Imagen de archivo de cuando Eider Rodríguez (d) ganó el premio el premio Euskadi de Plata con Vivian Gornick (i). EFE/Juan Herrero.
Suscríbete a nuestra newsletter "Sin permiso"
Eider Rodriguez aborda la cotidianidad desde lo absurdo en 'Era todo el mismo hueco'
La autora vasca Eider Rodríguez reflexiona sobre la cotidianidad desde lo absurdo en su último libro de relatos, Era todo el mismo hueco, con traducción de Ander Izagirre.
En un encuentro con la prensa en Barcelona, Rodríguez (Errenteria, Gipuzkoa, 1977) ha explicado que "el absurdo nos da mucha verdad" y, a través de estos seis relatos, donde, por ejemplo, puede encontrarse a una mujer cavando un agujero impulsada por su pareja como si fuera una "terapia ocupacional", la autora ha buscado narrar "los huecos".
"Esta pareja es un poco inestable y de repente ella, en ese qué hacer, tan tonto e insignificante y sin objetivo, encuentra algo. No sabemos dónde vamos a encontrar los tesoros y me gustó que los relatos estuviesen entrelazados a través de esta idea del hueco", ha detallado sobre Era todo el mismo hueco.
Porque, como ha definido Rodríguez, los huecos pueden ser físicos, como el que cava una de las protagonistas, o "vacíos y existenciales", que se encuentran "cuando hablamos de personajes que han perdido un poco el norte y ni saben lo que quieren o desean".
El interés por lo no narrado
Era todo el mismo hueco también marca el retorno de Rodríguez a los relatos, después de la que fue su primera novela, Materiales de construcción (Penguin Random House, 2023).
Con esta nueva publicación de la mano de Penguin Random House, Rodríguez también ha tenido la oportunidad de abordar este vacío a través de las palabras, algo que le parece "absurdo", porque la escritura para ella es "llegar con palabras a ese lugar en el que ellas mismas no llegan".
"Me interesa todo lo no narrado, los silencios, lo que no ocupa la palabra. Siempre estamos rodeando un sentimiento o idea que no sabemos exactamente qué es. Lo que importa es el vacío que queda alrededor y lo que significa", ha explicado.
El paisaje para reforzar la cotidianidad
Esta cotidianidad presente en la literatura de Rodríguez también la plasma a través del paisaje, al que la da mucha importancia, o los oficios de los personajes y las casas que habitan, aunque no sean "el centro del relato".
Esta importancia al día a día viene de las propias inquietudes e intereses de la autora, que encuentra "fascinante hablar con gente que no tiene una vida de película".
El paisaje, por ejemplo, es importante porque le permite "controlar los pensamientos" del lector a través de las palabras, porque aquel que lee responde con su imaginación.
"Me desquicia leer algo que no tenga tierra ni cielo. Intento dar espacio a los lugares en los que suceden las cosas, porque marcarán las normas del relato: cuál es el clima, cómo son las casas y qué tipo de personajes viven en ellas... Al final, la persona que lee está imaginándose eso", ha explicado.
Personajes que no tienen "la vida resuelta"
Temas como la masculinidad, algo que la autora cree que es muy interesante. "Estamos en una época con todo lo referido al género y a la deconstrucción de las masculinidades" también están presentes en los relatos, argumenta.
Y sobre los oficios de los personajes, destaca que son vitales para construirlos porque "el trabajo ocupa mucho tiempo y marca un estatus".
De hecho, en Era todo el mismo hueco, Rodriguez presenta a chicas jóvenes que no saben lo que les deparará el futuro y que no tienen "la vida resuelta".
"Parece que si tienes trabajo, pareja y dónde dormir ya está todo hecho, y para nada. Me interesa mostrar estas costuras de lo cotidiano y ver cómo respiran los personajes desde esas roturas y exponerlos vulnerables", ha explicado.