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8M | Daniella Inojosa (Venezuela), activista contra las violencias machistas
La activista venezolana Daniella Inojosa lleva 38 años luchando por los derechos humanos en su país, especialmente por los derechos de las mujeres. Una experiencia que ha fortalecido desde la dirección de la organización no gubernamental Tinta Violeta, que le ha permitido conocer las diversas violencias que sufren las mujeres y las niñas en Venezuela y que se han exacerbado a lo largo de los años en un contexto marcado por la crisis económica.
"Creo que la mayor vulnerabilidad es la pobreza, la verdad es que en el mundo entero la pobreza tiene rostro de mujer (...) y la pobreza crea muchas vulnerabilidades (...) te arrastra a poner tu cuerpo como lo último que tienes para vender. Que las mujeres vean como una salida la prostitución es una cosa terrible, es decir, la explotación sexual de niñas y adolescentes, para mí es el peor de los flagelos que está viviendo Venezuela en este momento", detalla Inojosa en una entrevista con Efeminista.
Daniella Inojosa es una de las ocho constructoras de paz a las que Efeminista, con motivo del 8M, ha entrevistado en ocho países diferentes por su labor en la defensa de los derechos humanos en sus respectivos territorios, pese a la dura realidad que enfrentan cada día dentro y fuera de ellos.
La antropóloga de 53 años cree que en Venezuela queda mucho por hacer para avanzar hacia la igualdad, una batalla que, a su juicio, se da desde los distintos feminismos, mientras que jóvenes y adultas soportan cargas impuestas por el sistema patriarcal. Y aunque todas las violencias preocupan el número de feminicidios, que solo en 2023 alcanzó los 201, los casos de violencia sexual y embarazos adolescentes, donde Venezuela ocupa el primer lugar en la región, y el aumento de los matrimonios forzados en niñas causan alarma no solo en el país sino a nivel internacional.
La trayectoria de Daniella Inojosa
Pregunta (P).- Cuéntenos un poco sobre su trayectoria y los desafíos que ha enfrentado como defensora de los derechos humanos, especialmente siendo mujer.
Respuesta (R).- Yo comencé siendo feminista en 1986, porque una pareja que yo tenía decía que yo ya era feminista y que lo que tenía era que ponerle un fondo ideológico. Me regaló tres libros y ahí comenzó mi camino.
Empecé a acompañar a feministas mayores en luchas que ellas venían dando. La primera lucha fue buscar firmas e incidir sobre la Ley del Trabajo, la del 91, en la que se iba a reconocer por primera vez el (derecho al descanso) pre y el posnatal (...) Era súper importante que pudiéramos tener esos tiempos por la realidad del país, por el abandono parental que sufrimos las venezolanas por parte de los hombres. En este momento, el 58 % de los hogares está encabezado por una mujer sola, es decir, es importante el pre y posnatal en este país.
Fui víctima de violencia por una de mis parejas, lo que significa que cualquiera puede ser víctima de violencia, inclusive una feminista, no importa su clase social, ni su etnia, ni su preparación profesional, ni nada. La violencia basada en género es algo muy potente que te hace entender, además, la vulnerabilidad que tenemos las mujeres en un mundo culturalmente de hombres.

Daniella Inojosa posa para una fotografía durante una charla con EFE en 2021. EFE/ Rayner Peña R.
P.- ¿Cómo y por qué decidió dedicarse a la defensa de los derechos humanos en medio del conflicto en su país?
R.- Sé en primera persona lo difícil que es salir del círculo de la violencia, pero, además, la crisis económica en Venezuela (acentuada desde 2015) hizo que las instituciones del Estado se fueran contrayendo y, de tener un poderoso sistema de protección, empezamos a tener un sistema de protección cada vez más débil.
Un día (en 2018) mataron a una amiga, Mayela Hernández, una chica cercana a nosotras, cercana a nuestro movimiento y cuando la mataron -la mató su expareja, fue un feminicidio- nos enteramos de que tres meses antes ella había tratado de hacer la denuncia y el policía que la atendió le dijo que no la hiciera y la convenció porque tenían un hijo en común.
Eso a nosotras nos sensibilizó mucho y nos dimos cuenta de que necesitábamos acompañar a las chicas que están en esa situación. Y recuerdo, también, que nos llegó casi al mismo tiempo un caso de violencia sexual contra una niña de 2 años, y nosotras en ese momento no acompañábamos caso y tuvimos que emprender el acompañamiento a la familia de esta niña (...) Son las niñas, son las mujeres, son las adolescentes y no las vamos a dejar solas.
