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Elsa Riquelme, de frenar su desahucio a ayudar a parar otros: "Soy la imagen viva de que la lucha vale la pena"

Laura de Grado Alonso | Madrid - 6 octubre, 2026

Elsa Riquelme estuvo a punto de perder su casa en el madrileño barrio de Carabanchel varias veces. La primera orden de desahucio llegó en 2016, después vino otra y otra más. Diez años después, sentada en el puesto del Sindicato de Vivienda de Carabanchel instalado durante la acampada de la Puerta del Sol, cuenta su historia de lucha desde una vivienda nueva, de alquiler público, en Villaverde.

"Yo soy la imagen viva de que la lucha vale la pena, yo sé que si hubiera estado sola jamás lo hubiera conseguido", resume Riquelme, integrante del Sindicato de Vivienda de Carabanchel, durante una entrevista con Efeminista.

Su caso es uno de esos escasos desenlaces positivos de la crisis de vivienda: una hipoteca que dejó de poder pagar, una casa adjudicada en subasta a un fondo de inversión, años de órdenes de lanzamiento y negociaciones y, finalmente, una alternativa habitacional. Una historia que, junto a las de otras familias amenazadas por el desahucio, sirvió además de inspiración a Juan Diego Botto para escribir En los márgenes (2022).

Riquelme llegó al movimiento por la vivienda como afectada y lleva ya más de doce años organizándose en Carabanchel. Chilena, asegura que las luchas sociales no le eran ajenas después de haber crecido durante los años de la dictadura de Augusto Pinochet, pero hasta entonces nunca había tenido que librar una por su propia casa.

Había llegado a España, recuerda, persiguiendo aquel "sueño español" en el que comprar una vivienda parecía un paso accesible. Firmó una hipoteca en unos años en los que, dice, los bancos "ponían la alfombra roja", pero de la noche a la mañana su vida cambió.

Blackstone, los fondos inmobiliarios y la amenaza de perder la vivienda

Se quedó sola y uno de sus tres hijos enfermó gravemente. Los tumores cerebrales y las sucesivas operaciones hicieron que tuviera que reducir su jornada para cuidarle y pasar largos periodos en el hospital. Sus ingresos cayeron y dejó de poder asumir las cuotas de la hipoteca.

"Con tres impagos el banco me demanda", explica Riquelme, cuya vivienda acabó en una subasta y fue adquirida, según relata, por Blackstone.

Para entonces, sin embargo, Riquelme ya había empezado a acudir a las asambleas del movimiento por la vivienda. Lo hizo incluso antes de dejar de pagar porque tenía "miedo de lo que pudiera ocurrir".

Cuando llegó el primer lanzamiento, en 2016, no estaba sola. "A través de la lucha lo paramos. Luego vino un segundo, que también lo paramos", recuerda. Pero el tercero parecía definitivo, cuenta, había una sentencia firme y el fondo propietario quería recuperar la vivienda.

Elsa Riquelme desahucio

Elsa Riquelme de pie durante una asamblea del Sindicato de Vivienda de Carabanchel durante la acampada de Sol. EFE/Laura de Grado

67 desahucios al día en España

No todos los procedimientos terminan como los dos primeros de Riquelme. En 2025 se practicaron en España 24.540 lanzamientos judiciales, alrededor de 67 al día, según los datos del Consejo General del Poder Judicial.

La situación familiar de Riquelme hacía cada vez más difícil dedicar tiempo al conflicto habitacional ya que su hijo se había convertido en una persona dependiente y necesitaba cuidados continuos. Pero mientras Riquelme atendía hospitales, operaciones y tratamientos, el Sindicato de Vivienda de Carabanchel mantuvo su caso abierto.

Finalmente consiguieron que Blackstone aceptara ofrecerle un alquiler en la misma vivienda. La solución, sin embargo, tenía fecha de caducidad, los contratos se renovaban periódicamente y cada comienzo de año volvía la incertidumbre.

"Era un poco traumática porque Blackstone cada año, en enero, me decía que en junio tenía que entregar la casa. Era como estar con una soga en el cuello y que en cualquier momento te la apretaban", recuerda.

El caso de Elsa Riquelme que inspiró la película En los márgenes

Para entonces, su historia había trascendido también las asambleas y los piquetes antidesahucios. Su caso fue uno de los que sirvieron de inspiración a Juan Diego Botto para escribir En los márgenes (2022), una película sobre varias vidas atravesadas por la amenaza de perder la vivienda.

Botto señaló entonces que el guion bebía de historias reales como las de Riquelme; Richard y Josefina, que llevaban años reclamando un alquiler social; Carmen Nava y sus hijos, que habían sufrido dos desahucios; Mati, que perdió su vivienda después de avalar a su hija, o Carmen Arnedo, que perdió la suya tras avalar a un hijo.

