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Inger Andersen, durante un momento de la entrevista con Efe. Angel Díaz/EFE

Inger Andersen: Hay que acelerar, no podemos esperar cien años

Lourdes Uquillas | Madrid - 14 marzo, 2019
La nueva directora ejecutiva del Programa Mundial para el Medioambiente (PNUMA), Inger Andersen, cree que es necesario acelerar el ritmo para la consecución de la igualdad, porque no es posible esperar cien años para lograrla, como señala un informe del Foro Económico Mundial, a pesar de los progresos que se han hecho.
Andersen, hasta ahora directora de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), ha señalado en entrevista a EFE unos días antes de su nombramiento en el PNUMA, que las mujeres tienen una «sabiduría» diferente más ligada a la naturaleza, y representan 3.200 millones de soluciones a los problemas actuales «que no se pueden ignorar».
Pregunta.- En 1975 coincidiendo con el Año Internacional de la Mujer, las Naciones Unidas celebraron el Día Internacional de la Mujer por primera vez, el 8 de marzo. Hoy, 44 años después, ¿considera que existe igualdad entre mujeres y hombres?
Respuesta.- Hemos visto progresos y movimientos hacia adelante que son realmente buenos. Al mismo tiempo somos conscientes de que la tenencia de la tierra y su titularidad, los derechos de propiedad, y la protección ante la ley, no han llegado donde deben estar.
En las convenciones internacionales de Clima y Medio Ambiente estamos muy satisfechos de ver el contexto y conexión entre los temas medioambientales y mujer, así como los de naturaleza intacta y mujer, eso es importante.
Las mujeres son por lo general las que buscan las semillas, son las que guardan las cosas, las que saben de los usos no comerciales de las plantas, son las que se aseguran que las plantas y cultivos sean sostenibles.

Una sabiduría diferente

Es curioso ver cómo en un proyecto en el que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) estuvo trabajando en Malaui, al preguntar a hombre y mujeres qué cultivos pondrían en marcha, los hombres preferían árboles para el aprovechamiento de la madera, mientras las mujeres se declinaban por plantas con valores nutricionales, medicinales, o que fomentaran la producción de leche materna.
Ambos ejemplos son valiosos, pero tienen una sabiduría diferente. Entonces necesitamos empoderar a las mujeres para que su voz sea escuchada en todos los ámbitos y sectores, porque las mujeres tienen una visión del mundo diferente,  un nivel de sabiduría diferente, que está en otro nivel en el contacto con la naturaleza en muchos países.
Es lo que tenemos que potenciar para las mujeres: derechos, que se oiga su voz, información, acceso a diferentes ámbitos y más influencia en todos los ámbitos de la sociedad.
P.- Movimientos como el MeToo han puesto en primera línea del debate social y político el papel de la mujer en nuestras sociedades. Una de las conclusiones en las que coinciden todos los que defienden la igualdad es que las niñas y adolescentes necesitan más referentes femeninos en todos los ámbitos y que se eliminen los estereotipos. En este sentido, ¿qué mensaje le daría a una niña/adolescente?
R.- Creo que todas las jóvenes deben buscar una posición de liderazgo, no tener miedo de hablar alto y claro, estar orgullosas de sus opiniones, tener control de sus destinos, así como de su cuerpo y las decisiones que adopte al respecto.
«Los derechos no se otorgan, se pelean y se ganan y las mujeres jóvenes los están ganando en todo el mundo»
Todas estas cosas serán las que nos dirijan a los cambios necesarios. Actualmente estamos viendo una nueva ola de jóvenes que ya están haciendo esto, poniéndose en pie de lucha, hablando alto, tomando el control, decidiendo sobre su futuro y decidiendo qué carreras siguen.
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Inger Andersen, durante la entrevista. EFE/Angel Díaz

Eso es lo que lleva al cambio. Los derechos no se otorgan, se pelean y se ganan y las mujeres jóvenes los están ganando en todo el mundo, porque es una situación global.
El tema es que ya sean los casos de violaciones a mujeres en la India, los de acoso en cualquier parte del mundo, o los matrimonios  con menores, cada uno de estos actos discriminatorios, tienen una luz de advertencia para promover la solidaridad mutua entre nosotras, lo que promovió el movimiento «Me too».

Tenemos que ir más rápido

P.- El World Economic Forum dice que aún deben pasar 100 años para que consigamos la igualdad real entre mujeres y hombres. ¿Cree que el camino es tan largo? ¿Qué se puede hacer para acelerar el proceso?
R.- El documento del Foro Económico Mundial señala que si el ritmo con el que unas pocas  mujeres están accediendo a puestos en los parlamentos mundiales, entonces el tiempo promedio para igualar derechos entre hombres y mujeres será de cien años, de 67 en Europa, pero de 200 años en otros lugares del mundo.
Obviamente, eso no es lo más correcto ni lo mejor, tenemos que ir más rápido y darnos prisa y solo depende de nosotras las mujeres que pase, no estamos pidiendo favores.
En el mundo hay 3.200 millones de personas, que representan 3.200 millones de soluciones. No escuchar su voz ni hacer caso a su liderazgo ni hacer visible sus conocimientos en ciencia, solo provoca que haya la mitad de las soluciones a los problemas, y somos todos conscientes de que el mundo tiene tantos retos por delante que necesitamos todas las soluciones en conjunto.
Pero, además, se necesita que los hombres, los jóvenes y los niños entiendan esto. Hay una campaña «He for She» que persigue que los hombres entiendan que la igualdad es una meta y una determinación no solo derechos. Esto hará el mundo mejor.
Debemos hacer un trabajo en ese sentido con nuestros hijos, esposos y hermanos porque tienen que entender que todos somos responsables de este progreso porque no podemos esperar cien años.