Elvira Lindo: «He escrito muchísimo sobre mujeres, por admiración y devoción»

María Gómez | Madrid - 12 junio, 2019
Elvira Lindo (Cádiz, 1962) es el eslabón que une a Pippi Långstrump, Elena Fortún o Ana Frank con el madrileño barrio de Carabanchel. La mano de la escritora dio forma a su vecino más famoso, Manolito Gafotas: el hijo del camionero ausente, el hermano mayor del «imbécil», la nuca miope donde iban a parar las collejas de su madre, Carolina. Personajes que Lindo pudo crear gracias al camino que otras «mujeres inconvenientes» abrieron para ella. A estas compañeras, referentes y antecesoras, homenajea en su último libro, «30 maneras de quitarse el sombrero» (Seix Barral).
Son las siete de la tarde del sábado 8 de junio, y en la Feria del Libro de Madrid los lectores de Lindo aguardan el final de su peregrinaje anual: sus treinta segundos junto a la mujer que, con relatos de barrio, les animó a leer.
«Mi editora y yo descubrimos que había un abanico de mujeres importantes que, al definirlas, me definían también a mí», cuenta la autora a Efeminista, pocos minutos después, desde la caseta de la Librería Muga. Allí firmaba esa tarde su obra completa, que incluye los premios Nacional de Literatura Infantil y Juvenil y el Biblioteca Breve.

Una larga genealogía de «mujeres inconvenientes»

P.- ¿De dónde surge la idea de escribir un libro sobre «mujeres inconvenientes»?

R.- Yo he escrito muchísimo, sin pretenderlo, sobre mujeres: por admiración y devoción, no porque me lo haya propuesto. Mi editora y yo descubrimos que había un abanico de mujeres importantes que, al definirlas, me definían también a mí, así que decidimos hacer una selección: no están todas las mujeres que admiro, porque no es una enciclopedia, sino un autorretrato.

P.- ¿Se considera una «mujer inconveniente»?R.- Creo que sí soy inconveniente, porque empecé haciendo cosas que se consideraban de segunda, como el humor y la literatura para niños.

P.- ¿Fue complicado entrar en el mundo de la literatura?

R.- Sí, porque yo siempre he pretendido elegir el tono que me gustaba para cada asunto, no convertirme en una escritora absolutamente humorística, ni una escritora siempre de novelas «más serias». El hecho de actuar con libertad tiene algo de inconveniencia: es mucho mejor hacer siempre lo mismo, te facilita el camino y el reconocimiento. Pero bueno, a estas alturas, más o menos hago lo que quiero.

«El hecho de actuar con libertad tiene algo de inconveniencia».

El silenciamiento de las Sinsombrero. «Una pérdida para todos»

P.- ¿Cómo le llega la historia de «Las Sinsombrero», las autoras que dan título a su libro?

R.- A mí me gustaban algunas de las escritoras de la época, sobre todo Concha Méndez, y la pintora Maruja Mallo, pero realmente me llega porque, a pesar de que han sido escritoras muy silenciadas, a pesar de que están fuera de la foto del 27, hay especialistas y académicas muy concienzudas. A ellas hay que agradecerles, en parte, que las hayan puesto en órbita otra vez; yo lo que hago es recordarlas y nombrarlas. Decir su nombre es importante, y también saber que su desaparición de los manuales de literatura es una pérdida para todos.

El potencial político de Gafotas

«Los que nos dedicamos a la cultura tenemos que tener un compromiso para ayudar a elevar el nivel cultural de las clases más desfavorecidas»

P.- El año pasado declaró que Pedro Sánchez le había ofrecido el Ministerio de Cultura…

R.- ¡Al final se va a convertir en una noticia lo que no es!

P.- No, no. Quiero decir, Manolito ha tenido un peso muy importante en varias generaciones españolas…¿Usted cree que se pueden cambiar más las cosas desde la literatura que desde la política?

R.- En este momento en el que las diferencias sociales afectan tanto a las diferencias culturales…y donde, por ejemplo, hay una separación entre el Madrid rico y el Madrid pobre muy fuerte… hay que tratar de tener un compromiso. Los que nos dedicamos a la cultura, de una manera u otra, tenemos que tener un compromiso para ayudar a elevar el nivel cultural de las clases más desfavorecidas.

Hace poco leí un pequeño discurso en la Feria del Libro de Sevilla, sobre cómo los intelectuales, artistas y poetas de los años 30 estuvieron muy pendientes de la cultura (o de la falta de cultura) en su país. Entonces había mucha gente analfabeta: ahora ya no, pero las diferencias económicas han aumentado muchísimo después de la crisis. Pueden hacer que una gran cantidad de niños se queden atrás, y yo creo que debemos tener un compromiso.

«Los que nos dedicamos a la cultura tenemos que tener un compromiso para ayudar a elevar el nivel cultural de las clases más desfavorecidas».