Cristina Iglesias instala en la isla de Santa Clara su escultura «Hondalea»

Ana Burgueño | San Sebastián - 12 junio, 2021

El agua es el motivo principal de muchas de las obras de la artista Cristina Iglesias. Es el caso de «Hondalea», una titánica escultura en bronce, que se funde con el mar Cantábrico de su ciudad natal, San Sebastián, que salda así una deuda con la artista.

La primera pieza que Iglesias ha creado para la capital guipuzcoana no solo se encuentra en un emplazamiento privilegiado, en la isla de Santa Clara, en plena bahía de la Concha, sino que se erige además como punto equidistante entre dos piezas emblemáticas, el «Peine del Viento» de Eduardo Chillida y la «Construcción vacía» de Jorge Oteiza.

A ese diálogo metafórico tantas veces atribuido a las dos piezas que cierran ambos extremos de la bahía, se une ahora una escultura que se esconde a la vista, custodiada por las paredes de la casa del faro de Santa Clara, un edificio en desuso desde 1968 que Iglesias ha recuperado para este proyecto.

Como si un acantilado hubiese irrumpido en ese espacio, la escultura en bronce de la artista donostiarra se extiende con su textura rocosa hasta ocupar por completo la planta del edificio, de 74 metros cuadrados, que se vació previamente.

Un «pozo» de cinco metros

Con un sistema de escaleras que recuerda al de la Casa del Agua de Toledo, que Iglesias intervino en 2014 para su propuesta «Tres aguas», el visitante tendrá la opción de contemplar desde una altura de hasta siete metros este nuevo «pozo» de la artista donostiarra, que se hunde en una profundidad de cinco metros.

La gran vasija cubierta por 54 piezas de bronce, de 15 toneladas, recrea el fondo original de la bahía de La Concha, aunque sea agua dulce el que rompe y fluye al ritmo de las mareas por las oquedades doradas desde un depósito de 60 metro cúbicos, de los cuales se utilizan la mitad para la escultura.

«Mi obra es invisible, no altera el paisaje»

Iglesias, además de importantes premios nacionales e internacionales, recibió el Tambor de Oro de su ciudad en 2016, el año de San Sebastián como Capital Europea de la Cultura. Fue entonces cuando soñó con esta obra y obtuvo el total beneplácito del Ayuntamiento. Se produjo «la tormenta perfecta», según ha comentado.

«La obra es más de lo que había soñado», ha afirmado la artista, que considera «un honor» que «Hondalea» se encuentre entre las esculturas de Chillida y Oteiza, pero que no eligió la isla de Santa Clara por este motivo. «Por otro lado, mi obra es invisible, no altera el paisaje», ha apostillado.

«Este es un proyecto que se conecta con la defensa de la naturaleza, y de los mares y sus costas», una «ficción» que toma la realidad como ejemplo para que quien la contemple pueda «evadirse y también reflexionar», e incluso como lugar de acogida de otras experiencias artísticas, como espacio para actividades poéticas o realización de performances.

Cómplice de la protección de la isla

Pese a su declaración conservacionista, no todos ven la intervención de Iglesias en la isla con buenos ojos, entre ellos algunas organizaciones ecologistas y el grupo municipal de EH Bildu, que cree que «Hondalea» contribuye a la «turistificación» de la ciudad y es «incompatible» con la emergencia climática.

«La obra que yo he hecho es cómplice de todos aquellos que quieren proteger la isla, no la habría hecho si fuera de otro modo», ha subrayado la escultora, que además no cree que sea una llamada al turismo masivo cuando la isla tiene «una medida y un tiempo marcados» por los barcos que se encargan del transporte de viajeros.

El alcalde de San Sebastián, Eneko Goia, que acompañaba a Iglesias en su comparecencia, también ha terciado al respecto. «A veces tengo la sensación de que el argumento turístico se utiliza para descalificar un proyecto. La razón de ser de esta obra son Donostia y los donostiarras, con una vocación por la cultura y el arte«, ha recalcado.

Las visitas a «Hondalea» deben realizarse bajo petición, pues el Ayuntamiento quiere llevar un ordenado control para preservar ese espacio, al que únicamente se puede acceder en barco, o nadando. Las solicitudes en estos primeros días han superado las 5.000.