Suscríbete a nuestra newsletter "Sin permiso"

Aida González Rossi: "Mantenerse gorda ahora mismo en este mundo es un gesto radical"

Julia García González | Madrid - 28 abril, 2026

¿Cuál es el precio a pagar por ser una misma en un mundo atravesado por la gordofobia? ¿Cómo se habita un cuerpo expuesto de forma constante a críticas, violencia y odio? Aida González Rossi, escritora, periodista y activista, reflexiona en su nuevo ensayo, Gorda sinvergüenza, sobre la vergüenza gorda, el lenguaje, el mundo digital y la importancia de tener una comunidad a la que acudir.

Gorda sinvergüenza nace de la herida, de la sensación de no poder habitar del todo el propio cuerpo, y de la rebeldía, porque "mantenerse gorda ahora mismo en este mundo es un gesto radical", explica a Efeminista en una entrevista.

Rossi (Santa Cruz de Tenerife, 1995), critica un sistema que utiliza la vergüenza para "meterse dentro de tu cuerpo y avisarte de cuando te estás saltando un mandato social" y denuncia que las violencias estéticas y sistémicas "se hacen pasar por procesos individuales", por lo que reivindica la importancia de "hablar de la experiencia y comunicarnos entre nosotras".

El 'Fat Talk' como mecanismo para desligarse del propio cuerpo

P.- El ensayo comienza hablando del término 'Fat Talk' ¿Qué es?

R.- El 'Fat Talk' es una uno de esos mecanismos a través de los que nos desligamos las personas gordas de nuestros cuerpos, a través de los que decimos: 'este no es mi cuerpo definitivo, yo estoy en transición y por tanto no tienen que entenderme como una gorda'. Es esta costumbre que tenemos de insultarnos en público, de autohumillarnos, primero para adelantarnos a quien vaya a hacerlo antes que nosotras y segundo para declarar : 'Esto que ves no es mío y estoy a punto de cambiarlo'.

Y, por supuesto, el 'Fat Talk' es una de esas herramientas que al final nos hacen escindirnos y ser dos personas en una. Es la idea de 'yo soy el cuerpo que tengo ahora en el presente, pero yo soy también una yo distinta, una yo delgada a la que llegaré cuando cumpla mi objetivo, y entonces podré vivir'.

Creo que una forma muy chula de ir contra esto es reclamando ese cuerpo presente y reclamándonos como una sola. Y una cosa en la que intenté indagar en el libro es esta idea de que quizás lo que yo siento que haría o que podría hacer cuando esté flaca, son simplemente cosas que deseo hacer en el día de hoy y que a lo mejor no se me permite hacer, y que quizás podría intentar hacer a mi manera y con este cuerpo.

P.- Hay un momento en el que mencionas que "escribir gordas es escribir presentes".

R.- Sí, Virgie Tovar, que es autora del libro  Tienes derecho a permanecer gorda, plantea que ella entendió que estaba habitándose mejor cuando al pensar en el futuro no se imaginaba delgada, se imaginaba gorda, gorda con el cuerpo que tenía en ese momento, porque es el cuerpo que al final puedes anticipar.

El cuerpo siempre se transforma de una forma u otra. Para mí eso tiene mucho que ver con lo que planteo en el libro acerca de la escritura. Al final, si yo puedo habitarme presente, no tengo que pedirle nada a mi cuerpo, tengo que entender que el cuerpo no es algo que llevas contigo y que puedes transformar a través de lo simbólico, sino que es algo que tú eres también y que no tienes que corregir y que no tienes que intentar leer de una manera determinada, sino que tienes que descifrar, que entender y que habitar.

Con la escritura lo veo similar. Es interesante también plantearnos qué idea tenemos de un texto y qué buscamos en un texto cuando escribimos. Buscamos que se acoja a cierta normatividad, igual que los cuerpos. ¿Y qué pasa cuando soltamos eso y simplemente intentamos descifrar lo que vamos escribiendo? Igual que me tomo en serio mis brazos gordos o mi papada, me puedo tomar en serio mi dialecto, me puedo tomar en serio mis errores, me puedo tomar en serio los caminos no tradicionales.

Entender la vergüenza desde un punto de vista político y cultural

P.- Al final del libro hablas de esa idea de desvergonzarse, de cómo desarticular la vergüenza y del papel que juega justamente la escritura en todo ello, la forma en la que está escrito el ensayo. ¿Qué es la vergüenza para ti? ¿Cómo opera? ¿Qué impacto tiene? 

