio para ir a la universidad y con ella, al conocimiento de nuevas amistades y amores.

Cómo aflora la conciencia de clase en una joven de familia obrera

En la universidad se encuentra con con una élite cultural, a la que ella no pertenece, un contraste entre dos mundos que desembocan en la desubicación y la incomodidad de la veinteañera. Así, para la autora, uno de los conflictos centrales de la joven protagonista se sitúa en «el capital cultural, el darse cuenta de que todos sus esquemas de obrar y de sentir asociados a su clase social no corresponden a los de esa otra». 

 «Me interesaba situarlo todo en un momento previo a la conciencia feminista y a la conciencia de clase», revela Pacheco, que con su narración ayuda a entender cómo aflora la conciencia de clase en una joven de familia obrera.

Una novela con tintes costumbristas que bebe de autoras de la talla de Elena FerranteVivian Gornick o Joan Didion para retratar la cotidianidad de un barrio del extrarradio de Barcelona donde pesa más la «política doméstica» que la «política de la Academia». Algo que la periodista ha querido poner en valor en sus páginas y que se vislumbra en cada conversación que la joven tiene con las mujeres que la rodean.

La abuela, nexo de unión entre generaciones de mujeres

De este modo, los personajes femeninos -la abuela, la madre y la protagonista- conducen la historia a través de relatos y experiencias personales, evidenciando un paralelismo entre las tres mujeres de la casa a pesar de pertenecer a diferentes generaciones y a diferentes contextos históricos.

En concreto, la figura de la abuela, inspirada en la de la propia Pacheco, y sus duros testimonios sobre las relaciones sexuales, sirven a la protagonista para reencontrarse con una figura a la que hasta el momento no había puesto en valor. «Es el punto de unión, a través de esa frustración o descontento de las mujeres manteniendo relaciones sexuales insatisfactorias durante siglos», añade la escritora.

Una fórmula – la de recurrir a «elementos del imaginario común» y de su «genealogía familiar»- que ha hecho del libro un diario generacional en el que muchas jóvenes se han visto identificadas, según reconoce la periodista a raíz de los mensajes recibidos por las lectoras.