Imagen de archivo en la que Zoraida Blanco (i), de Venezuela, disputa un balón con Sintia Cabezas, de Colombia, en un partido del Sudamericano Femenino Sub-20. EFE/Juan Pablo Pino
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Expertas exponen los retos que el fútbol femenino debe afrontar de cara al Mundial 2027
A poco más de tres meses de la inauguración del Mundial masculino 2026 y con la Copa Mundo femenina 2027 en el horizonte, especialistas en deporte han advertido que, aunque el crecimiento del fútbol practicado por mujeres se ha hecho "imparable", el reto no está en ganar visibilidad sino en construir un sistema organizado y sostenible.
Durante el panel La Revolución en la Cancha: El Deporte como Resistencia, en el foro Decididas Summit 2026, la mexicana Lucía Mijares, estratega de fútbol femenino, recordó que el primer partido documentado de balompié de mujeres data de 1900 y que, aunque hubo torneos como la Copa de 1971, fue hasta 1991 cuando se celebró el primer Mundial oficial avalado por la FIFA.
"Nos guste o no nos guste, ya está en un tren bala creciendo enormemente", ha afirmado.
Mijares ha planteado que el debate no debería centrarse en la velocidad del crecimiento, sino en qué tan organizado ha sido y cuánto responde a mercadotecnia y visibilidad frente a la construcción de un negocio sostenible.
La necesaria construcción de una industria más sólida
"El fútbol femenino no necesita más visibilidad. Lo que necesitamos es la capacidad del sistema para capitalizarlo", ha sostenido, al recordar que el último mundial femenino, celebrado en 2023 en Australia y Nueva Zelanda, fue seguido por cerca de dos mil millones de personas a nivel global.
Con el Mundial 2027 de Brasil en puerta, Mijares ha advertido que, sin coordinación entre federaciones, clubes y competencias formativas, el auge podría no traducirse en una industria sólida ni en un desarrollo continuo de talento.
Y en la antesala del Mundial 2026, también ha cuestionado que el sector se construya bajo la lógica del masculino o desde el asistencialismo: "Ya no es ayudar por ayudar. Es negocio".
Mijares ha alertado además que el 96 % de la literatura científica sobre alto rendimiento está centrada en hombres blancos y solo el 2 % en el cuerpo femenino, lo que limita la comprensión del potencial y necesidades específicas de las atletas.
Los peligros de replicar el modelo masculino
En ese sentido, la española Amanda Gutiérrez, fundadora de la Asociación de Futbolistas Profesionales (Futpro), ha subrayado que el fútbol femenino debe entenderse como un negocio distinto.
"No podemos permitir que esto crezca como una burbuja, queriendo ir muy rápido para que sea como el fútbol masculino", ha alertado.
Intentar replicar el modelo masculino sin adaptar estructuras y calendarios, ha avisado, podría generar cargas "insostenibles" para los clubes y repercutir directamente en la vida de las jugadoras.
El fútbol como acto de resistencia
En el plano internacional, Honey Thaljieh, cofundadora y primera capitana de la selección femenina de fútbol de Palestina, ha aportado una dimensión distinta al debate, al narrar las dificultades de practicar deporte en medio de la destrucción de infraestructura en su país.
Ha señalado que para muchas mujeres jugar fútbol es un acto de resistencia. "La infraestructura puede destruirse en segundos, pero la identidad no", ha añadido.
En la cancha, ha dicho, durante 90 minutos solo existen el mérito, la disciplina y la resiliencia: "Es un espacio donde la igualdad se ve".
Las participantes han coincidido en que, rumbo al Mundial 2026 —que organizan México, Estados Unidos y Canadá—, el desafío no es solo celebrar el espectáculo global, sino convertir el crecimiento en talento, competencia y estructura sostenible.