Esta es Mace, la niña africana de unos ocho años que llegó este lunes en una patera a Gran Canaria sin ningún pariente ni amigo que la acompañase. Este martes el Gobierno de Canarias se ha hecho cargo de la tutela de la misma, y sopesa buscarle una familia de acogida hasta que se localice a su padre. EFE/Ángel Medina G.

El viaje de Mace

José María Rodríguez | EFE Gran Canaria - 6 abril, 2020

Tras cuatro días a la deriva en el Atlántico, los veintiocho jóvenes africanos de la patera comenzaron a cantar en señal de agradecimiento cuando el barco de Salvamento Marítimo que los había rescatado enfiló el muelle. Por fin llegaban a Gran Canaria ante los ojos atónitos de tres niños.

Mace no sabe realmente cuántos años tiene, 7 u 8 quizás. Al contrario de lo que ocurre con los más pequeños, ella sí es consciente de lo que pasa a su alrededor.

Está asustada, ha pasado frío y tiene algo de hambre, pero todavía le sobra entereza para contar a los voluntarios de la Cruz Roja que desde hace unos minutos cuidan de ella su terrible historia.

Una niña sola, cruzando el mar

Mace está sola. Es difícil sacarle las palabras. Su madre murió y su padre vive en Francia…, o eso cree ella. No se sabe. La niña se subió el viernes pasado, sola, a una patera en una playa del sur del Sahara Occidental, nadie sabe muy bien cómo.

Sus compañeros de travesía festejan su suerte. «¡Las Palmas! «¡Las Palmas…!, grita una de las doce mujeres del grupo, alborozada y con alguna lágrima. Acaba de descender de la Salvamar y le ha sonado el móvil. ¿Es su padre, su madre, su marido…? Es alguien que la quiere y que le pregunta dónde está. «¡Las Palmas, Las Palmas!».

Mace no tiene esa suerte. Nadie viaja con ella, si es que a lo que ha vivido se le puede llamar viajar. Quizás en los cuatro días de travesía alguien ha estado pendiente de la niña, pero ahora no hay nadie conocido a su alrededor. Solo unos extraños con trajes de protección y mascarillas. Seguramente tampoco sabe por qué.

El vicepresidente de Cruz Roja en Canarias, Gerardo Santana-Cazorla, es uno de los adultos que se ha preocupado por la niña nada más desembarcar de la Salvamar Menkalinan. Él no recuerda otro caso igual…, y es un veterano con muchas pateras a su espalda.

Niños y niñas migrantes

Desde este verano, llegan muchos niños pequeños en las pateras que enfilan la ruta atlántica hacia Canarias, a veces bebés. Es algo que diferencia esta oleada de pateras de las que las islas vivieron hace una década, en la crisis de los cayucos. Entonces llegaban muchos menores, pero en la mayoría de los casos eran adolescentes.

Ahora, no es extraño encontrar en las pateras a dos, tres y hasta cinco bebés. Y varios niños como Mace, pero su caso es singular.

«Nos han llegado niños con familiares, con amigos, pero solos…, nunca«, corrobora a Efe el vicepresidente de Cruz Roja.

El negocio de las pateras

Desde Tánger (Marruecos), en la ONG que este sábado avisó a las autoridades españolas de que al menos habían salido cuatro pateras hacia Canarias desde Djala, Caminando Fronteras, también están sorprendidos. Aunque ellos sí creen adivinar cómo embarcó Mace.

«Estas son las cosas que pasan en la playa, cuando los llevan a todos como animales a la patera y los suben a la carrera», especula su portavoz, la activista española Helena Maleno.

De momento, la niña ha contado poco más. ¿Qué le pasó a su madre? ¿Estaba con ella? ¿La separaron de ella y se subió a otra patera?

En las ONG tienen noticias de que alguna de las pateras que salió desde Dajla ha naufragado y les llegan reportes -sin confirmación oficial- de que alguien murió en el accidente. ¿Lo saben los veintiocho adultos que acompañan a Mace? De momento, ellos cantan: «¡Las Palmas! ¡Las Palmas!».

Mace está ahora con una familia de acogida en la que, quizá, pueda vivir como lo que es: una niña.