Elena Pisonero: Hay que hacer un esfuerzo desde arriba para forzar la igualdad

Natalia Otero - 22 febrero, 2019

Desde que baja del coche hasta que se sienta en el sillón para la entrevista, su paso es firme y decidido. La fuerza que emana de Elena Pisonero, presidenta de Hispasat, queda patente en su forma de hablar, en su enérgica voz, que inunda el estudio de televisión.

Cercana y profesional todoterreno, Elena Pisonero es, además, una líder concienciada con la realidad de las mujeres, no solo en España, sino en cualquier lugar del mundo, y que defiende de manera activa la igualdad.

Antes de ocupar el cargo más alto en el operador de satélites español, Pisonero ha sido analista en Siemens, economista en el IEE y secretaria de Estado de Comercio, Turismo y Pymes, diputada nacional y embajadora de España en la OCDE, entre otros puestos.

En el ámbito económico, por formación, y en el tecnológico, por su cargo actual, Pisonero se ha movido toda su carrera profesional en mundos dominados por hombres.

Pregunta.- ¿En qué  punto está la brecha de género en estos dos ámbitos?

Respuesta.- Pienso que ha habido esta brecha en muchas áreas, salvo en aquellas destinadas a los servicios y cuidados a las personas.  Pero en todos aquellos ámbitos en los que hay una posición de poder sigue habiendo una brecha importante.

En economía se ha avanzado mucho, hemos tenido, por ejemplo, algunas mujeres ministras de Economía. Tal vez es el tecnológico el que deba preocuparnos más. En un doble sentido: hay pocas mujeres en carreras y menos en posiciones de poder en empresas tecnológicas. Pero el segundo vector de preocupación es que la tecnología marca la agenda de las empresas y de todas las economías cada vez más y si no se hace un esfuerzo, la brecha va a aumentar.

P.- ¿Y en la sociedad en general?

R.-Bueno, es un reflejo. Creo que se está avanzando mucho pero no de una manera sostenida. Es un paso para adelante, uno para atrás. Y en todo el mundo. En algunas sociedades pujantes en la actualidad no es tan evidente que haya una búsqueda de la igualdad de géneros… y eso me preocupa.

Hay ámbitos en los que la mujer tiene más peso. Y siendo positivos, porque con la edad me he vuelto pragmática y positiva, es que en esos ámbitos en los que va a haber una presencia más humana frente a las máquinas, las mujeres tienen más peso.

La autoexigencia frena a las mujeres

P.- En la empresa que usted preside, por ejemplo, en el organigrama solo hay dos mujeres: usted y la directora de comunicación. En el consejo de administración hay cinco mujeres frente a dieciséis hombres ¿Es un ejemplo de techo de cristal?

 R.-Es un efecto de la decisión de accionistas. Pero también del techo de cristal. Cuando preguntas te dicen que no hay tantas mujeres candidatas. Y el otro argumento es que no están dispuestas a asumir responsabilidades.

La primera no es tan relevante porque cada vez hay más mujeres en puestos intermedios. Es evidente, porque después de tantos años las mujeres por meritocracia lo han conseguido. Pero todavía hay un freno, lo he visto en Hispasat y en otras instituciones en las que he estado, hay mujeres que no quieren asumir más poder.

Hay que dar oportunidades a todo el mundo. Por ejemplo, en Hispasat hemos incorporado la práctica de currículo ciego para que no haya un sesgo previo.

Son muchos elementos en los que hay que actuar para que fomentemos esa igualdad de oportunidades. Sí que pienso, por todo lo que he visto a lo largo de estos más de 30 años, que hay que hacer un esfuerzo desde arriba, desde los que tenemos una posición de influencia, para forzar que esto avance. Si lo dejamos a la inercia, va a tardar mucho, si es que acaba produciéndose.

P.- ¿Esto es por la falta de conciliación y por la autoexigencia de las mujeres?

