MADRID, 06/04/2017. Retrato de la escritora catalana, Laura Freixas, durante su visita a la sede de la Agencia EFE en Madrid. EFE/ÁNGEL DÍAZ

Clarice Lispector y las pesadas cargas de las escritoras

Mercedes Ortuño Lizarán - 7 abril, 2020

Las mujeres, simplemente por el hecho de serlo, tienen que lidiar con varias cargas: entre ellas, ser concebida como un ser para otros y carecer de identidad propia. Para la escritora Clarice Lispector estas cargas fueron especialmente pesadas.

Así parte el análisis de Lispector que hace la escritora y crítica literaria Laura Freixas en su conferencia virtual «Clarice Lispector, ladrona de rosas», organizada por el Centro Sefarad-Israel en un 2020 en el que se cumplen cien años del nacimiento de Lispector.

Carencia de identidad propia

Haia Pinkhasovna nació en diciembre de 1920 en una Ucrania en guerra de la que tuvo que huir, siendo todavía muy pequeña, junto a sus padres y hermanos. Clarice fue el nuevo nombre que adoptó en su país de acogida, del que siempre se sintió parte: Brasil.

Exiliada prematura y huérfana temprana, Clarice Lispector habló en ocasiones de su «necesidad de pertenecer«, en palabras de Freixas, como cura a su desarraigo y a su falta de identidad propia. Quizá por ello se sintió «brasileña por encima de todo», aunque la cultura del país no llegara a calar demasiado en su obra.

Un ser para otros y no para una misma

La segunda de las cargas a las que tienen que hacer frente las mujeres -en particular, las creadoras– y que resulta evidente en la historia de Lispector es el hecho de vivir para otros y no para una misma.

Laura Freixas, gran conocedora de la biografía de la escritora brasileña, narra en su conferencia que la pequeña Haia fue concebida, «con amor y esperanza», para curar la dolencia de su madre, con síntomas de parálisis: «Una superstición decía que si una mujer enferma quedaba embarazada, sanaba».

Pero Mania (o Marieta, tras el exilio brasileño) murió, cuando su hija pequeña tenía apenas 13 años. La enfermedad que padecía era sífilis, transmitida por los soldados por los que había sido violada en Ucrania.

La muerte de su madre fue un hecho que Clarice Lispector nunca se perdonó y que comenzó a pesar en su conciencia, como pesa en la de muchas otras mujeres el fracaso por no cumplir con las expectativas creadas por otros.

De la vida a la obra

La complicada historia personal de la autora la convirtió en una persona atormentada. Este carácter se ve reflejado en muchos de sus personajes, sobre todo, en los femeninos.

El primer libro de Clarice Lispector, «Cerca del corazón salvaje«, sería el anticipo de una carrera en ascenso. También hubo novelas introspectivas, como «La pasión según G. H.«; libros vitales con versión cinematográfica, como «La hora de la estrella«; obras póstumasUn soplo de vida«), poemas e incluso pintura.

Mujeres domesticadas

Pero los textos en los que más asoma la personalidad de Lispector son sus cuentos; muchos, protagonizados por personajes femeninos. Freixas destaca cuatro en concreto: «La búsqueda de la dignidad«, «El amor«, «La imitación de la rosa» y «Feliz cumpleaños«.

En todos ellos, las protagonistas son mujeres domesticadas y cuyas vidas «no están individualizadas», sino que podrían ser intercambiables entre sí. Una educación que les ha enseñado a repetir y no a pensar por sí solas es lo que ha hecho que todas lleven exactamente la misma vida.

Un quinto cuento, «La mujer más pequeña del mundo«, que narra la vida de una salvaje. Esta última contrasta, según Freixas, con la idea de mujer domesticada que subyace en las cuatro historias anteriores.

Clarice Lispector falleció a los 56 años, víctima de un cáncer de ovario. Es comparada con figuras como Virginia Woolf, Jean-Paul Sartre o James Joyce y, más de cuatro décadas después de su muerte, mantiene una proyección internacional indiscutible.