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Anna Sánchez, sexóloga: "Con la educación sexual prevenimos abusos, violencia y relaciones desiguales"

Laura de Grado Alonso | Madrid - 24 enero, 2026
La primera clase de educación sexual de muchos adolescentes y preadolescentes ya no llega en el aula, sino a través del móvil y de internet, entre pornografía, desinformación y nuevas formas de violencia sexual digital. Ante este escenario, la sexóloga y formadora Anna Sánchez Bedahan reclama que España avance hacia una "educación sexual integral obligatoria, transversal y sostenida" en todas las etapas educativas y que incluya el entorno digital como herramienta clave para prevenir la violencia y las relaciones desiguales.

"Con la educación sexual no solo prevenimos embarazos e infecciones, prevenimos abusos, violencia, culpa, relaciones desiguales y mucho sufrimiento evitable", defiende la sexóloga clínica y educadora sexual de Platanomelón, Anna Sánchez Bedahan, en una entrevista con Efeminista por el Día Internacional de la Educación, que se conmemora el 24 de enero.

La fecha, establecida por la Asamblea General de Naciones Unidas y la Unesco, busca reconocer el papel de la educación en favor de la paz y del desarrollo y recuerda que, sin una educación inclusiva, equitativa y de calidad y oportunidades de aprendizaje durante toda la vida, no se alcanzará la igualdad de género ni se romperá el ciclo de pobreza que excluye a millones de niños, jóvenes y adultos.

¿Cómo es la educación sexual en España?

En España, la ley educativa vigente, la LOMLOE, incorpora la educación para la salud, la igualdad y el bienestar emocional como elementos transversales y los currículos básicos de Primaria y ESO incluyen referencias a la educación afectivo-sexual. Sin embargo, Anna Sánchez describe un panorama desigual en los centros educativos, donde la educación sexual depende en gran medida del territorio, del centro e incluso del profesorado.

Esa falta de homogeneidad, sostiene, provoca que algunos centros desarrollen programas propios mientras otros opten por no abordar el tema o reducirlo a intervenciones puntuales. Y cuando se aborda, Sánchez considera que a menudo se hace desde un enfoque limitado, centrado en la prevención del embarazo y de las infecciones de transmisión sexual.

"Es un educar desde el miedo", afirma, al recordar que los talleres tradicionales suelen limitarse a la explicación de cómo usar el preservativo y a los riesgos, sin incorporar otros elementos esenciales como el consentimiento, el autoconocimiento, los límites, los cuidados, el deseo, la diversidad o las emociones.

"Con la educación sexual no solo prevenimos embarazos e infecciones, prevenimos abusos, violencia, culpa, relaciones desiguales y mucho sufrimiento evitable", asegura.

La Academia, un proyecto para formar a las familias

Anna Sánchez participa en la Academia, un proyecto formativo impulsado por Platanomelón, que nació, explica, de la necesidad de ofrecer recursos a una generación de madres y padres que quiere educar de otra manera, pero no siempre sabe cómo.

"La misión de Platanomelón siempre ha sido difundir información sobre sexualidad y educación sexual", indica, pero con el paso del tiempo detectaron un patrón que se repetía en talleres y consultas: "la conciencia estaba, pero los recursos igual no tanto".

La Academia, que cumple un año en febrero de 2026, está dirigida a personas adultas, familias y profesionales, y se estructura por edades para adaptar los contenidos y el lenguaje.

El objetivo es alejarse del modelo puntual de "una charla un día" porque "no es lo mismo" lo que se aborda en la primera infancia que lo que se trabaja en preadolescencia o adolescencia.

"Academia va mucho más allá de dar tips, son horas de formación", subraya Sánchez, que detalla que el programa se estructura en módulos específicos para 0-6 años, 6-12 y 12-16, con materiales adaptados a cada etapa y recursos descargables para trabajar en casa y en familia. Además, incorpora herramientas de comunicación e inteligencia emocional.

Según datos de Platanomelón, el 75 % de las personas nunca o rara vez ha hablado de sexualidad en casa. Ante la falta de educación sexual, el 73 % de las personas recurre a sus amigos y el 51 % busca respuestas en redes sociales o internet.

Desde su lanzamiento, 1.610 personas ya han realizado algún curso, una cifra que, según la sexóloga, confirma que existe demanda y también inquietud.

Entre las dudas más repetidas, destaca "cuándo empezar" y "qué decir en cada etapa", además del tabú cultural que sigue frenando muchas conversaciones. "A mucha gente le da vergüenza porque no se lo han explicado y creen que no van a saber contestarlo todo", añade.

"Cuando no explicamos, no hablamos, no educamos, ya estamos enseñando (a no hablarlo)", recuerda.

