Begoña Abad Madre

La poeta Begoña Abad (Villanasur Río de Oca, Burgos, 1952) posa en Zaragoza, donde reside actualmente, durante una entrevista para la agencia EFE. EFE/Javier Cebollada

Begoña Abad: poesía para los padres que se incorporan a los cuidados

Inés Escario | Zaragoza - 14 mayo, 2021

La autora Begoña Abad está convencida de que la poesía «es una forma de vivir» y así lo demuestra en su nuevo poemario ‘Madres’ (Pregunta Ediciones), un libro recopilatorio de uno de los principales temas de su obra poética, la figura de la madre, marcada por la belleza de las cosas cotidianas de la vida, en el que además reflexiona acerca de la paternidad, el confinamiento y los cuidados. 

Actualmente, Abad (Villanasur Río de Oca, Burgos, 1952) reside en Zaragoza, aunque una parte importante de su vida también está vinculada a Logroño, donde trabajó durante dos décadas como portera en un edificio de la ciudad, los años en los que empezó a publicar, recuerda en una entrevista con Efe.

Aunque «escribía de siempre», no fue hasta 2006, a los 54 años, cuando publicó su primer poemario, la «plaquette» ‘Begoña en ciernes’ y, desde entonces, la autora ya ha escrito catorce libros, incluido ‘El lenguaje de las ballenas’, pendiente de presentar debido a la pandemia.

Pero, como explica, ‘Madres’ fue concebido de otra manera. Es un libro pequeñito que pensó para regalar y para agradecer a todos los que la han acompañado y apoyado en su carrera literaria, incluido su nieto Alejandro, de diez años, que ilustra la portada.

«No como de la poesía, pero vivo de ella»

Pregunta.- Si existen diferentes maneras de estar en la Tierra, la suya, como reza el título de uno sus de sus poemarios, es «estar poeta». ¿Cómo es eso?

Respuesta.- Para mí la poesía es una forma de vivir. Me dicen: «¿Tú vives de la poesía?» Sí, claro, no como de ella, pero vivo de ella. Es como una militancia, ¿no? Entonces, cuando consigo «estar poeta» en el día a día es fantástico.

P.- La figura de la madre tiene una importancia crucial en su poesía y, por supuesto, en este libro.

R.- Es el tema universal y eterno: todos, absolutamente todos, nacemos de una madre. El libro trata además de la mujer, y de la relación entre madre e hija. También incluí un poema dedicado a mi hijo porque me gusta incluir a los varones que se suman a la crianza de los hijos, porque hasta ahora en los cuentos y en los libros para niños siempre es la madre la de los cuidados tiernos y el padre el que trabaja.

Los cuidados y la ternura siempre están en la figura de la madre y se lo quiero facilitar a los padres que se están queriendo incorporar: también ellos pueden ser madre.

Poemas nómadas

P.- Hace poco fue el Día de la Madre y las redes sociales se llenaron del poema ‘La medida de mi madre’: «No sé si te lo he dicho:/ mi madre es pequeña/ y tiene que ponerse de puntillas/ para besarme./ Hace años yo me empinaba,/ supongo, para robarle un beso./ Nos hemos pasado la vida/ estirándonos y agachándonos/ para buscar la medida exacta/ donde poder querernos.». ¿Recuerda en qué momento escribió este poema?

R.- Recuerdo perfectamente que un día al llegar a casa de mi madre -ella es pequeñita-, yo me agaché -que es un gesto que siempre hacía-, y ella me echó los brazos así hacia arriba y se puso de puntillas. De pronto, me vino la imagen y escribí el poema, sin pensar que iba a formar parte de un libro o que iba a ir por las redes sociales a su bola pasados tantísimos años. ¡Y me hace tanta gracia! Es casi como si no fuera mío.

Es curioso, porque pienso, no saben nada de mí, y yo he escrito eso de la forma tan natural como estoy ahora limpiando borraja, así, sin más. Y, de pronto, es el poema el que tiene vida… ¡yo ya no estoy! Eso es precioso, que a la gente le conmueva y se lo regale a su madre.

