AlMatriz, el centro que busca desnaturalizar la violencia obstétrica en Argentina

Cristina Bazán | Guayaquil - 4 octubre, 2021

Cuando Laura Quevedo se enteró de que su madre había pasado por un parto «violento» para que ella pudiese nacer, pero que durante ese proceso estuvo acompañada por una mujer supo que quería ser partera. «Pensé: yo quiero estar ahí y ayudar a otras mujeres», recuerda.

Quevedo asegura que lo que vivió su madre en ese entonces fue violencia obstétrica, un tipo de agresión «invisibilizada» que ahora busca desnaturalizar en Argentina y en toda la región junto a su hermana Paula por medio del centro AlMatriz.

«La violencia obstétrica se manifiesta de muchas formas. Es el hecho de sufrir el parto, por ejemplo, y todo lo que tiene que ver con la salud sexual y reproductiva. Creemos que hay que empezar a derribar y a poner en cuestión la naturalización de este tipo de violencia. A empezar a decir: no, estos procesos no son dolorosos», explica Paula Quevedo, trabajadora social que también se ha volcado desde su profesión a luchar por los derechos de las mujeres.

Tras años de trabajar en el sector público, a inicios de 2021, estas dos argentinas decidieron crear en Mendoza un proyecto para comunicar y compartir sus conocimientos con organizaciones y mujeres de la provincia donde nacieron.

«Hemos sentido que había esta necesidad de parte de las mujeres, principalmente de Mendoza, pero también en el país y fuera de él, de recibir información clara y menos contaminada«, precisa Laura. Una necesidad que se intensificó tras la llegada de la pandemia.

«El contexto de pandemia hizo que aumentaran muchas de las situaciones de violencia y de retrocesos en el reconocimiento de derechos. Y eso impulsó la creación de AlMatriz», agrega Paula. Se cerraron maternidades y se realizaron cesáreas innecesarias por sospecha de covid-19.

Desnaturalizar la violencia obstétrica

Paula es la encargada de los proyectos de prevención de la violencia obstétrica de la Dirección de Género y Diversidad de Mendoza y Laura trabaja como obstetra en un hospital público y desde sus espacios se han dado cuenta de que existe una gran normalización de este tipo de violencia.

«La importancia de visibilizar esto es enorme porque estas violencias tienen consecuencias en la vida y salud de las mujeres y también en el desarrollo de la persona recién nacida», explica Paula.

Las directoras de AlMatriz cuentan que cuando les preguntan a mujeres que han parido si han sufrido violencia obstétrica les dicen que no. Sin embargo, cuando empiezan a «indagar un poco» en lo que ha sucedido en ese proceso, «se empiezan a notar pequeñas, entre comillas, prácticas que sí configuran violencia obstétrica, pero que no son consideradas como tal porque se naturaliza que tienen que suceder en el nacimiento».

Hay algunas más sutiles como impedir que la mujer se mueva libremente en el trabajo de parto, que no tome agua u otros líquidos o se le administra medicamentos sin su conocimiento. Pero otras, aseguran las hermanas Quevedo, más invasivas como realizar prácticas sin consentimiento.

«Hay mujeres que están viendo a otras mujeres parir. O son observadas por personas extrañas y tocadas reiteradamente por diferentes personas. Son prácticas que están naturalizadas porque creemos que así es como debemos parir», menciona Laura.

«Ni hablar de la separación entre la mamá y el bebé en cuanto nace, las episiotomías, las cesáreas sin explicación o la maniobra de Kristeller. Son muchas las intervenciones que se realizan de manera sistemática y sin ninguna justificación», agrega la licenciada en obstetricia.

Almatriz violencia obstétrica Argentina

Las hermanas Paula (izq) y Laura Quevedo, creadoras de AlMatriz.

La violencia obstétrica en Argentina

En Argentina, la violencia obstétrica no es un delito, aunque sí está reconocida en el marco de la Ley para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres (26.485). Pero como no es un delito, las sanciones no están regidas bajo un código penal, lo que, a decir de las hermanas Quevedo, desincentiva la denuncia.

«Las denuncias quedan en el ámbito de las instituciones, de los hospitales, las maternidades o del ministerio Salud, que pueden llegar a tomar algunas decisiones respecto a lo que se reporta. Pero es más como una queja administrativa», explica Paula.

Lo que se ha hecho, precisa, es que debido a esas denuncias los profesionales de la salud señalados son capacitados, «pero no hay una real sanción o una pena a ese profesional o a esa institución por ejercer violencia».

Además de la ley para erradicar la violencia, Argentina también ha promulgado la Ley de parto humanizado (25.929) que determina cuáles son los derechos de las personas gestantes durante el proceso. Sin embargo, tampoco considera a la violación de estos derechos como un delito, excepto si el daño causado a la paciente se configura como una mala práctica médica.

La falta de denuncias y de actualización de datos también provoca que se desconozca la realidad. Según los últimos datos oficiales disponibles, que corresponden a 2017, el 82 % de las personas denunciantes aseguraron haber recibido trato deshumanizado durante el parto, mientras que el 42 % aseguraron que hubo medicalización. Otro 34 % reportaron que el personal médico no respetó sus decisiones.

«Hay que visibilizar estas violencias»

Las hermanas Quevedo coinciden que para desnaturalizar estas violencias hay que visibilizarlas. «Parece que no existe la violencia obstétrica en Argentina, que no es una problemática tan relevante, porque hay pocas denuncias», dice Paula.

Por eso, están tejiendo redes para dar talleres a profesionales y acompañar a mujeres para que no sufran ninguna violencia. «El objetivo de Almatriz es llegar a espacios donde ni el Estado ni quizás las redes sociales están llegando, porque sabemos que hay mujeres que viven solas, en zonas alejadas o en situación de pobreza y no conocen sus derechos», señala Laura.

Además tienen contactos con mujeres rurales o en unidades vecinales para brindar información a quien lo necesite.

Las hermanas Quevedo también hacen un llamado al movimiento feminista para que no olvide esta lucha. «Creemos que se ha abandonado un poco a este grupo de mujeres que deciden ser madres y que en ese ejercicio también se sufre mucha violencia machista», afirma Laura.

«Desde el feminismo es importante empezar a recuperar esos otros espacios en donde las mujeres, y la mayoría de las mujeres, se desarrollan, más allá de aquellas luchas que tienen que ver con la libertad de elegir la maternidad o no», sostiene Paula.