Las jóvenes feministas fomentan la diversidad dentro del movimiento

Violeta Molina Gallardo | EFE - 5 abril, 2021

La llegada de nuevas generaciones de jóvenes feministas al movimiento ha constatado la diversidad dentro de la lucha por la igualdad. EFE ha entrevistado a cuatro activistas de entre 16 y 24 años que representan la variedad de pareceres unidos por un objetivo común.

Los principales debates dentro del feminismo son la prostitución, el género y la aceptación como propias de otras luchas como el anticapitalismo, el ecologismo, el antirracismo y del colectivo LGTBI.

Según las generaciones más jóvenes de feministas, son diferencias que en lugar de separar, enriquecen al movimiento. El objetivo es común, pero los caminos y aliados varían. «El feminismo es un movimiento que junta a las mujeres. En todas las luchas hay distintas posiciones. Eso no va a hacer que el movimiento vaya para atrás, (…) sino que lo va a enriquecer», explicaba Elena Sanz, estudiante de Bachillerato de 16 años.

Elena Sanz,16: “lo urgente es erradicar las violencias machistas”

Sanz, estudiante de Bachillerato, defiende un feminismo radical, obrero, anticapitalista y contra la prostitución. Una lucha en la que están incluidas las mujeres trans y que cuenta con los hombres como aliados.

Aunque se siente menos reflejada en la corriente del feminismo liberal, asegura que siempre luchará por las que considera sus «compañeras», aunque no esté de acuerdo con ellas.

A su juicio, lo más urgente es erradicar las violencias machistas -que son «la punta del iceberg del patriarcado»-, pero enfatiza la relevancia de la educación para cambiar un sistema siempre discriminatorio con las mujeres.

Sanz, que colabora con el Sindicato de Estudiantes en acciones feministas de concienciación, vive el feminismo como «una forma de vida y narra que una vez «abrió los ojos» y se dio cuenta de lo interiorizada que está la discriminación de la mujer no hubo vuelta atrás: «Creo en mis derechos y en la libertad de reivindicarlos. Todas las mujeres que conozco tienen cerca algún caso de abuso y maltrato y ves que algo falla».

Paula Garea, 23. «No puede ser el cajón de sastre de todas las luchas»

Paula Garea, opositora de 23 años, recuerda que siempre ha habido debates en el seno del feminismo y que surgirán otros nuevos, si bien aboga por «rebajar un poco los niveles de agresividad y enfado» y por huir de calificativos que rebajen y deshumanicen las discusiones.

Garea integra la corriente del feminismo radical que exige la abolición de la prostitución, de los vientres de alquiler y del género y considera a la mujer único sujeto político del movimiento, que «no puede ser el cajón de sastre en el que entren todas las luchas porque tiene como objetivo liberar a las mujeres».

Lamenta la polémica generada en torno a la ley trans, ya que afecta a un colectivo de «personas vulnerables que necesitan una solución», pero pide «seguridad jurídica para las mujeres» y achaca los desencuentros a que «hay muchos grupos interesados presionando».

Además, muestra su malestar porque, a pesar de que el feminismo está más fuerte que nunca y que gobierna un Ejecutivo que se define como feminista, es «desesperanzador» que en un año no se haya avanzado en materia de igualdad, máxime en un tiempo en que la pandemia ha afectado con dureza a las mujeres: «Siempre estamos relegadas, si no es por el coronavirus es por otra crisis, siempre hay algo», denuncia.

Laura de Grado, 24. «El feminismo debe ser anticapitalista, antirracista y, por supuesto, transinclusivo»

“Mientras se pelean los socios del Gobierno, las mujeres siguen siendo violadas, las trans continúan siendo agredidas, no entiendo esta pérdida de tiempo. Los discursos que parecían transformadores no se han traducido en mejoras prácticas, es lo de siempre, peleas de poder», enfatiza Laura de Grado, periodista de 24 años.

A su juicio, las jóvenes feministas sienten desilusión y hastío con respecto a la política y una pérdida de confianza en las instituciones: «Las únicas opciones transformadoras que tenemos es salir a la calle a exigirlas». Llama la atención sobre la importancia del «feminismo de baño de discoteca» -chicas que toman conciencia de los abusos sufridos hablando con sus amigas al respecto en contextos de ocio-, defiende un feminismo transinclusivo -que integre al colectivo trans-, que luche por el ecologismo, que tenga en cuenta la discapacidad y pelee contra el racismo, el capitalismo, la precariedad, el maltrato a los migrantes.

Aunque cercana a posturas abolicionistas, cree imprescindible sentarse a escuchar a las jóvenes feministas regulacionistas.

Laura Curiel, 19. “Un feminismo sin odio”

A Laura Curiel, opositora de 19 años y miembro de la Comisión 8M, le parece bien que quien quiera ejercer la prostitución libremente pueda hacerlo, pero incide en que hay que castigar la trata y la explotación sexual.

Partidaria de un movimiento transinclusivo que trabaje contra las dobles discriminaciones que padecen las personas migrantes, asegura militar en un «feminismo fuera de odio» que se niega a excluir a nadie, en un feminismo «que abraza otras luchas para buscar una igualdad global para la sociedad».

«El feminismo es progreso y combate las desigualdades. Yo prefiero un feminismo donde no haya odio ni discriminación para que alcancemos la igualdad. Discriminar a otros colectivos no tendría sentido», reflexiona.
Curiel está orgullosa de que la juventud española sea cada vez más feminista: «Aportamos fuerza y esperanza porque venimos para conseguir la igualdad, algo que intentaron nuestras madres y abuelas a lo largo de los siglos. Debemos ser voz de un movimiento fuerte que esté unido al presente y al futuro de nuestro país», concluye.