Ángela Becerra: Las mujeres hemos pasado del miedo a la valentía

Cristina Bazán | Madrid - 16 junio, 2019

Para la escritora colombiana Ángela Becerra la evolución que ha tenido el movimiento feminista en la historia ha sido muy importante. «Este feminismo actual está exaltando la feminidad, la intuición y el talento femenino (…) Se ha pasado del miedo, se ha atravesado la barrera del límite y se ha ido a la valentía», resalta.

En su último libro, Becerra cuenta la vida de Betsabé Espinal, una joven de 23 años que lideró la primera huelga feminista en Colombia y cuya lucha fue olvidada en la historia. «Algún día, hoy» (Planeta), le hizo ganar el Premio Fernando Lara 2019.

Su nuevo libro

P: En «Algún día, hoy» abordas la historia de la joven que lideró la primera huelga feminista en Colombia, ¿por qué decidiste contar esta historia?

Porque creo que era de justicia. El hecho de que durante casi 100 años esta niña haya estado sumergida en el olvido me parece muy injusto. Es una historia que me llegó a mí a las dos y media de la mañana de una noche en que no podía dormir y puse la televisión. Había salido una foto de ella y es como si me hubiera llamado y me hubiera dicho: devuélveme la vida. Y una manera de hacerlo era contar la historia.

El tema es que de ella de sabía poquísimo. El momento en que ella se hace visible es en la huelga. En ese momento esas mujeres estaban viviendo unas vejaciones y unas injusticias terribles, las tenían trabajando descalzas en una fábrica textil. No las dejaban ir al baño y además había un agujero por donde las observaban.

Eran niñas entre los 11 y los 25 años que las tenían casi en estado de encarcelamiento en un patronato regentado por monjas e iban del patronato a la fábrica. En la fábrica habían tres capataces que abusaban de ellas. Las que quedaban embarazadas muchas acababan en la prostitución, otras acababan en el manicomio. Así que era una cosa tremenda.

Ella se levanta contra los patronos. Un día se sube en un taburete, arenga y envalentona a las 400 obreras que estaban allí y logran parar la fábrica casi un mes, la primera fábrica textil de Colombia. El país se solidariza con ellas, porque eran niñas que se estaban enfrentando al poder político, social y clerical.

P: Pero ¿por qué crees que esta historia se olvida? fue algo tan importante incluso para las mujeres…

R: Se olvida precisamente porque no hay quien la recuerde. En el paso de los años se fue cubriendo y luego hubo otra mujer. En los registros periodísticos de la época aparece esta niña, luego desaparece y hay otra que coge la fuerza mediática.

Entonces yo creo que con este libro, que además me ha tocado digamos ficcionar casi toda su vida, salvo las tres semanas de la huelga, ella ha vuelto a coger un lugar y ahora se está investigando sobre ella. Ahora un colegio, que era privado y que ahora se ha hecho público, que le ha puesto su nombre. Ya empieza a aparecer en la historia.

El movimiento feminista

P: Y desde que ocurre esa huelga hasta ahora, ¿cómo ves la evolución del movimiento feminista en Colombia?

R: Cuando empecé a escribir esta novela en el 2013 todavía no había aparecido el MeToo, ni Emma Watson había hecho el discurso en Naciones Unidas, pero yo creo que ya había como un caldo de cultivo, estaba latente esto.

Yo veo muy similar el momento actual femenino en Colombia al movimiento que está sucediendo aquí en España y en toda la sociedad occidental.

Creo que hay una diferencia con el feminismo de la época de los años 70, 80, que era un feminismo muy rancio, en el que la mujer había adquirido comportamientos masculinos. Se había hecho como una caricatura de ella para buscar ser respetada. Estaban renunciando a muchas cosas y por eso no tuvo éxito, porque no fue una cosa auténtica.

Ahora yo creo que este feminismo actual está exaltando la feminidad, la intuición y el talento femenino. Digamos que está en consonancia con la realidad de lo que tiene una mujer y no está contra el hombre. Y creo que en la medida en que el hombre se de cuenta de que (el movimiento) no está contra él, también se va a ver beneficiado. Porque el hombre también lleva una carga de mala educación de muchos años.

El no permitirse dejarse ir en los sentimientos con los hijos, por ejemplo, eso también es una carga. Así que yo pienso que esto es la punta de un iceberg y que no hay marcha atrás. Va en pro de que esa equidad se llegue a dar. No es tan fácil, no se va a dar de aquí a mañana, pero yo pienso que tenemos que hacer algo.

¿Yo en qué lo hago? pues en lo que puedo. Mi grano de arena es la escritura y si yo desde la palabra puedo denunciar hechos y abrir un espacio, ese grano de arena más otro grano de arena puede llegar a formar una montaña. Y es de lo que se trata, de que cada persona aporte para un mundo mejor, más equitativo, más justo para nuestros hijos, nietos y bisnietos.

«Ya se ha dado el primer paso»

P: ¿Y crees que todavía hay derechos que las mujeres necesitan reivindicar para alcanzar la igualdad?

R: Claro, es que apenas estamos empezando. Esto ha sido un tema que ha ido dilatándose en el tiempo y se ha ido aceptando hasta que hace muy poco alguien dijo basta. Y yo creo que esto empieza con el discurso de Emma Watson en Naciones Unidas.

Se ha pasado del miedo, se ha atravesado la barrera del límite y se ha ido a la valentía. Se han ido sumando y ahora se dan cuenta de que no es tan difícil. O sea, una gran marcha empieza por un paso y ya se dio el primer paso. Somos el 52 % de los cerebros del mundo. ¿Cómo se puede desperdiciar eso? es imposible. Eso es ir contra lo que es la realidad de la vida.

«En la literatura si eres mujer, escribes y además no eres fea entonces tienes que ser mala. O sea, cosas tan estúpidas»

La discriminación en la literatura

P: ¿Te ha tocado vivir la desigualdad como escritora?

R: Sí, y antes como publicista también. Me ha tocado ver, por ejemplo, clientes que me hacían propuestas para aprobarme campañas, jefes que decían que porqué no me ponía una minifalda que así se iba a vender más fácil la campaña.

En la literatura si eres mujer, escribes y además no eres fea entonces tienes que ser mala. O sea, cosas tan estúpidas.

Yo tuve un crítico que me llamaba la ‘Ricitos de Oro’, cosa más ridícula. Ya murió. El hecho de que (se piense que) si tú eres mujer y escribes, entonces escribes para mujeres. Si escribes una novela de amor, escribes una novela, entre comillas y despectivamente, romántica. El amor en los tiempos del cólera que escribió Gabo, ¿quién le dijo que era una novela romántica? nadie, porque lo había escrito él, un hombre. Así que sí, todavía se ve discriminación.

P: Y ¿qué se puede hacer para terminar con esta discriminación?

R: Visibilizar, eso es lo que estamos haciendo todas las escritoras. Cuando te preguntan si tú escribes para mujeres, dices: oiga, ¿quiénes son las personas que más leen? pues son mujeres. ¿Entonces estás escribiendo para mujeres? No, pero te leen más las mujeres porque es que las mujeres leen más. ¿Y qué haces frente a eso?.

Yo creo que lo que vienes es bueno, es muy bonito. Creo que nosotras como sociedad occidental, como mujeres, tenemos que ayudar a esa otra mitad que está perdida, que ni siquiera las dejan enseñar el rostro. En países árabes y en la India. Pero primero se tienen que hacer fuerte esto aquí para que el movimiento se haga global. Ese es el futuro del feminismo.