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Caroline Criado-Pérez, escritora británica de origen argentino durante una entrevista con Efe con motivo de la publicación de su libro "La mujer invisible". / Claudia Böesser

«La mujer invisible» urge a incluir a las mujeres en el Big Data

Judith Mora | Londres - 24 enero, 2020

Tiritar de frío en la oficina porque la temperatura se ajusta al termostato masculino o que tu vida peligre en un accidente de coche porque los test de seguridad se basan en las medidas del hombre son algunas de las consecuencias para las mujeres que se derivan de tomar al varón como referente de la raza humana y no recabar datos de ellas.

Este sesgo ha creado tal ausencia de datos sobre el género femenino que el relato sobre la historia de las mujeres es el resultado de una cronología sobre ausencias, que no solo llega a discriminar a la mujer sino que pone en peligro su vida.

Esta es la tesis del libro «La mujer invisible» (Seix Barral), donde la autora británica de origen argentino Caroline Criado-Pérez demuestra cómo este sesgo masculino ignora las necesidades del 50 % de la población y perjudica «a toda la sociedad».

En una entrevista con Efe, la escritora, éxito de ventas en el Reino Unido y conocida por campañas feministas como la que puso el rostro de una mujer en los billetes británicos (aparte de la reina), insta a «actuar ya» para revertir esta desigualdad que puede tener «consecuencias impensables» en la sociedad informatizada y del Big Data que depende cada vez más de los datos.

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«La mujer invisible», libro de la escritora británica de origen argentino Caroline Criado-Pérez. Claudia Böesser

Brecha de datos de género

Pregunta.- En su ensayo, identifica tres áreas donde la brecha de datos de género incide más en la vida de las mujeres: el cuerpo femenino, el trabajo de cuidados no remunerado y la violencia machista.

Respuesta.- La del cuerpo es obvia: las mujeres tienen cuerpos diferentes de los hombres, y si has diseñado la mayor parte del mundo, desde los cinturones de seguridad, los fármacos, los móviles o los chalecos antibalas, para un cuerpo y metabolismo masculinos, es claro que será deficiente para ellas, e incluso pone en riesgo su vida.

Además, hacen el 75 % del trabajo no remunerado del mundo (cuidados infantiles y de mayores, tareas domésticas), clave para que el sistema funcione, y, sin embargo, esto no se tiene en cuenta al planear áreas críticas como servicios públicos, la red de transporte urbano o el lugar de trabajo. Los Gobiernos toman medidas para la sociedad sin conocer las necesidades de la mitad de ella.

Por último, todas las mujeres se ven afectadas por la amenaza de la violencia masculina, en público y en privado. Pero, por ejemplo, se ha avanzado más en prevenir un ataque terrorista en el metro que en evitar el acoso sexual, pese a que es mucho más probable que una mujer sea agredida allí a que cualquiera sufra un atentado.

Lenguaje inclusivo

P.- Critica que, incluso en los estudios científicos, las mujeres se perciben como una minoría, una anomalía dentro de un visión del mundo que prima «al hombre por defecto» (como diría Simone de Beauvoir).

R.- No somos una minoría, ¡de hecho, somos mayoría! La representación de las mujeres como una cosa rara es el núcleo del problema del sesgo masculino. Sin ir más lejos, en ciencia no se estudian animales hembras porque se los ve ‘más complejos’ por la menstruación (que tiene un 50 % de la humanidad).

P.- ¿Sería partidaria de eliminar el masculino genérico de idiomas como el español, que utilizan el género masculino para aludir a todas las personas?

R.- ¡Sí! Numerosos estudios demuestran que ese uso no es neutro y perpetúa el sesgo del «hombre por defecto». El lenguaje determina cómo pensamos y de este modo vemos primero al hombre. Las academias yerran cuando dicen que ha de mantenerse en aras de la claridad. Debe cambiarse. ¡Yo propongo que durante cien años se emplee el femenino como genérico! Eso nos haría reflexionar.

Peligros en un futuro sin datos femeninos

«Me parece muy grave que no se recabe información femenina en la investigación médica»

P.- ¿Qué es lo que más le sorprendió al analizar el impacto de la brecha de datos en la vida de las mujeres?

R.- Me parece muy grave que no se recabe información femenina en la investigación médica: ni los propios médicos saben identificar los síntomas de infarto en las mujeres, que son distintos de los de los varones. Los fármacos se prueban en ellos, el aire en las oficinas se calcula a su temperatura y en los lavabos de mujeres hay filas porque no se adaptan a nuestras necesidades.

Y lo peligroso ahora es que, en un mundo cada vez más informatizado y con el desarrollo de la inteligencia artificial, se recolectan cantidad de macrodatos para algoritmos y, si estos están sesgados, tendrá consecuencias impensables para la sociedad.

«Se me han acercado muchas personas, científicos, políticos, para ver cómo pueden reducir la brecha y mejorar las cosas»

P.- ¿Qué impide que la mujer sea más visible? ¿Cree que el hombre es reacio a ceder su poder y hegemonía?

R.- Pienso que el problema es una falta de concienciación. Nadie nota lo que se considera normal (el hombre por defecto). Una de las cosas buenas que me han sucedido tras publicar este libro es que se me han acercado muchas personas, científicos, políticos, para ver cómo pueden reducir la brecha y mejorar las cosas.