Susana Rodríguez: "Siempre ha habido una cultura femenina paralela a la institucional"

Portada del 'Espejo de diana' (Lunwerg Editores) de la escritora Beatriz Rodríguez. Créditos: Alba Ramírez

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Beatriz Rodríguez: "Siempre ha habido una cultura femenina paralela a la institucional"

Ane Amondarain | Redacción Efeminista - 4 diciembre, 2024

En el Espejo de Diana, la nueva novela de Beatriz Rodríguez, la autora propone una historia fundacional de la humanidad, narrada en clave de realismo mítico, y con mujeres sabias, parteras y brujas como protagonistas, porque, como asegura la escritora, "siempre ha habido una cultura femenina paralela a la institucional", aunque ésta haya estado silenciada e invisibilizada por siglos.

"Es a partir de un relato que publico en la Revista Ñ que empiezo a dibujar una historia épica y fundacional sobre la humanidad contada desde el punto de vista de las mujeres. Ese punto de vista me lleva a ahondar en una religión alternativa, que me acerca a otras costumbres y otros inicios civilizatorios que tienen más que ver con el matriarcado, que con el patriarcado. Todo lo que identificamos con el patriarcado está ligado al capitalismo, a la religión católica... y lo que se identifica en la novela es todo lo contrario a eso", explica Rodríguez en una entrevista con Efeminista. 

A caballo entre la magia y la ciencia, Rodríguez (Sevilla, 1980) se sumerge en este libro, editado por Lunwerg, en una historia costumbrista enmarcada en el entorno rural, donde lo femenino y lo masculino se enfrentan a través del linaje de dos familias encaradas y emparentadas al mismo tiempo.

El sometimiento femenino en la ruralidad

La obra aborda el sometimiento femenino en el ámbito rural desde una perspectiva profunda, elevando una historia cotidiana al terreno de lo simbólico. Entre la realidad y el mito, se explora el ancestral poder de las mujeres, un legado silenciado y anulado a lo largo de la historia.

"Lo femenino ha convivido con la violencia masculina de manera casi ancestral y fundacional. La magia se convierte entonces en un método de defensa hacia la violencia que ejercen los hombres contra el cuerpo de las mujeres de todas las maneras desde el principio de los tiempos", sostiene la autora. 

La también escritora de la novela Cuando éramos ángeles (Seix Barral, 2016) y de los libros de relatos La vida real de Esperanza Silva (Casa de cartón, 2013) o El sexo de las embarazadas y otros relatos salvajes (Elenvés, 2021) confiesa que el poner el foco en historias que dan protagonismo a las mujeres no es casual: "Me interesa romper los tópicos e intentar no hacer personajes prototípicos con respecto al tema de la violencia contra las mujeres, que me parece fundamental". 

Una historia épica y fundacional de la humanidad

Pregunta (P).- ¿Qué es lo que la llevó a escribir El espejo de Diana?

Respuesta (R).- Este libro inicia con un relato que me piden para la Revista Ñ y entonces empiezo a perfilar el personaje de Felisa para escribir una historia sobre el maltrato en el que intento cambiar el punto de vista de la víctima sobre la pareja que la está manipulando. Es a partir de ese relato que empiezo a pensar más en el personaje de Felisa, en una partera casi que por obligación, y empiezo a dibujar una historia épica y fundacional de la humanidad contada desde el punto de vista de las mujeres. Ese punto de vista me lleva a ahondar en una religión alternativa, que me acerca a otras costumbres y otros inicios civilizatorios que tienen más que ver con el matriarcado, que con el patriarcado. Todo lo que identificamos con el patriarcado está ligado al capitalismo, a la religión católica... y lo que se identifica en la novela es todo lo contrario a esto.

Aquí encontramos lo común, la ciencia de hembra vinculada al cuerpo de la mujer, la revisión de una religión más panteísta dedicada al símbolo, y la magia como antesala de la ciencia, porque la ciencia de hembra es un híbrido en el que hay un poco de magia heredada, pero también una búsqueda de conocimiento sobre lo pragmático y lo real.

"Nos hemos contado nuestra historia unas a otras"

P.- En estas páginas las protagonistas son ellas, parteras, sabias, brujas... ¿Qué es lo más le fascina de estos personajes vinculados al mundo de la magia y el misticismo?

