LGTBI

Noemí Díaz (d), vicecoordinadora de la primera red educativa de apoyo LGBTIQ+ de España, durante la entrevista concedida a Efe en la que ha hablado sobre su vida tras confesar su orientación sexual; su hija Sabela, nacida el 8 de marzo de 2021, Día de la Mujer, y su pareja Marta Fernández (i), creadora de LesWorking, red profesional internacional de lesbianas, entre otros. EFE/Cabalar

Noemí y Marta: del rechazo social a una “onda expansiva” LGBTI

Ana Martínez | EFE A Coruña - 30 junio, 2021

Noemí Díaz y Marta Fernández vivieron una juventud “armarizada” por la presión social escolar y laboral y marcada por la falta de referentes, ahora comparten el activismo LGTBI desde sus diferentes profesiones: Noemí como vicecoordinadora de la primera red educativa nacional de apoyo LGBTIQ+ y Marta, su pareja, desde “LesWorking”, la red profesional internacional de lesbianas que puso en marcha.

Noemí: volver a los orígenes para visibilizarse

Noemí es de Lugo. Hoy tiene 43 años. A los 15 se enamoró y lo confesó. “Lo dije inocentemente”, cuenta a Efe en su apartamento de alquiler de A Coruña, donde vive con Marta, su pareja, y Sabela, su hija. Sufrió burlas, incluso de alumnos de otros institutos. Eso le hizo vivir “armarizada” durante una década más a ojos de su familia.

El estrés provocó que repitiese curso. Más tarde se fue de Erasmus a Valencia y a Florencia. Cuando ‘confesó’ en casa, su madre, enfermera, y con una compañera doctora con la misma orientación sexual que su hija, lo último que quería era que sufriese. Llegó a mostrar su conformidad con que viviese en una gran ciudad, donde nadie la conociese.

Pero aquella joven reside en su tierra y es en la actualidad “profesora lesbiana visible” de Biología y Geología en el IES Plurilingüe Eusebio da Guarda, en A Coruña.

Mientras trabajó en la privada, pues es ingeniera de formación, mantuvo el incómodo silencio. “No quería ser la comidilla. Ni escuchar que las lesbianas miran mal o que odian a los hombres”.

No temía ser despedida, pero sí sabe de casos de burlas, de penalizaciones para promocionar y de pánico a ser degradadas. Y eso podía haberle sucedido.

Con la oposición aprobada, ya en la pública y con un puesto que le daba seguridad, nunca más se calló y pasó a ser la referente que ella no tuvo. “Queriéndolo o no, te conviertes en eso. Por la necesidad de naturalizar”.

Ganadora del “Reconocimiento Arcoíris”

Su asociación, la Rede Educativa Apoio LGBTIQ+ de Galicia, recibe este lunes uno de los primeros «Reconocimientos Arcoíris» del Ministerio de Igualdad, que este Día Internacional del Orgullo quiere distinguir a personas y entidades destacadas en el apoyo y la defensa de los derechos de estos colectivos.

Irá al acto Ana Ojea, la coordinadora, docente en el IES Politécnico de Vigo. No son solamente ellas dos, lógicamente: hay 80 educadores que trabajan la diversidad sexual, de identidad de género y familiar, así como la educación sexual en las aulas; y seis decenas de centros colaboradores.

Entre ellos se apoyan, se “refuerzan” y tienen claro que “lo que no se nombra no existe”.

LGBTIQ+ incluye a lesbianas, gais, bisexuales, transgénero y transexuales, intersexuales y ‘queer’, mientras que el más está dedicado a otros colectivos no representados.

Marta: activismo LGTBI desde la empresa privada

Noemí no es hija única, sus padres tuvieron dos hijos. También los de Marta, que, junto a Noemí, sueña con dar un hermano a Sabela, su hija -nacida el 8 de marzo de 2021, Día Internacional de la Mujer.

Marta, ejecutiva, poseedora de un MBA, es compostelana, de la quinta del 80. Con sus padres habló con franqueza en 2010. No siempre supo que su sueño incluía una mujer y una hija.

Al sincerarse, prefería tener que trasladar que padecía una enfermedad terminal… todo antes de posicionarse como realmente era. Tampoco ella tenía referentes.

Ninguna tiene problemas con su entorno cercano; muy al contrario. Marta escribió el libro “Lesbianas, así somos”, es codirectora de Redi, la red empresarial por la diversidad e inclusión LGBTI en España, y es la CEO de LesWorking, un grupo de presión, muy alejado de un gueto, para empresarias y trabajadoras por cuenta ajena.

Marta sabe mucho de la privada, de lo que cuenta su mujer, y de lo que la inquietaba en esa etapa.

“Queremos una onda expansiva”

Noemí, que en su dúplex habla de todo con una reconfortante calma, está ahora en otra esfera, en la que vivió de cerca el caso de un alumno, trans, que durante un año estuvo detallando cómo había sido su transición.

Orgullosa de que ese chico se haya “visibilizado”, muestra una enorme satisfacción además por la asistencia masiva a las charlas y actividades, algo fundamental para la empatía, pues tanto importan los casos propios como escuchar los de terceros.

En sus clases están al tanto de su cotidianidad y saben que, junto a Marta, anhela una sociedad “libre” en la que no sea discriminada por nada. “Queremos una onda expansiva”, subraya Noemí. Si, al igual que ha ocurrido en Galicia con su agrupación “conseguimos que se movilicen en otras comunidades autónomas, pues genial”.

No son los centros los que se adhieren, son los profesionales educativos. Y a ellos se dirige: “Dando el paso de hacerse visible, se vive muchísimo mejor, con mucha más libertad”.

En su centro, de cien docentes, solamente dos se han declarado lesbianas, una de ellas ella misma.

Noemí, con su mirada limpia, anima también “al profesorado hetero-aliado a que trabaje por la diversidad”, a sumarse a la causa. “Para luchar contra el racismo no es necesario ser una persona racializada. Pues esto es lo mismo”.

“Queda muchísimo por hacer”, se despide, pues todavía se suceden los “insultos, las mofas y se sigue haciendo el vacío”. De ahí la importancia de los “espacios seguros”, como el sofá del que disfruta Sabela, bien arropada por sus dos activistas “mamás”.