Salud mental teletrabajo

SCL01. SANTIAGO (CHILE), 22/03/2021.- Fotografía de archivo fechada el 7 de abril de 2020 que muestra a una mujer mientras trabaja desde su casa en Santiago (Chile). EFE/ Alberto Valdés Gómez

Las empresas peruanas alertan de las consecuencias del teletrabajo para la salud mental

Álvaro Mellizo | Lima - 29 marzo, 2021

El paso de la oficina al teletrabajo ha generado nuevas amenazas para la salud mental y el estrés de empresas y empleados durante la pandemia en Perú. Las mujeres son las más afectadas, al recaer sobre ellas la mayor parte del trabajo doméstico.

«El trabajo remoto ha funcionado. Las empresas mantienen negocios, pero se ha pasado por muchas etapas, desde un inicio en el que todos estaban aturdidos, a darse cuenta de la necesidad de tener flexibilidad y ahora de ver el tema de la salud mental«, indica a Efe Akio Murakami, gerente central de Salud y Beneficios de Marsh Perú, empresa dedicada al análisis y gestión de riesgos laborales.

Tras un primer enfoque práctico para trasladar infraestructuras que habilitaran el teletrabajo, han descubierto «que los temas de salud mental han sido claves», pues se ha visto el «desbalance entre la vida familiar y la laboral», que ha forzado a las compañías a «identificar temas de estrés y ansiedad», explica el experto.

Amor y odio

Los problemas mentales de esta modalidad laboral se deben a la relación «amor-odio» que suscita.

«Es algo mixto, pues permite estar en casa, en cercanía con los hijos, y eso se valora, pero también está la carga horaria, las ocho horas a cumplir, con los compromisos de ser tutor, maestro y luego las tareas domésticas, que afectan sin posibilidad de distensión. Por eso algo positivo y buscado resulta con un mayor impacto en la salud mental», añade Murakami.

Afrontar esta problemática ha sido central para Konecta Perú, una empresa de servicios profesionales cuyo personal está formado por más de 13.000 personas, mujeres en su gran mayoría y 1.715 de ellas madres solteras.

«Las mujeres reportan haber vivido la pandemia con mayor intensidad, estrés, ansiedad y depresión. Partiendo de nuestra realidad, con un 62 % de mujeres en plantilla y con todas las labores que se realizan en teletrabajo, es evidente que hay que abordar esta problemática de la salud mental», indica a Efe Analia Alám, directora de gestión humana en Konecta Perú.

Corresponsabilidad y compañía en pro de la salud mental y del teletrabajo

La empresa aborda el tema desde dos ejes, uno de ellos «muy explícito» que pasa por decirles a sus colaboradoras que las tareas del hogar «deben ser compartidas».

«Efectivamente, les decimos ¡ojo!, que no se tienen que hacer cargo de todo. La corresponsabilidad es algo que siempre abordamos y sensibilizamos al respecto, para subrayar la necesidad de equilibrar las tareas», indica Alám.

La empresa también ha creado una consejería de apoyo emocional para que, más allá de la crisis sanitaria, atienda problemas por la responsabilidad familiar y teletrabajo.

«No es solo para dar apoyo emocional, sino que entendemos que claramente cualquier afectación emocional tendría efectos en el desempeño y rendimiento de cada una de nuestras labores«, añade Alám.

Más allá de la conciliación, la empresa también ha encontrado una fuente de tensión emocional en la ausencia de contactos interpersonales entre el personal, lo que he obligado a apostar por un «liderazgo humano, cercano y digital».

«Desde la CEO hacia abajo comenzamos a conversar, con mandos medios y con empleados. La comunicación no debía ser solo de negocio y rentabilidad, sino de temas sociales. Así creamos una aplicación para el móvil, Club Konecta», explica la experta.

Caos y orden

Para las trabajadoras en remoto, la situación encaja en este modelo y han pasado de unos primeros momentos «difíciles» a una adaptación al trabajo y a la nueva vida familiar.

Alejandra Resurrección, contadora de 30 años, reconoce que se pudo adaptar bien con la conciencia de que al no tener hijos «no se le complicó la situación» y pudo disfrutar de la compañía familiar de su madre y su hermana, ya adulta.

También lamenta la falta de socialización que ha implicado el teletrabajo, si bien apuntaba que «es más bien culpa de la pandemia, no de la modalidad. Cuando podamos movernos libremente, y aunque sigamos en trabajo remoto, nos organizaríamos nuevamente para encontrarnos en persona».

«Creo que todas las empresas con visión a futuro deberían brindar mejor clima y comodidades a sus colaboradores. Eso va a permitir que el teletrabajo quede», cuenta.

El trabajo remoto ha llegado para quedarse

Por su parte, Carolina Cabezas, supervisora de operaciones de 34 años y con dos hijos, ha indicado que su tránsito por el trabajo remoto ha pasado de ser «caótico» a una «gran ventaja» que le ha permitido «optimizar mejor sus tiempos».

Sin embargo, también tiene conciencia de que, sin contactos interpersonales, todos «se han vuelto más fríos». «Se rompieron lazos. Nos cuesta adaptarnos a esto. Ahora para conversar de cosas livianas, llamo por temas de trabajo y así poder hablar un ratito, mejor que en una teleconferencia, pues por teléfono se fluye un poco más. Se está intentado rescatar, pero falta aún», explica.

Para ambas, en cualquier caso, el trabajo remoto ha llegado para quedarse, al igual que para Alám y Murakami, con adaptaciones.

«Si nos ceñimos a como está ahora, no es sostenible. No hay colegios en Perú y los niños están en casa, y eso no lo hace viable, pero con escuela y horarios fijos, que quitan carga, será sin duda muy atractivo particularmente para las mujeres«, relata el analista de salud laboral.

En el medio plazo, todos coinciden también en que las empresas no van a cerrar completamente sus oficinas, pues seguirá haciendo falta una «nave nodriza» a la que regresar como punto de conexión dos o tres veces por semana.

«Esa flexibilidad horaria y de lugar de trabajo, no rígida, sin la presión doméstica, es la que es bien valorada por la mujer», concluye Murakami.