Cristina Sánchez

La periodista de RNE Cristina Sánchez. Foto: RNE

Cristina Sánchez: «El periodismo de guerra está muy masculinizado»

Ana Cárdenes | Jerusalén - 1 julio, 2019

Cristina Sánchez, periodista de Radio Nacional de España especializada en conflictos, refugiados, derechos humanos y género, cree que la invisibilización de expertas que analicen temas complejos como las guerras es un problema que ayuda a reforzar el sistema patriarcal arraigado en las zonas de conflicto.

La también corresponsal en Jerusalén, que recibió junto a Pilar Álvarez (El País) y Mamen Mendizabal (La Sexta) el premio Prensa-Mujer de AMECO (la Asociación de Mujeres de la Comunicación) el pasado 20 de junio, considera que es indispensable crear redes entre mujeres para «llevar esa ‘sororidad’ de la que tanto se habla ahora a nivel social al nivel profesional».

«El periodismo de guerra está muy masculinizado»

Pregunta: La asociación AMECO lleva 25 años promoviendo «una comunicación feminista y la eliminación de obstáculos que encuentran las mujeres periodistas en el desarrollo de su profesión». ¿Qué dificultades particulares se encuentran las mujeres en la comunicación y el periodismo?

Respuesta: En la información internacional, sobre todo en la que cubre conflictos, veo una ausencia evidente de voces femeninas, de testimonios de las mujeres, que son la mitad de la población, en zonas de guerras convencionales o que están pasando por situaciones muy particulares.

Generalmente este periodismo de guerra está muy masculinizado por el hecho de que los combates los llevan a cabo hombres y, en zonas en las que además el sistema patriarcal está muy arraigado, los portavoces suelen ser también ellos. Y no nos dedicamos -porque no hay el tiempo suficiente o porque no tenemos esa dinámica- a buscar los testimonios de ellas, que son tremendamente importantes. Yo siempre digo que yo no hablo de mujeres en mis coberturas por ser mujer, sino por una cuestión de rigor y de justicia, porque no puedes hacer una radiografía de un conflicto sin tener en cuenta la mitad de la población que sufre las consecuencias.

En lo que al análisis se refiere, echo en falta la participación de expertas. Las hay, pero quizá no tienen la visibilidad que tienen los expertos. Y eso también es una falla. La cuestión de la visibilidad es un problema que enfrentamos las mujeres en todos los ámbitos profesionales, también en el periodismo. Y quizá sería necesario que tanto mujeres como hombres hiciéramos un esfuerzo por encontrar esas expertas que pueden hablar de temas muy complejos, en los que al final parece que son sólo ellos los referentes.

«No puedes hacer una radiografía de un conflicto sin tener en cuenta la mitad de la población que sufre las consecuencias».

La importancia de la visibilización

P: ¿Hay un trato de igual a igual en periodismo por parte de los compañeros, editores o directivos? ¿Qué estrategias deben seguir las periodistas para alcanzar la igualdad?

R: Ahora mismo hay más mujeres cubriendo conflictos e información internacional en zonas de conflicto que hombres, a nivel internacional, no sólo en España. El problema es a la hora de identificar la información con el nombre de la persona: es mucho más fácil que se identifique una cobertura con un periodista cuando es hombre, fundamentalmente porque ellos, históricamente, han sabido vender muy bien su marca, es decir, su nombre, y nosotras históricamente hemos malentendido ese sentimiento de humildad por el que defendíamos que se nos debía conocer por nuestro trabajo y no por nosotras mismas, por nuestro nombre.

Esto está cambiando y ya hemos asumido que para que las generaciones que vienen detrás sepan que se puede llegar hasta allí tienen que tener referentes, y para ello las periodistas tienen que ser visibles y dar a conocer sus nombres, trayectorias, historias. Estamos dejando atrás ese complejo, como mujer, de no tener difusión, de no convertirnos en algo parecido a «periodistas estrella», que ellos nunca han tenido.

«No es que no estemos. Estamos. El problema es que no se nos ve».

P: Da la impresión con un vistazo a las redes sociales de que la fortaleza de las redes de apoyo masculinas es más fuerte.