«Eres muy madre»

P.- En el libro, hay algunos poemas que son inéditos, escritos durante la pandemia, como ‘Las 8 de la tarde con gatos’. ¿Qué significaba para usted ese homenaje?

R.- Como cito en un par de poemas, mi hijo es médico de Urgencias y trabaja en el hospital que hay frente a mi casa. Cuando yo salía a aplaudir, pensaba que podían llegarle los aplausos a él. Cuando volvía de guardia no podía verlos, era un tiempo angustioso y de preocupación. Algunos poemas hacen referencia a eso.

P.- Ellos nos han cuidado durante la pandemia. Los cuidados también están muy presentes en los poemas de ‘Madres’, ¿es así?

R.- Sí claro, por lo menos a mi generación nos han preparado para los cuidados, era para lo que estábamos. A veces cuidabas a los hermanos más pequeños -yo no porque no tengo-, a veces a los abuelos -que sí que me ha tocado-, y es algo que va pegado a la piel. Y sigue, mis amigas me han dicho muchas veces: «Eres muy madre». Y yo no soy consciente de esa tendencia a mimar, a querer, a escuchar… Está tan metido dentro que es algo natural. Las mujeres venimos así de fábrica (ríe).

Escribir con culpa

P.- ¿Imaginaba que escribir también podía venir «de fábrica»?

R.- Todo lo contrario. De hecho, esta cosa de escribir era como una especie de rareza que percibía en mí y en los demás no percibía. Yo escribía a escondidas, como si hiciera algo mal. Se ríen cuando lo cuento, pero es la pura verdad; pensaba: «Dios mío, pero cuándo se me va a pasar esto». Porque eso me saca de la fila de hormigas, y eso da mucho miedo.

A veces se me pasaba, pero claro, con el tiempo volvía y yo decía: «Otra vez esto». De pequeña, cuando recogí en el Teatro de Vitoria el premio de Coca-Cola fue la primera vez que mis padres dijeron: «Esto que hace esta cría, sirve para algo, le van a dar un premio». Era así como se vivía: «¿Escribir para qué sirve?».

P.- ¿Y cómo lo vivía?

R.- Lo vivía con ese punto de culpa. Solo lo disfrutaba porque era como entrar en mí y ser libre de poder contar lo que me diera la gana porque no lo iba a leer nadie. Pero nunca me dio para tener vanidad alguna, y sigo pensando que es la parte más libre de mí la que escribe y que ese es el premio mayor. No hay premio posible que alcance esa satisfacción; y si lo comparto con alguien y le sirve, eso ya es como para agradecer a la vida permanentemente. Así lo vivo ahora.

Recordar a la madre con amor

P.- Concluimos con ‘Oda a las lentejas de mi madre’, donde celebra ese «sabor invisible de lo mínimo». Muchos de sus poemas hablan de la belleza de lo cotidiano, ¿a veces nos olvidamos de lo que tenemos más cerca?

R.- Claro, todo lo que escribo tiene ese fin, el de que seamos capaces de buscar la belleza de lo cotidiano, la mirada poética en lo cotidiano, y hacer que lo demás lo vean, por eso lo de «estar poeta».

Ese poema es muy reciente: yo sé que a mi hijo le gustan las lentejas y como sé que a los críos les gustan un poco menos, siempre pongo menos esa legumbre. Y un día dije: «No, le voy a hacer lentejas porque le gustan a él». Y escribí el poema. Era ese ritual de preparar las lentejas con todo el amor del mundo a mi hijo porque le gustan y, entonces, se lo llevé con el poema y le digo: «Te traigo las lentejas, pero con una oda; no son unas lentejas cualquiera».

Yo creo que es una cosa muy repetida, con el paso del tiempo oyes a la gente decir: «Las mejores lentejas las hacía mi madre y la tortilla, como mi madre, no la hace nadie». Y eso es hablar de amor, es la forma de recordar a la madre con amor, y de eso se trata.