R.- En realidad, surge de lo personal. En nuestro entorno siempre hemos tenido historias de alguna mujer cercana que te contaba que conocía la tierra, las hierbas, los remedios a los dolores, que sabía prevenir embarazos y deshacerlos... Siempre ha habido una cultura femenina paralela a la institucional que ha funcionado por el boca a boca. Es lo que dicen en la segunda parte de la novela las madres de la tierra, que nunca se han fijado en la historia ni en los libros. Nosotras nos hemos contado nuestra historia unas a otras y dentro de esa historia estaba también la magia y el conocimiento sobre lo que afectaba a las mujeres, ya sea física o anímicamente.

La ruptura con los mandatos impuestos

P.- El espejo de Diana, que da título al libro, es un personaje más que todo lo ve y todo lo escucha. ¿Quién es ella en realidad?

R.- El espejo de Diana es muchas cosas. Es un lago que está inspirado en el espejo de Diana del lago del que habla Jonathan Fraser en la Rama dorada, un libro en el que el autor reflexiona sobre el paso de la magia hacia la religión a través de los ritos. Las mujeres a las que llamaban brujas establecían un culto a Diana, la diosa de la Luna. De esa idea de Diana y de la concepción de la brujería escribo una historia circular real sobre una saga de mujeres que heredan unos mandatos que van cumpliendo, pero también transgrediendo, desde Felisa, quien empieza a transgredir de alguna manera, hasta Isabel Acosta y Alejandra. Esta última personifica la ruptura total del paso de la magia a la ciencia. Entonces, el espejo de Diana también es un personaje del que conocemos poco, pero que al final de la novela descubrimos que es una niña. En definitiva, es el reflejo de todas esas mujeres en su propia conciencia y de alguna manera dejo la puerta abierta a que ella se libere de esas herencias también.

Poner la mirada en las diosas

P.- ¿Son estas mujeres reales o míticas?

R.- Si te refieres a si estos personajes existen o existieron, no está inspirada en mujeres reales. Es cierto que seguramente está inspirada en muchísimas mujeres que he conocido a lo largo de mi vida, pero de una manera fusionada. Hay algunos momentos de la novela que sí pueden tener una correlación más directa con cosas que sí que me han contado, pero son mujeres que obedecen más a la estructura mítica que le quería dar a la novela. En ese sentido, Felisa podría ser Afrodita; Isabel Acosta, Medea; e Isabel Maldonado, Hestia, la cuidadora del fuego. Sí que hay una correlación con el mito justo por ese tema fundacional que quería transgredir al contarlo desde el punto de vista de las diosas y no de los dioses.

La magia como paso previo al conocimiento

P.- ¿Es la novela una apología de la magia y el misticismo?

R.- No, todo lo contrario. La magia durante mucho tiempo ha estado integrada en el conocimiento. De hecho, hasta hace poco más de un siglo, la astrología y la astronomía eran parte de la misma ciencia y los astrónomos también conocían la astrología y se valían de ella. Al ser una historia fundacional, quería integrar la magia como un paso previo al conocimiento, pero el personaje de Alejandra, que es el que introduce el concepto de la ciencia, habla de que hay que evolucionar, de que tienes que tener pruebas... De alguna manera, ella inicia el método científico en todo ese conocimiento previo del que se han alimentado las mujeres y que en muchas ocasiones ha fallado.

Uno de los temas que Felisa arrastra es la muerte de todos los niños y de todas las mujeres a las que ha asistido y no ha podido ayudar. En ese sentido, lo que quiero contar con la novela es que no hay que quedarse en lo superficial o en lo que te han contado, sino que hay que ir un paso más allá para adquirir conocimiento que, al fin y al cabo, es poder. Esa lucha de poder entre lo masculino y lo femenino también tiene que estar muy centrada en el conocimiento.

La magia como método de defensa contra la violencia machista

P.- Es llamativo, como se puede ver en el libro, hasta dónde llega la violencia de género también a través de las supersticiones.

R.- Sí, además, lo femenino ha convivido con esa violencia de manera casi ancestral y también fundacional. Las mujeres estamos marcadas por la violencia de una manera atávica, de una forma tan profunda y tan anterior a nuestra propia experiencia que no podemos ni explicarlo. Es entonces cuando la magia se convierte en un método de defensa hacia la violencia que ejercen los hombres contra el cuerpo de las mujeres de todas las maneras desde el principio de los tiempos hasta llegar al punto de que si había sequía y en el pueblo había una mujer que no tenía hijos, ella era la culpable de todo. Eso obedece también al miedo de los hombres a ese poder real y efectivo de las mujeres sobre la natalidad y sobre el conocimiento sobre su propio cuerpo. Es un círculo vicioso del que parece que no podemos salir.