R: Tenemos que crear nuestras propias redes, debemos llevar esa «sororidad» de la que tanto se habla ahora a nivel social al nivel profesional. Hay estudios que demuestran que ellos retuitean más a sus compañeros masculinos de profesión, que en sus referencias pesa más la figura masculina que la femenina. Bueno pues tenemos esa labor de atraer a los hombres hacia nuestro trabajo. Pero mientras lo que tenemos que hacer es empoderarnos en ese sentido. Es esencial apoyar y difundir los trabajos que cada una hacemos, de manera que cobremos el protagonismo que merecemos.

No voy a quitar mérito al trabajo que hacen mis compañeros hombres, pero quiero poner en valor el mérito de mis compañeras mujeres, que están ahí y que generalmente no es difundido ni reconocido como se merece. Históricamente ellos se han repartido los premios, la presencia en conferencias, mesas redondas, tertulias, programas de radio, de televisión. Con lo cual, los editores, o las direcciones de los medios, acaban recurriendo siempre a los que son visibles. Por eso para mí es fundamental la visibilización. No es que no estemos. Estamos. El problema es que no se nos ve.

«Siempre se pone más en duda nuestra credibilidad»

P: Estudios indican que las periodistas reciben más ataques online que los periodistas. ¿Cuál es tu experiencia?

R: Los hombres en cualquier ámbito profesional nacen ya con una cuota, y eso ya les da una credibilidad que las mujeres nos tenemos que ganar. Pero no sólo les da credibilidad, también una fortaleza a la hora de presentarse delante del público, que hace que los «haters» y el cuestionamiento continuo que hay en las redes sociales se cuide más de cuestionar al hombre que a la mujer.

Siempre se pone más en duda nuestra credibilidad. Y a la hora de atacarnos se utiliza lo que históricamente se ha utilizado contra las mujeres: sus relaciones personales, su aspecto físico, insultos que sufres por la calle y los sufres también en las redes sociales. Los ataques son también más sexualizados, porque las redes son reflejo de la sociedad patriarcal en la que vivimos.

P: ¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta el periodismo en España?

R: La precariedad y la polarización absoluta, que estamos llevando a unos extremos en los que todo es blanco o negro, sin paleta de grises.

Respecto a la precariedad, los medios consienten situaciones que denuncian en otros sectores profesionales: la subcontratación, tarifas por los suelos, falta de garantías de seguridad, como seguro cuando viajas o seguro médico si vives en otra ciudad, no cubrir los gastos de coberturas, etc.

«En una facultad de periodismo, que los alumnos y alumnas no conozcan el trabajo de las mujeres periodistas es una evidencia clara del camino que nos queda»

Mujeres referentes

P: ¿Por qué te hiciste periodista?

R: Yo me hice periodista viendo la película «Los gritos del silencio». Es una película muy masculinizada, protagonizada por un periodista y un fotoperiodista. Yo les veía y me decía «Quiero ser eso». Concretamente, quería ser John Malkovich, que es el fotoperiodista. Con el paso de los años me di cuenta de que mi referencia había sido masculina. Y después, a lo largo de los años, con los distintos conflictos que hubo mientras estudiaba, como Ruanda, Bosnia o Irak, me di cuenta de que también eran hombres los que al final se habían convertido en mi referencia.

Y entonces supe que ya no era única y exclusivamente que yo quisiera cubrir guerras y dedicarme a la información internacional, sino que quería reivindicar a las mujeres, que estaban ahí pero que yo no las veía. Las quería ver y poner en primer plano. Entonces decidí que eso también iba a ser otro de los objetivos del desarrollo de mi profesión. No solo cubrir conflictos, sino demostrar que las mujeres llevaban años cubriendo conflictos y poner en valor a esas mujeres que nos habían precedido.

Cuando daba conferencias en universidades siempre hacía un ejercicio antes de empezar. Pedía a los alumnos y alumnas que nombraran cinco hombres corresponsales y cinco mujeres. La lista de los cinco hombres la llenaban ipso facto. En la de mujeres siempre aparecían Maruja Torres o Rosa María Calaf, a las que agradecemos que nos hayan abierto camino. Pero muy poquitas más. Y yo creo que, en una facultad de periodismo, que los alumnos y alumnas no conozcan el trabajo de las mujeres periodistas es una evidencia clara del camino que nos queda.