Pero la historia de Riquelme con Blackstone todavía no había terminado. En 2022, la propiedad comunicó que ya no renovaría el contrato de alquiler.

La negociación con Blackstone que terminó en una vivienda pública

El sindicato lanzó entonces una campaña para reclamar que Riquelme pudiera permanecer en su vivienda o recibiera una alternativa. Hubo movilizaciones y presión pública hasta que, cuenta, un directivo del fondo se puso en contacto con ella desde Barcelona para pedirle que frenara las protestas.

"Le dije: '¿Y tú qué me vas a dar? Si me vas a echar de mi casa, ¿cómo voy a parar?'. Si me das una solución real, podemos sentarnos a negociar", recuerda. Les dio una semana.

No hizo falta tanto tiempo. "Fue increíble porque en dos días me dieron la solución", asegura. Según relata Riquelme, el fondo le comunicó que había contactado con la Comunidad de Madrid y que la administración la llamaría. Poco después recibió la adjudicación de una vivienda pública en Villaverde Bajo.

El desenlace todavía le provoca incredulidad. Llevaba más de una década inscrita en los registros de acceso a vivienda protegida de las administraciones madrileñas y asegura que se encontraba "en el puesto trescientos y pico".

"De la noche a la mañana estoy en el uno", ironiza Riquelme.

Aunque celebra haber conseguido por fin una vivienda estable, hace una lectura poco complaciente de lo ocurrido. Se pregunta cómo una solución que había esperado durante más de diez años pudo aparecer en apenas unos días cuando al propietario le interesó recuperar el inmueble.

"Ahí ves qué poder tienen los fondos en este país", sostiene.

Vista de la acampada de Sol por el derecho a la vivienda. EFE/Laura de Grado

De afectada por un desahucio a activista por el derecho a la vivienda

Riquelme vincula su experiencia con la entrada de grandes inversores en el mercado residencial español durante la pasada década y con la venta de vivienda pública a fondos privados. Recuerda especialmente las viviendas del PAU de Carabanchel que acabaron en manos de Blackstone y critica que inmuebles concebidos inicialmente para garantizar el acceso a una vivienda estén hoy en el mercado a precios que considera inasumibles para buena parte de la clase trabajadora.

El fondo estadounidense se convirtió durante la pasada década en uno de los mayores propietarios de vivienda de España. Solo Testa Residencial, controlada por Blackstone, conservaba al cierre de 2025 más de 8.300 viviendas en alquiler, valoradas en unos 2.555 millones de euros, aunque el fondo ha iniciado un proceso de venta individual de buena parte de esa cartera.

Mantiene además presencia en la gestión de vivienda en España. Sareb, la sociedad creada para gestionar activos procedentes de la reestructuración bancaria y controlada por el Estado, ha adjudicado a Aliseda, gestora vinculada a Blackstone, un contrato de 52,45 millones de euros para gestionar parte de sus activos inmobiliarios, incluidas viviendas destinadas a Casa 47.

Ella ya no afronta un desahucio, pero no ha dejado el sindicato. Desde el puesto de Carabanchel en la acampada de Sol recibe estos días a personas que se acercan para preguntar cómo pueden organizarse, qué pueden hacer ante una subida del alquiler o dónde acudir cuando el salario ya no da para pagar una habitación.

"Yo sigo organizada porque esta es una lucha de clase", explica, e insiste en que esto no se va a arreglar "de la noche a la mañana" y que se necesitan "medidas estructurales, cambiarlo de raíz".

Que se deje de considerar la vivienda como mercancía

"Mientras no se deje de considerar la vivienda como una mercancía, esto no va a tener solución", sostiene.

Por eso insiste en la organización colectiva: "Es muy importante que la gente busque asambleas de barrio, sindicatos, porque es la forma de estar organizada y acompañada cuando tienes un problema de vivienda".

"Estar organizada significa saber que vas a estar acompañada y que alguien va a acompañarte a luchar", añade.

A unos metros, tiendas de campaña, pancartas y asambleas mantienen en el centro de Madrid una protesta que ha vuelto a colocar la vivienda en el centro del debate público. Riquelme observa con especial esperanza la llegada de gente joven.

"Son los jóvenes mejor preparados que hemos tenido y los que peor van a vivir", lamenta. Pone como ejemplo a su propio hijo, de 35 años, ingeniero de telecomunicaciones y todavía sin poder emanciparse.

Por eso insiste en que su caso no debe entenderse como un golpe de suerte desligado de los años de movilización que lo precedieron. Los desahucios no siempre se consiguen frenar y muchas familias terminan obligadas a abandonar sus casas, pero su historia permite contar también la otra posibilidad: que una orden de lanzamiento se suspenda, que una negociación se abra y que una familia encuentre finalmente una alternativa.