Anna Sánchez Bedahan, sexóloga clínica y educadora sexual de Platanomelón, en una entrevista con Efeminista.

Pornografía y redes: la "otra escuela" sexual que sí llega siempre

Sánchez advierte de que buena parte de la educación sexual de adolescentes y preadolescentes se está produciendo fuera del aula y de la familia, con la pornografía y las redes sociales como principales fuentes de referencia.

"La adolescencia, en general, ya ha consumido porno; lo haya buscado o no, ya ha llegado a su pantalla o a la pantalla de un compi", sostiene, y considera que esa exposición temprana obliga a anticiparse con una educación sexual integral que llegue antes y no cuando el imaginario ya está construido.

En España, el 66,8 % de jóvenes de 14 a 18 años reconoce haber consumido pornografía al menos una vez en su vida; el 58,6 % lo hizo en los últimos doce meses y el 44,5 % en los últimos treinta días, según el Informe sobre adicciones comportamentales y otros trastornos adictivos 2024, del Ministerio de Sanidad.

Save the Children sitúa el primer acceso alrededor de los 12 años y apunta a un consumo frecuente en una parte importante de adolescente.

La terapeuta alerta de que ese material "en muchos casos ni siquiera es pornografía, son vídeos violentos, el contenido es más violento que sexual".

Incorporar el entorno digital en la educación sexual

Ese escenario digital, añade, no solo condiciona expectativas y prácticas, sino que ha abierto una puerta a nuevas formas de violencia sexual y sitúa entre los principales riesgos la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento, el acoso sexual en redes y la manipulación de contenidos mediante inteligencia artificial, como los deepfakes.

A su juicio, el sistema educativo llega tarde también en este terreno y todavía cuesta identificar como violencia lo que ocurre en una pantalla.

"No hemos hecho la conexión de que aunque sea por internet, esto es una persona… y esta persona nos está atacando o acosando", sostiene, y advierte de que el impacto es real y persistente, porque el hostigamiento ya no termina al salir del centro educativo, sino que puede continuar en casa a través del móvil.

"Las tecnologías digitales se están desarrollando más rápido de lo que podemos actualizar nuestro currículum, pero creo que no podemos olvidarnos de ellas y creo que cualquier programa de educación sexual debe incluir tecnologías, porque nuestros jóvenes se están relacionando más en internet que en persona", insiste.

Educación sexual desde la infancia para prevenir abusos

Sánchez defiende que la educación sexual empieza en la primera infancia y que su papel es también preventivo, especialmente frente al abuso sexual infantil.

"Es un tema que da mucho miedo ni siquiera nombrarlo", afirma, aunque recuerda que la realidad obliga a mantener la guardia alta, sobre todo porque "la mayoría de estos se suelen dar por una persona del entorno".

En ocho de cada diez casos de abusos sexuales contra la infancia, el agresor es alguien del entorno familiar o conocido del niño o la niña, y el 96 % de los abusadores no tiene antecedentes penales relacionados con violencia sexual, según un informe de Save the Children.

Tres de cada diez personas en España ha sufrido violencia sexual en la infancia y la adolescencia, un 28,9 %, según un informe del Ministerio de Juventud e Infancia.

Para la sexóloga, la clave está en incorporar aprendizajes sencillos y cotidianos que refuercen la autonomía corporal y la capacidad de pedir ayuda. Entre ellos, aprender a nombrar las partes del cuerpo, los límites, distinguir lo público de lo privado y entender que esas zonas íntimas no deben ser tocadas por adultos.

En su enfoque, la educación sexual integral desde la infancia no adelanta nada, sino que actúa como una herramienta de protección para que, si ocurre algo, el menor pueda contarlo con claridad.

Una educación sexual integral "obligatoria, transversal y sostenida"

Por ello, Anna Sánchez reclama con "urgencia" una "educación sexual integral con perspectiva de género que sea obligatoria, transversal y sostenida en el tiempo" en todos los centros y etapas, "desde Infantil hasta Bachillerato o FP", e impartida por profesionales con formación específica.

También plantea que el despliegue en las aulas debería coordinarse con las familias para reducir resistencias y evitar malentendidos. A su juicio, una comunicación clara sobre contenidos y recursos ayudaría a desactivar el temor de que la educación sexual se limite a hablar de prácticas y permitiría reforzar las conversaciones en casa.

Ante las familias que sienten vergüenza o inseguridad para abordar estos temas, la sexóloga insiste en que no es necesario tener todas las respuestas y que también educa reconocer los límites propios. La sexóloga considera que la vergüenza no es un problema individual, sino "cultural" y que responde a "siglos de tabú en torno a la sexualidad". 

"No hace falta saberlo todo, lo importante es abrir el canal y sostener el vínculo, para que sepan que pueden venir a casa con preguntas sin miedo ni vergüenza", concluye.