Elena Garro y Margaret Atwood, fuentes de inspiración

P.- ¿Qué autoras han sido su fuente de inspiración para la construcción de este relato?

R.- La gran referente de esta novela es Elena Garro, una de las grandes impulsoras del boom, por no decir la primera escritora que trabajó en términos de realismo mágico. Cuando estudié Filología Hispánica, le dedicábamos al boom del realismo mágico todas las horas de Literatura Hispanoamericana habidas y por haber, pero nadie en la vida me habló de Elena Garro, hasta que hace diez años un escritor venezolano me recomendó Los recuerdos del porvenir. El punto de vista del lago se lo debo a Elena Garro y a este libro suyo en el que la historia la cuenta la voz del pueblo. Me pareció muy novedoso y refrescante entender esta historia entre hombres y mujeres contada desde una mujer. Por supuesto, Margaret Atwood, que tiene relatos largos en los que habla de manera también colectiva en primera persona del plural sobre los daños ejercidos contra las mujeres. Por último, Cristina Sánchez Andrade también es una escritora a la que leo y admiro desde hace algunos años. Me parece una de las mejores escritoras y me fascina su universo y su tratamiento de la realidad. 

Romper con los tópicos de las víctimas de la violencia de género

P.- En su carrera literaria ha puesto el foco en la historia de mujeres de diferentes época. ¿Qué es lo que le ha hecho poner la mira ahí? 

R.- Me interesa romper los tópicos e intentar no hacer personajes prototípicos con respecto a la violencia contra las mujeres, que me parece un tema fundamental. Me interesa desmenuzar el concepto de víctima para ver cómo nos podemos fortalecer. Hacer una disección de todos los tipos de mujeres y de todos los tipos de reacciones que puede haber ante ese atentado contra nuestros cuerpos. Es probable que ese ejercicio nos fortalezca y nos ayude a luchar contra ello.

Sin embargo, estos personajes no están en guerra con los hombres, es al contrario. Estas mujeres no están luchando, están intentando conservar su espacio y ni siquiera lo están intentando porque no se están dando cuenta. Se dan cuenta muy a posteriori de lo que está ocurriendo. Ellas no pueden entender el daño que hacen los hombres entonces no atacan porque no se sienten atacadas hasta que reflexionan generaciones después.

"El feminismo se ha dividido y no vamos a llegar a ninguna parte así"

P.- ¿La lucha viene entonces después de haber adquirido los conocimientos?

R.- Sí. En la novela una de las personajes dice que no entiende en qué momento el hombre convirtió a la mujer en su enemiga. Yo creo que va de esto, de cómo las mujeres intentamos conservar un espacio que molesta a los hombres y no sabemos el por qué. Las mujeres no queremos ganar el espacio de los hombres, sino por conservar el nuestro y empoderarnos.

P.- ¿Crees que se está avanzando en la concientización de la violencia de género?

R.- No. No creo que se esté avanzando. Los resultados de las últimas elecciones en Estados Unidos con respecto al voto feminista son desoladores. El feminismo se ha dividido y no vamos a llegar a ninguna parte así, no vamos a conseguir conservar nuestro espacio. Sí que es un grandísimo avance que las mujeres podamos alzar la voz sobre las injusticias que operan sobre nuestros cuerpos, cosa que antes no ocurría, pero hay una parte que me preocupa que es la de la denuncia sin denuncia. Estar al margen de la legalidad, establecer un discurso paralelo al judicial en el que se protesta, pero que a nivel de impacto social no sé exactamente a dónde va a llegar. Estas cosas tienen que estar ya en los juzgados, no en las redes sociales.

Las historias alternativas quedan en un círculo minoritario

P.- ¿Se está gestando un cambio en el mercado editorial en lo que respecta a este tipo de historias disruptivas? 

R.- Tampoco. Creo que son las editoriales independientes las que están haciendo un grandísimo trabajo dando voz a escritoras que están contando historias de mujeres que no se habían contado antes. Pero el mercado y la industria editorial no está en eso, está, como todas las industrias, en entretener a través de historias ligeras y fáciles. Lo que ocurre con las escritoras que cuentan historias alternativas es que al final se quedan en lo pequeño, en lo minoritario. Ahora mismo se están publicando muchísimos libros con una tendencia neoliberal o ultraliberal muy potente, en la que una tiene que solucionarse su vida por sí misma porque es culpable de todo lo que le ocurre. Este es un mensaje que está llegando también a las mujeres, y todo obedece a un sistema capitalista que no quiere que la gente alce la voz de manera colectiva. Creo que eso es lo opuesto a lo que debe hacer el feminismo.