R.- Pensamos que la vergüenza es algo inamovible, que siempre tenemos que interpretarla como: "no hagas esto". Pero, como todas las emociones, conviene entenderla desde un punto de vista político y cultural.

De hecho, esto lo plantea Sara Ahmed en 'La política cultural de las emociones'. La vergüenza es un regulador social, es la forma que tiene el sistema de meterse dentro de tu cuerpo y de avisarte cuando te estás saltando un mandato social. Al final, detrás de saltarse ese mandato hay un castigo que puede ser el el bullying, la violencia o una sensación de ridículo, pero ¿Cómo está construido ese ridículo?

Y sobre todo me pregunto: ¿Qué pasa si cambiamos la forma de mirar esa vergüenza, si la entendemos como algo político y no tan nuestro? Quizás si a mí me pita la vergüenza cuando yo estoy siendo una mala gorda o cuando estoy haciendo algo que no debería hacer siendo gorda, ¿quizás detrás de eso hay algo valioso que se me está negando?

Hay que escribir lo que da vergüenza. Porque ahí hay algo que nos está interpelando, hay algo que no está dicho y que nos va a costar decir, y por lo tanto, vamos a tener que dar ciertas volteretas para decirlo. Escribiendo el el ensayo me di cuenta de por qué lo decía y el sentido que tenía para mí como como persona. Detrás de esa vergüenza están todas todas las cuestiones que me interesan y, sobre todo, todas las cuestiones por las que siento que debo luchar en esta vida.

La autora de 'Gorda Sinvergüenza', Aida González Rossi, en una entrevista con EFE. EFE/Julia García

Virtualidad y gordofobia

P.-En otro de los capítulos abordas lo que ha sido el mundo digital para ti. Haces referencia a ese "refugio", a ese lugar en el que no ocupas espacio físico y en el que se te permitía probar la vida sin gordofobia, donde la opresión no operaba.

R.-La virtualidad ha cambiado muchísimo. De hecho yo siempre me uno mucho a a esta ola, que no sé si me gusta o no me gusta tanto, de nostalgia milenial de ese primer internet al que accedimos en el que podíamos entrar y salir cuando un poco quisiéramos. También te volvías un poco anónima para ser más tú misma y para relacionarte de formas que lo físico no te permitía.

En mi caso, como chica gorda de pueblo y queer, esto era muy revelador para mí, porque muchas experiencias que por quien yo era y por estar viviendo en mi pueblo no podía vivir, lo podía hacer en internet. Incluso de forma inconsciente acababa llegando a comportarme como yo sentía que se debía comportar esa flaca interior que yo no podía ser.

Escribiendo el libro me di cuenta de que quizá en todo ello había mucha gordofobia, en el sentido de ¿por qué yo considero que yo soy más yo sin mi cuerpo?

Y creo que todo el viaje después de la adolescencia y quizás de los primeros veinte para mí ha sido muy de aprender a entenderme como persona gorda, cuya gordura también forma parte de su identidad, y creo que la vida está llena de esos espacios grises que nos dan cosas pero también nos quitan otras, o que quizás nos ayudan a sobrevivir en medio de toda la oscuridad. Y para mí ese internet fue eso.

P.- ¿Cómo crees que ha evolucionado el mundo digital?¿Esa opresión opera a día de hoy en redes?

R.- Creo que la cosa ha cambiado muchísimo. Hay muchos problemas cuando nos mostramos como somos en redes sociales. ¿Qué va a pasar si se me nota que soy gorda en un espacio en el que puedo fingir que no lo soy o puedo no exponerme tanto? Cuando una persona gorda sube contenido a redes, sea hablando de gordofobia, sobre su vida, lo que come o sobre cómo le va con su novia, va a recibir comentarios de odio. Las personas gordas somos unas de esas identidades muy expuestas al odio en redes.

Yo misma, que ahora estoy más expuesta en redes, estoy poniendo el cuerpo en lugares que pueden ser hostiles para mí, y tengo que hacer un ejercicio de plantearme mis prioridades, ¿Qué es lo que quiero?¿No recibir esa violencia? Ojalá, pero quizás quiero pasar por encima de ella para poder llegar a las personas con las que realmente estoy hablando.