R.-Por la falta de normalidad en la conciliación. Yo cuando quiero poner una reunión a primera hora y me dicen “tengo que llevar a los niños al cole”, yo digo: no te preocupes, retraso la reunión una hora.

Las políticas de conciliación deben ser efectivas de verdad. Debemos elegir a los mejores en equipos crecientemente diversos. Eso pasa por incorporar a más mujeres y ayudar a que tomen de manera libre la decisión de asumir puestos de responsabilidad. Y eso requiere que entre todos asumamos que las tareas relacionadas con la casa, los hijos, los cuidados, corresponden a ambos géneros.

Y la otra es verdad que se produce. Esa autoexigencia. Hay estudios que demuestran que, por decirlo así, de una manera llana, así como los hombres se apuntan a un bombardeo porque piensan que todo lo pueden hacer, las mujeres solo se apuntan a aquello que saben que van a hacer muy bien. Lo que hace que haya por cada candidata cinco hombres, aunque hubiera cinco mujeres que estuvieran dispuestas a equilibrar esos cinco hombres que se presentan a la candidatura. A eso me refería con  la autoexigencia y la autoexclusión… que existe, ¿eh?

Y hay que animar a las mujeres a que asuman esas responsabilidades y que lo hagan con naturalidad. Creo que tenemos un peso muy fuerte de querer demostrar mucho más en términos relativos y esa responsabilidad mayoritaria (…) hace que las propias mujeres nos eliminemos para determinados puestos porque consideramos que no vamos a dar el nivel. Es decir, nos autoexcluimos y eso se une a la exclusión de los seleccionadores.

No dejar el cambio a la inercia

P.- ¿Está a favor de un sistema de cuotas?

R.- Ese es un ejemplo que me rondaba. El elefante en la habitación. Pero, efectivamente, cuando estás ahí luchando, tener que demostrar que vales mucho, que nadie te tiene que ayudar… eso no funciona. Hay que tragarse el orgullo cuando te dicen que eres una cuota.

Yo ya bromeo cuando hay reuniones en las que hay un solo hombre y le digo «bueno te toca ser la cuota, ¡qué vamos a hacer!»

Es que, si lo dejamos a la inercia, como su nombre indica, al final va a ser seguir igual. Así que, o rompes de alguna manera o la tendencia natural al cambio va a ser muy lenta y va a exigir demasiado esfuerzo. Hay que ayudar a ese proceso: algún sistema de cuotas, los currículos ciegos o alternativas como tener tantos candidatos hombres como mujeres y luego elegir el mejor… pero es un esfuerzo que hay que hacer.

«Lo que más me molesta es la invisibilidad»

P.- ¿Cómo ha calado el movimiento feminista de los últimos años en los sectores en los que se mueve?

R.-Con el #MeToo salieron muchas cosas desagradables que llamaron la atención y eso provocó que hubiese un efecto rebote: “cualquiera te dice nada, no vaya a ser que me montes el pollo”. Y afortunadamente se ha normalizado un poco.

Pienso que hay forzar a veces, dar un golpe en la mesa, pero la idea es que parezca natural. Hay que evitar la confrontación, el “yo estoy aquí y sales tú”. Yo creo que esa exclusión es negativa, pero eso no evita que a veces haya que dar un golpe en la mesa, alzar la voz y saber que estamos determinados a trabajar en esa dirección de igualdad. Y que deje de ser un comentario anecdótico para que vaya calando.

P.- ¿Ha encontrado alguna vez oposición a su trabajo o trabas a la hora de llevarlo a cabo por su condición de mujer?

R.- Yo lo que he percibido eran comentarios que me han molestado, que me han herido personalmente. Es verdad que no hay que tomárselo como personal, pero sí hay comentarios que pretenden herirte por el hecho de que eres mujer.

Lo que más me molesta es la invisibilidad. El no reconocer tu voz como algo relevante hasta que un hombre repite lo que tú has dicho, eso es algo que me molesta de verdad. Que me sienta mal.

P.- ¿Y cómo lo superó?

