Una chica consulta su teléfono móvil, en una fotografía de archivo. EFE/ J.M. García
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Expertas llaman a los adultos a acompañar a los menores contra la violencia digital
Las expertas en violencia sexual en la adolescencia Miriam Alemán Calatayud y Elisa García Mingo consideran clave que los adultos sean responsables, se impliquen y acompañen a sus hijos e hijas contra esta lacra social.
Con quince años de experiencia en la cooperativa Candela en prevención de violencias sexuales y machistas, Alemán remarca la mirada “adultocéntrica” con la que se suele abordar esta problemática, lo que supone en muchas ocasiones “tirar balones fuera” cuando, en realidad, “los jóvenes son fruto del mundo adulto”, como se ha referido en una entrevista para EFE.
En este sentido, la experta aboga por reforzar de qué manera los jóvenes pueden actuar de manera positiva en lugar de criticar y remarcar solos los aspectos negativos, así como abordar las violencias sexuales dentro de la educación sexual.
Revisar metodologías y espacios educativos
Como ha explicado Alemán, la violencia sexual se encuentra relacionada con la construcción de la masculinidad hegemónica, en la que “el machismo es una manera de ganar rango dentro de ella”.
Por esto motivo, Alemán ha animado a pensar qué tipo de modelos de hombres adultos tienen los jóvenes a su alrededor, sobre todo la manera en la que estos se relacionan cuando no hay mujeres junto a ellos.
“El machismo de los chavales nos parece muchísimo más flagrante, cuando en realidad están reproduciendo exactamente lo que ven en sus modelos adultos, que es ahí donde tendríamos que poner el foco y la responsabilidad”, ha alegado.
La formadora ha hecho hincapié en ser justos a la hora de analizar la situación de los adolescentes con respecto a la violencia sexual y la necesidad de visibilizar también los avances como en temas relacionados con diversidad sexual, de la que los menores son abanderados.
Alemán ha reflexionado acerca del momento por el que pasan las formaciones sobre esta cuestión, considerando que hoy en día “hay una saturación”.
“Ya no podemos seguir dándoles la misma charla o el mismo taller para el 8 de marzo. Lo que tenemos que empezar es a apostar como sociedad a incorporar cambios para una educación transformadora, es decir, revisar metodologías, los espacios educativos que tenemos, los chavales necesitan tiempo, necesitan poder poner las emociones en el aula también”, ha subrayado.
La educadora incide en que uno de los enfoques más importantes a la hora de tratar este tema pasa por la comprensión de la construcción social del género y revisar esa mirada de los adultos que culpabiliza a los jóvenes del machismo imperante.
Implicarse
Por su parte, Elisa García Mingo, profesora contratada doctora en Sociología en la Universidad Complutense de Madrid y coordinadora del proyecto DiViSAR sobre violencia sexual digital entre jóvenes, remarca que los jóvenes se tratan del grupo más vulnerable a este tipo de violencias, ya que “son los que más tiempo pasan expuestos”, ha manifiestado a EFE.
Como recomendación para padres y madres ha apuntado: "Si a tu hijo no lo ves bien y dices que no tiene problemas en el instituto, no tiene problemas en su equipo deportivo, no tiene problemas en el barrio… pregúntate por lo que no estás viendo”.
En este sentido, García ha indicado la necesidad de acercarse al mundo digital de lo adolescentes para comprenderlo y acompañarlos, así como evitar excusas como “ya todo esto me pilla muy lejos” y también advierte en delegar esta responsabilidad en herramientas de control, como, por ejemplo, el pin parental.
“Hay que tener cuidado con confiar nuestra responsabilidad educativa en herramientas tecnológicas que sentimos que hacen parte del trabajo”, ha afirmado.
También la socióloga ha aludido a un cambio de paradigma que atenta contra la libertad de los jóvenes, especialmente, a las mujeres, ya que “a las mujeres nos ha costado muchísimo tener autonomía y no tener que dar explicaciones de a dónde vamos, con quién y demás y de repente a las generaciones siguientes en algunos casos se les pone un reloj con el que ya están geolocalizadas desde pequeñas”.
“Y, de hecho, lo que nos encontramos en nuestro trabajo de campo es que la violencia más habitual en las adolescentes de 13, 14 y 15 años es todo lo que tiene que ver con el control de la pareja, el monitoreo, el tener que compartir su ubicación a tiempo real, que les manden una foto de dónde están en cada momento, que nunca les dejen en leído… es brutal cómo se ha interiorizado el que te vigilen”, ha reflexionado.