Marta González, directora de Proyecto Hombre de Burgos, posa durante una entrevista con EFE. EFE/Santi Otero
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La adicción sí tiene género: las mujeres tardan más en pedir ayuda y llegan peor
El estigma social, el miedo a perder a sus hijos y un vida marcada, en muchos casos, por la violencia y los abusos hacen que las mujeres con un problema de adicción tarden más en pedir ayuda, según la experiencia de Proyecto Hombre en Burgos, donde acaba de cumplir 35 años de servicio público.
La presidenta de la entidad, Marta González, ha explicado en una entrevista con EFE que han detectado que "la adicción sí tiene genero", y las mujeres acaban llegando más tarde a los programas de atención y tratamiento, con cuadros más graves y cronificados, lo que dificulta su recuperación.
Del total de personas que atiende Proyecto Hombre en Burgos —4.122 en 2025—, el 80 % son hombres frente a un 20 % de mujeres, pero “eso no significa que las mujeres no consuman, no tengan problemas de adicción y estén fenomenal”, matiza la presidenta.
“Las mujeres suelen consumir más aisladas. Hemos tenido mujeres que bebían en el trastero y luego eran amas de casa”, explica González; así que también hay casos de consumo, y un mayor riesgo asociado a la mayor prevalencia en problemas de salud mental, ansiedad o depresiones.
Sin embargo, tardan más en pedir ayuda que los hombres: “Lo que pasa es que no llegan, llegan tarde y muy mal”, insiste, y es así porque tienen muchas cargas asociadas, tienen miedo al estigma, que es más potente en el caso de las mujeres, y también miedo a lo que pueda pasarle a sus hijos.
Un trabajo con perspectiva de género
La mayoría viene de experiencias traumáticas, son víctimas de la violencia machista, sexual, han sufrido abusos y agresiones, o dependencia de parejas que también han sido consumidoras.
Por esta razón, Marta González apela a un trabajo con perspectiva de género, a intervenciones especialmente diseñadas para las mujeres, grupos desdoblados para que no tengan que coincidir con hombres y trabajo comunitario, para que ganen confianza para someterse a un tratamiento.

Marta González (i), directora de Proyecto Hombre de Burgos, conversa con parte de su equipo. EFE/Santi Otero
La directora de Proyecto Hombre también apunta a que esa diferencia entre hombres y mujeres se nota menos en los jóvenes, ya que son los padres los que acuden pidiendo ayuda y los que llevan a sus hijos.
35 años dando respuesta social a un problema muy real
La Fundación Candeal-Proyecto Hombre nació en 1991 para dar respuesta a un grave problema social: el consumo de heroína, al que iban asociados otros como la delincuencia, VIH, problemas familiares y vidas desestructuradas, y que desde el punto de vista institucional no se estaba abordando.
"Esto ha cambiado radicalmente, ha habido una evolución y en estos 35 años nos hemos adaptado a lo que la sociedad nos ha demandado", explica González, pues la heroína ha dado paso a otras drogas, y los problemas de adicción han escalado, surgiendo nuevos riesgos ante la revolución tecnológica y digital.
Proyecto Hombre ha desarrollado programas más específicos, adecuados a nuevas realidades como son las adicciones al porno, al sexo, a las compras compulsivas o al juego online, que conviven con el consumo de drogas —nuevas sustancias, más drogas sintéticas—, el abuso del alcohol o el juego patológico clásico.
La prevención: límites y herramientas para saber decir 'no'
Marta González destaca los programas de prevención, complemento fundamental a los tratamientos frente a adicciones, pues se trata de prevenir comportamientos de riesgo, sobre todo entre los jóvenes, y ayudarles a poner límites, a detectar los peligros para que puedan evitarlos, para que puedan decir 'no'.
También atienden problemas de comportamiento, fracaso escolar, agresividad o conductas violentas, que no siempre van asociados a adicciones, pero que tienen los factores de riesgo para poder desencadenarlas.
Entre los jóvenes, el principal motivo de consulta de los padres burgaleses es el consumo de cannabis —el 69 %—, pero también hay consumo de alcohol, aunque González advierte de que no se percibe su riesgo real; y hay preocupación por el mal uso o abuso de las tecnologías, el acceso a pornografía o el juego online.
Proyecto Hombre cuenta en Burgos con el programa 'A un click' para la prevención en el consumo de pornografía, una problemática que va más allá de la adicción pues deriva en una concepción errónea de las relaciones de pareja y el sexo, y que requiere de conocimiento de los riegos por parte de los padres.
Marta González insiste en la importancia de establecer límites en el uso de las nuevas tecnologías, pues no se puede ver solo el riesgo, sino entender que son una oportunidad, que los chavales socializan a través del móvil, de los juegos online, por lo que la clave está en darles herramientas de prevención.
También se debe trabajar, socialmente, por desarrollar un ocio alternativo y educar en valores: el sentido de la responsabilidad, el esfuerzo bien entendido, la tolerancia a la frustración, una buena comunicación, enseñar a afrontar los conflictos, el cuidado emocional, la empatía o la salud psicológica.
Tres centros, una plantilla de especialistas y más de 69.000 usuarios
Proyecto Hombre se ha convertido en un referente en la provincia burgalesa, y ha atendido a más de 69.000 personas desde que abrió sus puertas en la barriada de la Inmaculada, donde tiene sus servicios centrales y ofrece el programa ambulatorio para adultos.
El Proyecto Joven lo desarrollan en el barrio de Fuentecillas, mientras que en San Medel —a 15 kilómetros de la capital— cuentan con una comunidad terapéutica, un centro residencial para usuarios con perfil crónico, que necesitan salir de su entorno por una temporada, y por el que pasan un centenar de personas al año.
La plantilla está compuesta por un equipo multidisciplinar de 28 trabajadores, y se mantienen con un presupuesto de 1 millón de euros, el 80 % procedente de administraciones, con el que hacen "encaje de bolillos" para seguir ateniendo desde la cercanía, el respeto y la confianza en la capacidad de cambio.