R.- Pues con mucha paciencia (risas). No tomándolo como algo personal y tomando un poco de distancia. También perseverar sabiendo que el objetivo no es que te consideren lista, guapa y simpática, sino que vas haciendo bien tu trabajo y aportas al grupo. Eso supone un esfuerzo de gestión personal. Te endureces, pero sin caer en dejar de ser tú mismo que es lo que aporta más a los demás.

Las mujeres en la tecnología y las telecomunicaciones

P.- Según un estudio de UGT de 2018, la presencia de mujeres en carreras tecnológicas y de telecomunicaciones como informática o ingeniería de computadores sigue siendo residual (entre el 10% y el 20%) ¿Por qué las mujeres no apuestan por estas salidas profesionales?

R.-En la actualidad lo que me preocupa es que las niñas de pequeñitas parece que no tienen ese problema. Algunas quieren ser astronautas, otros quieren ser informáticos… Y luego, cuando llegan a los 12, 13, 15 años la cosa se empieza a torcer. Empiezan a no verse en esas profesiones.

Hay una presión cultural todavía con roles muy determinados y muy asignados por género. En este sentido se está haciendo un esfuerzo muy importante que intenta inspirar a las niñas para que vean que no solo es posible, sino necesario y positivo que se planteen soñar en ámbitos que hasta ahora no eran tan evidentes.

Y eso requiere presentar muchas referencias, ejemplos de mujeres. Siempre ha habido mujeres que han estado ocultas pero que han estado ahí para hacer esas labores que se supone que son masculinas. Tenemos que romper ese prejuicio y animar a las niñas, también en la familia. Yo creo que los juegos de rol en las casas son muy importantes. Solo hay que ver la polémica con el nuevo Gobierno en Brasil, volviendo al rosa y al azul. Esas cosas son muy malas y negativas.

P.- ¿Qué consejo les daría a esas niñas?

R.-Que sueñen, que tengan ambición en sus sueños y que sepan que trabajando y creyendo en sí mismas son capaces de llevar al hombre a la luna. Que sean ellas mismas, sobre todo, que luchen por lo que creen. Habrá barreras, pero que no piensen en ellas, sino en lo que puedan ofrecer.

«No creo que sea bueno aspirar a ser otro»

P: Ha hablado de la necesidad de referentes femeninos para inspirar a las futuras profesionales de la tecnología. ¿Cuáles fueron las suyas?

R.-Todas las personas que están a mi alrededor son referentes. Siempre aprendo de ellas, de todo el mundo. No creo que sea bueno aspirar a ser otro. No es arrogancia, es que creo que lo mejor es que seas tú misma. Si intentas ser otra persona a lo mejor te equivocas.

P.- Pertenece al International Women Forum que promueve el liderazgo de mujeres, ¿cómo se hace esto?

R.- Hay una parte de estar juntas. Siempre estar con alguien que sufre lo mismo es un poco terapéutico. Eso siempre está bien.

Yo siempre digo que me he sentido un bicho raro en muchos sitios y te sientes muy rara… charlar con personas que tienen tus mismos problemas te ayuda a identificar en que ámbitos tienes que insistir.

También hay que fomentar la capacidad de creer en tus propias posibilidades, en tener más ambición, buscar formación adecuada. También apoyar a las personas que empiezan, esas labores de acompañar, de amadrinar a todas aquellas mujeres que te vas encontrando en el camino. Creo que era Madeleine Albright la que decía que “hay un lugar especial en el infierno para las mujeres que no ayudan a otras mujeres”, ¿no?

Las mujeres somos personas inteligentes que podemos aportar. Sí que creo que con capacidades y cualidades distintas, que creo que nos dan una oportunidad para liderar en estos momentos de incertidumbre, de complejidad y de mucho miedo.

Las mujeres en eso somos, en general, más acogedoras. Y estamos en un momento de ser inclusivos en la diversidad y afrontar juntos problemas complejos. Tenemos una oportunidad importante y hay que confiar en que tenemos un papel que jugar en la sociedad y trabajar juntas y juntos para lograrlo.