Sara: La violación fue el precio a pagar para llegar a España

Sara, 24 años, de Costa de Marfil, víctima de violencia machista. EFE/Laura de Grado
Sara solo tiene 24 años, es de Costa de Marfil y llegó hace pocos meses a España. Tuvo que dejar a su hijo y abandonar su país para escapar de un matrimonio forzado lleno de violencia. En su huida fue captada por una red de explotación sexual y sufrió agresiones y violaciones para poder llegar a Europa. Ya en España regularizar su situación y ser reconocida como víctima de las violencias machistas que ha sufrido se torna misión imposible.
"Los que tenían dinero pagaron, a nosotras que no teníamos nos violaron para hacer el intercambio (por un lugar en la embarcación). Así es como nos dejaron pasar para poder cruzar el mar" y llegar a Europa, narra a Efeminista.
Casada a los 16 años con un hombre mucho mayor que ella, sufrió abusos y violaciones por parte de su marido, que pagó "mucho dinero" al padre de Sara para casarse con ella. Un año después, tras un embarazo y un parto complicado por el maltrato incesante, se escapó y regresó a su casa pero su padre la obligó a volver con su maltratador porque no podía devolverle el dinero que había pagado por Sara.
"Estando embarazada me pegaba y el niño empezó a tener problemas debido a los golpes y tuvieron que hacerme una cesárea", recuerda.
Obligada a prostituirse en Túnez
Un tiempo después, en 2017, consiguió escapar y llegar a Túnez, donde su sufrimiento sólo acababa de empezar.
"Así es como escapé. Tenía una amiga que estaba en Túnez y me puse en contacto con ella para que me ayudase a llegar hasta ahí. Ella conocía a alguien que hacía llegar a gente a Túnez, porque yo no tenía ni el dinero ni los medios para llegar [...] La señora que me pagó el billete se dedicaba a la prostitución y tenía a chicas que traía a Túnez y las metía en la red", cuenta Sara.
Sin dinero ni recursos, se vio amenazada y obligada a prostituirse en la red que dirigía la mujer que la había ayudado a llegar hasta ahí.
A las chicas, como llama Sara a sus compañeras, les confiscaban el pasaporte y las mantenían encerradas en una casa, sin contacto alguno con el exterior salvo con los puteros y proxenetas. Así pasó Sara seis años hasta que en 2021, a causa de los conflictos racistas entre los tunecinos y las personas negras del país, "se destruyó el lugar" y aprovecharon el caos para huir, sin destino ni lugar donde alojarse.
Ser violada, el precio para llegar a España
Sara cuenta como terminaron en el bosque, intentando atravesar el Mediterráneo, donde pasaron varios días esperando a que alguien las ayudase a cruzar. "Nos escapamos pero no teníamos lugar [...] intentamos cruzar el mar pero no eran tan fácil. Fuimos al bosque, pasamos ahí cuatro días. No comíamos ni había agua para beber y lavarse. Éramos muchas chicas, muchas mujeres con hijos también", recuerda.
Sin dinero, Sara y sus compañeras tuvieron que "pagar con su cuerpo" para poder subir al barco que las llevaría a Europa. "Así es como nos dejaron pasar para poder cruzar el mar."
Con la voz temblorosa, y pese a todo, Sara dice que tuvo "suerte de poder cruzar" porque si no, lo que les esperaba era la muerte. A la otra orilla del mar, en Lampedusa, las esperaban para acogerlas en refugios, pero muchas no acudieron por miedo. La red se extendía hasta ahí y los proxenetas las esperaban para prostituirlas de nuevo. "Yo esa vida no la quería otra vez" dice Sara a punto de llorar.
Ha sido en España donde ha obtenido la ayuda que buscaba gracias a Karibu, la asociación que proporciona ayuda humanitaria a los inmigrantes y refugiados africanos. "Tengo un sitio donde dormir y comer, aunque no tenga mis papeles [...] pero al menos me siento más en seguridad."
Sara tiene un objetivo claro: "Quiero tener mis papeles para poder trabajar y poder traer a mi hijo".