Violencia sexual y embarazos infantiles en Venezuela
P.- En medio de un conflicto interno, las mujeres suelen ser víctimas de diversas formas de violencia, especialmente la sexual. ¿Cuáles son las realidades específicas que enfrentan las mujeres en Venezuela y cómo influyen en el trabajo que realiza?
R.- Hasta hace dos años, no habíamos visto realmente un número de casos de matrimonio forzado importante (pero ahora sí hay) muchas uniones de hecho entre adolescentes, casi niñas, y hombres grandes, sobre todo los entornos rurales, para nosotros eso es violencia sexual, (...) con la pandemia vimos muchísimas violencias sexuales hacia niños y niñas.
Mujeres y adolescentes que sienten que la única salida económica que tienen a su realidad es la prostitución, que entran en un mundo que no saben manejar y donde ellas son el último eslabón. Y otra cosa son niñas y adolescentes pariendo, teniendo otros niños y otras niñas.
P.- Las mujeres se han puesto a la cabeza de la búsqueda y construcción de la paz en muchos territorios inmersos en la violencia por muchos años, ¿cree que la participación de las mujeres en la resolución de conflictos ha cambiado en algo la realidad que se vive en su país? ¿Esta participación ha sido suficiente y efectiva?
R.- Las venezolanas estamos agotadas, nosotras tenemos tres jornadas laborales: una para conseguir el pan de cada día, otra que es la de la casa y otra que es la de la comunidad, la de que las cosas funcionen en lo más local. Creo que estamos cansadas, que tenemos mucho peso, mucho trabajo sobre nuestros hombros.
Sin duda, somos las grandes constructoras de paz. La Resolución 1325 de la ONU, que pone de manifiesto la necesidad de que las mujeres sean tomadas en cuenta en la resolución de conflictos dentro de las políticas de los países que están en crisis o que están en conflicto, es un reconocimiento de lo que ya hacemos, porque cuando se dirimen los grandes conflictos en las comunidades casi siempre son las mujeres las que encabezan esa resolución de conflicto. Ahora es poca la incidencia que tenemos en ámbitos más grandes como el municipio.
Cuando hablamos de incidir más allá, es muy difícil que escuchen las voces de las mujeres y eso es lo que tenemos que cambiar. Es muy difícil que escuchen las necesidades y los aportes de las mujeres y esos aportes casi siempre van en consonancia con las necesidades que tienen los más vulnerables. Casi siempre los conflictos están protagonizados por hombres y son las mujeres las que los resuelven. Y eso es así en el hogar, en la comunidad y en todos lados.

La activista venezolana Daniella Inojosa, directora de la organización 'Tinta Violeta'. EFE / Miguel Gutiérrez
Más inversión para combatir la violencia
P.- ¿Cómo cree que la agenda feminista puede contribuir a la construcción de la paz en Venezuela y en otros lugares afectados por conflictos armados? ¿Qué mensajes o acciones específicas cree que son necesarias para avanzar hacia una paz feminista con enfoque de género?
R.- Creo que hay mucho por hacer y tiene que ver con un cambio cultural. Por ejemplo, nunca se han hecho campañas en el país, ni contra la trata ni contra la violencia ni contra nada que afecte realmente a las mujeres (...) Nunca se avanzó hacia la prevención de una manera contundente.
Creo que, así como se hacen grandes campañas electorales, hay que hacer grandes campañas contra los flagelos que afectan a las mujeres y que al final afectan al país, porque las mujeres no somos un sector de la población, somos la mitad de la población.
También es importante ir construyendo una cultura de la paz. La cultura de la paz pasa porque la violencia contra las mujeres, contra las niñas, contra los viejitos, contra las personas con discapacidad y contra aquellos que son diversos étnicamente sea políticamente incorrecta. Por ahí pasa la cultura de la paz, porque sino la paz no es nada.
P.- ¿Qué mensaje le trasladaría a los actuales líderes mundiales?
R.- La verdad es que hay que invertirle a la transformación cultural, hay que invertirle a (la lucha contra) la violencia en género, hay que invertirle a campañas que cambien la cultura de la guerra, la cultura de la violencia, sobre todo la violencia contra los más vulnerables.
La 'bla, bla, bla, bla' de poco sirve si eso no se traduce en una inversión de recursos y en una inversión de tiempo y de fuerza. Entonces, yo creo que esos números (del porcentaje de inversión global en igualdad de género) hay que verlos y hay que cambiarlos.