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Estado de alarma de la conciliación durante el confinamiento

Marta Ostiz | EFE Madrid - 5 abril, 2021

«La conciliación se llama Doris y cuesta 1.300 euros al mes». Rocío se recorría Madrid cada día de los tres meses de confinamiento para recoger a Doris, la mujer que cuidaba de sus hijos. Gracias a su trabajo Rocío y su marido, los dos médicos, podían ir a trabajar al hospital.

La conciliación todavía depende de quién se la pueda permitir económicamente. Han sido siete meses sin colegios en los que la convivencia familiar y laboral ha sido un juego de malabares. EFE entrevista a mujeres que han dejado sus puestos de trabajo, se han reunido con gritos desde el pasillo o han tirado de abuelos o cuidadoras para poder “conciliar” durante el confinamiento.

Otras, como Mariana, directamente han renunciado a su empleo y, durante el tiempo que sus hijos, de 10 y 2 años, estuvieron sin colegio, dejó de trabajar. Como empleada doméstica, el teletrabajo no era una opción, así que entre marzo y septiembre del año pasado, con la reapertura de colegios, no le quedó otra que dejar de trabajar y de cobrar. Tan sólo recibió el subsidio que aprobó el Gobierno para este colectivo, que en su caso no llegó a 300 euros, ya que no estaba dada de alta en la Seguridad Social en todas las casas en las que trabajaba.

Marta, con tres niños: “incluso hubo algún día que se me olvidó darle el biberón al bebé… me cogí una excedencia porque no me quedó otra”

También Marta, madre de tres niños (uno de ellos de meses), se vio obligada a cogerse una excedencia. «Mi trabajo es muy intenso y mi marido no para, así que empezamos a teletrabajar los dos encerrados en la habitación mientras los niños gritaban, incluso hubo algún día que se me olvidó darle el biberón al bebé, así que duré 15 días, me cogí una excedencia porque no me quedó otra».

Ahora tiene previsto volver a trabajar. «A ver qué pasa ahora cuando me reincorpore, después de casi un año, con un bebe… soy carne de cañón». Marta, no obstante, considera que cogerse una excedencia fue un lujo. «Hay mucha gente que no se lo puede permitir». «Si hubieran dado alguna ayuda a las familias, por poco que fuera… Pero las familias no se contemplan, en esta pandemia se ha pensado en otras cosas«, añade.

Abuelos que cuidan y noches de trabajo

Los abuelos han sido el recurso de muchas otras familias para afrontar esta situación. Patricia, divorciada, vive con su madre desde que se separó y, gracias a esto, ha podido trabajar con «normalidad» durante la pandemia. «Mi madre se ha encargado durante estos meses de ayudarme con mi hijo, gracias a ella podía encerrarme en una habitación a trabajar, mantener reuniones, etc».

En su caso, destaca además las facilidades que ha encontrado en el trabajo, una conocida empresa de seguridad, que ha permitido a los padres modificar su jornada laboral y adaptarla a las necesidades familiares.

A los abuelos ha tenido que recurrir también Lucía, con un gran sentimiento de culpa, pero no le ha quedado más opción después de que tener que volver a la oficina. «Mis hijos tenían por entonces poco más de cuatro años y 16 meses, edades en las que no son autónomos casi ni para ir al baño, lo cual implica que requieren atención continua». Durante los primeros meses de confinamiento las noches le permitieron sacar adelante su trabajo.

«Acostar a los niños y ponerme delante del ordenador hasta la 1 o las 2 de la mañana, sábados y domingos incluidos, se convirtió en algo habitual», recuerda. «Echo la vista atrás y hay veces que me pregunto cómo logramos sobrevivir sin volvernos locos. Trabajaba fuera de las horas habituales precisamente para compensar lo mal que me sentía por no estar cumpliendo estrictamente con mi horario y terminé por sacrificar cualquier resquicio de tiempo libre. En cuanto tenía un rato, a cualquier hora, me enchufaba al ordenador a terminar lo que tuviera pendiente. Esa fue mi conciliación. Sin desconexión durante 24 horas al día y 7 días a la semana durante meses para demostrar que era capaz de llegar a todo«.

Para afrontar estos meses, María, periodista y directora de varias publicaciones, ha recurrido también a las horas de sueño para trabajar. «Me levanto a las 4 de la mañana cada día para poder sacar adelante el trabajo antes de que las niñas se despierten». Por prudencia, no quisieron recurrir a terceras personas para cuidar de sus hijas, de 9 y 2 años y prefirieron asumir ellos -fundamentalmente ella- el trabajo de la casa y de los niños. «Consigo trabajar renunciando a horas de sueño», lamenta.

Sin embargo, recuerda que «la máxima locura fueron las primeras semanas, con las niñas en casa y teniendo que darles clase porque no queríamos que perdieran el curso, todo ello manteniendo el ritmo de trabajo. Fueron meses de muchísima ansiedad y estrés porque veía que no llegaba a todo».

Salvo excepciones, la conciliación ha estado ausente de la vida de las mujeres españolas también en este año marcado por el coronavirus y el teletrabajo.
El Consejo de Ministros tiene previsto aprobar el Plan Corresponsables, iniciativa dotada de 190 millones de euros para crear «bolsas de cuidado profesional» en las comunidades autónomas y ofrecer a familias con hijos menores de 14 años atención a domicilio por horas para favorecer la conciliación. El principal destino de los 190 millones destinados este año al plan será la creación de «bolsas de cuidado profesional», que se prestarán a domicilio por un número determinados de horas semanales a menores de 14 años.