La comunidad como resistencia a las violencias estéticas y sistémicas

"Una de las cosas retorcidas que tienen las violencias estéticas, y en general las violencias sistémicas, es hacerse pasar por procesos individuales. Para mí durante mucho tiempo el hecho de que me insultaran por gorda, o la cultura de la dieta y  toda esa culpa, para mí era una cosa que tenía que ver conmigo y que era culpa mía."

P.-En el ensayo mencionas: "Quizás lo que necesitamos es contarlo." "Y a las gordas, las otras gordas nos enseñan que no estamos solas". ¿Cuál es para ti la importancia de poder hablarlo, de esa comunidad que te permite exteriorizarlo?

R.-La comunidad gorda me parece muy importante. A mí tener amigas gordas me ha cambiado la vida totalmente. Por ejemplo, tener amigas con las que poder cambiarme la ropa, siempre pensé que eso no iba a ser posible. Tener amigas con las que puedas intercambiar experiencias y construir un lugar seguro es algo que te te transforma totalmente.

Si esto lo expandimos y lo llevamos a lo público, para nosotras es muy importante contar con espacios en los que sí que se nos va a escuchar y en los que sí que se nos con calma, con paciencia y se nos va a proteger de la violencia.

Una de las cosas retorcidas que tienen las violencias estéticas, y en general las violencias sistémicas, es hacerse pasar por procesos individuales. Para mí durante mucho tiempo el hecho de que me insultaran por gorda, o la cultura de la dieta y  toda esa culpa, para mí era una cosa que tenía que ver conmigo y que era culpa mía.

Comunicarnos entre nosotras, hablar de la experiencia, incluso no hablar de ella solamente en términos cómodos y en términos simples, sino complejizarla e ir un paso más allá, por ejemplo, de debates como el de la salud, que siempre se pone como un poco la carrera, ¿no? A través de la que no te van a escuchar.

Creo que es muy importante precisamente para ir creando una especie de 'corpus' al que poder acudir cuando estamos desesperadas, e incluso al que poder acudir cuando incluso estamos eufóricas y queremos respaldar esa euforia y celebrarnos. Al final esto puede ser muy debatible, pero creo que las personas no somos solo nuestras.

Y también es importante pensar cómo podemos ayudar a otras. Esto lo digo, tanto para las personas gordas que debemos formar comunidad, como para las personas que no sean gordas, que también deben entender que ellas pueden ser partícipes de esa violencia, incluso de formas que les parecen naturales, ¿no? Igual que yo tengo que pensar en que mi opresión no es individual y quizás las cosas que tú haces y que ves normales no te afectan solo a ti.

P.-¿Qué piensas sobre la vuelta de la delgadez extrema, la cultura de la dieta y el uso generalizado del Ozempic?

R.- Este giro, que se ha dado para volver a aspirar en muchos espacios a la delgadez extrema, nunca ha desaparecido. Pero sí es verdad que se ha agudizado mucho y creo que tiene que ver, por supuesto, con la ola ultraconservadora en la que estamos, porque al final las violencias estéticas son un mecanismo de control.

Y creo que tiene mucho que ver también con todo el tema de los antibióticos, porque qué difícil es permanecer gorda en un mundo que no te quiere así. Día a día tenemos que estar luchando con ir al médico y que nos receten inyecciones, no encontrar ropa de nuestra talla, sufrir violencia por la calle, en el trabajo y además me parece lógico, y a la vez un poco decepcionante en ciertas figuras, encontrar un escape fácil e irte por ahí.

Nunca voy a culpar a una persona que quiera adelgazar, porque cada cual puede hacer lo que quiera con su cuerpo y lo entiendo. Pero también me parece un poco fuerte que ciertos referentes que tenemos, en el momento en el que han podido comprar una solución supuestamente efectiva, incluso con muchísimos riesgos para la salud, han abandonado todo un discurso que estaban construyendo para sobrevivir a esa violencia y para ayudar a sobrevivir a otras.

Mantenerse gorda ahora mismo en este mundo es un gesto radical y tenemos que plantear el debate social de qué es la salud, qué entendemos por salud de los cuerpos, cuántos bulos nos hemos tragado en cuanto a que un cuerpo tiene que estar delgado para estar sano y sobre todo, ¿por qué importa tanto ese debate cuando vivimos en una sociedad en la en la que tantas cosas nos enferman? ¿Qué pasaría si una persona gorda estuviera enferma? ¿Sería moralmente inferior a a ti? ¿Por qué tanto odio?