trans

Eric Gómez de 18 años (i) posa con su madre Natalia Gómez (d). A los 16 descubrió su identidad y hoy es un "casi adulto" trans. Su abuela, su tía, su madre y él se tatuaron un atrapasueños como símbolo de unidad. Este verano celebran, aunque "no cumpla con todos los objetivos", el anteproyecto de ley para la igualdad real y efectiva. EFE/Xoán Rey

Joven trans: «Lo difícil es poner nombre a lo que te pasa y dar con referentes»

Ana Martínez | Ames (A Coruña) - 5 julio, 2021

Eric Gómez descubrió que era un chico cuando cumplió los 16, ahora, es un joven trans «casi adulto» de 18 años.

«Notas siempre que algo es diferente. Pero lo difícil es poner nombre a lo que te pasa y dar con referentes. Yo encontré la palabra: trans», asegura.

Recurrió a las redes para aclararse y, en una conversación con Efe, rememora aquella etapa: «Miré todos los vídeos de YouTube para estar bien seguro de lo que me ocurría. No sabes qué es hasta que ves que a alguien le pasa lo mismo que a ti. En septiembre u octubre se lo conté a mi madre».

Aquella chiquilla, de aspecto físico, explicó a su madre, Natalia, que no tenía enfado alguno con la adolescencia, pero que era «un chico».

Ley trans

Ahora, ambos, y de nuevo en época estival, celebran, aunque el texto «no cumpla con todos los objetivos», que el Gobierno haya dado luz verde a la futura ley trans que permitirá a los mayores de 14 años cambiar de sexo con un trámite administrativo, sin pruebas ni testigos, y que acaba con los informes sanitarios y la necesidad de tutelas médicas y legales.

Eric, con «c» porque la «k» le gustaba menos, quiso cambiar cuando todavía no había alcanzado la mayoría de edad de nombre y sexo en el documento nacional de identidad.

Empezaron pidiendo la modificación de ambas cuestiones, pero para la segunda tenía que pasar un año, hasta la cita con el forense, el encargado de hacer una serie de preguntas para corroborar el caso.

Doce meses, cuando algo se tiene tan claro, puede ser «muchísimo», apunta Eric. «Modificamos los papeles y pusimos que solo cambiaríamos el nombre. Y eso tardó unos meses». Ver «Eric» en el DNI le supuso un alivio. No oculta su nombre anterior, de hecho en varias estancias de su casa en el núcleo de Milladoiro, en el ayuntamiento de Ames (A Coruña), está presente todavía. Pero es pasado.

Ahora lleva dos años con «hormonas». Y con la unidad de género del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS) seguirá de la mano hasta que él diga hasta dónde quiera llegar.

Dar ejemplo y servir de referente

«En Instagram me hacen muchas preguntas, me consultan dudas. Yo cuento todo. También de la operación«, detalla este chaval que intenta dar «visibilidad» y mostrar que «no somos marginados» y que sus vidas son «normales».

Él encontró apoyo desde el minuto uno. A su progenitora al principio le sorprendió «mucho», relatado por ella misma. Se puso a llorar por las esquinas pensando en lo mal que lo habría pasado o lo iba a pasar.

Ella sabía del tránsito lo que había visto en películas o escuchado de famosos, pero eso ya no es así; en la actualidad tiene un «máster».

En el hogar están un hermano de Eric, «un simpático» niño de 13 años, y uno en acogida de 9, el segundo, pues antes de que Eric comenzase con todo el proceso compartieron las cuatro paredes y sus vidas con otro pequeño.

También hay una mascota, de cuatro patas, que se empeña en salir en las fotografías aunque no lo consiga.

Todos adoran a Eric. Natalia, que ya estaba «orgullosa» desde su nacimiento, sigue estándolo. Más si cabe. Desde luego, no es la única.

Acogimiento y aceptación

La abuela materna de Eric se hizo su primer tatuaje con 75 años.

Es el mismo que llevan la tía de Eric por parte de madre, Natalia y, como no, el protagonista de esta historia. El lugar elegido: la pierna.

Se decantaron por un «atrapasueños», que es un símbolo de unidad. Son cuatro sus plumas: la primera para la yaya, la segunda para la tía, la tercera para la madre y la cuarta para un hombre que quiere empezar a estudiar Diseño Gráfico en Ourense.

Lo de formarse como monitor de tiempo libre este estío, como quería Natalia, no lo ve tan claro. No le cuadraban los horarios. Eric, que se irá, debe dedicar tiempo a los suyos y a su novia del vecino municipio de Teo, con la que está desde hace año y medio y que es «encantadora».

Todos, como una piña, vigilan de cerca el anteproyecto de ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans.

Natalia afea que deje «a personas fuera, con lo importante que es proteger a todas y de todas las edades».

La norma dispone que los menores de 12 y 13 años necesitarán autorización judicial para cambiar su sexo en el Registro Civil, mientras que entre 14 y 16 bastará con que estén asistidos por sus padres o representantes legales; en caso de disputa, se nombrará a un defensor judicial. A partir de los 16 años no hay más exigencias.

La voluntad de la persona será el único requisito para el cambio, lo que se conoce como autodeterminación del género, con lo que se acaban los informes médicos y los dos años de hormonación que se pedían hasta ahora. Justo los dos que Eric acaba de culminar.