No es casualidad que la delgadez extrema vuelva a estar de moda, y es que el canon de belleza y el cuerpo de la mujer siempre se han perfilado acorde a las modas e intereses económicos o políticos. Esta tendencia imperante responde a una “poderosa herramienta de control”, según advierten expertas y estudios sociológicos.
“Cuando las mujeres avanzamos en derechos, se imponen cánones más restrictivos como matarnos de hambre”, denuncia en una entrevista con EFE Azahara Nieto, psiconutricionista experta en Trastornos de la Conducta Alimentaria.
Esta estructura responde a un patrón recurrente y cambiante cada poco tiempo: “El cuerpo de la mujer siempre ha sido un territorio político y la dieta un sedante para el público femenino. Es una manera de tenernos entretenidas en pensar que nuestro cuerpo está mal y que debería estar de otra manera para conseguir determinadas cosas”, explica Nieto.
El peaje de la obsesión por el peso
Este canon tiene un peaje directo en el cuerpo de las mujeres y en su “ancho de banda mental”, así lo ve Nieto día a día en su consulta: “Cuando tienes una obsesión por el peso, estás todo el día pensando en comida, en los planes a largo plazo, en qué has comido o qué has entrenado. Al final no puedes estar en tu vida presente de la misma manera y no tienes la misma fuerza para defenderte o luchar, que tendrías si estuvieras comiendo, con un cuerpo fuerte y con energía”.
La tesis del ‘Mito de la belleza’ de la escritora Naomi Wolf y recientes estudios del Instituto de las Mujeres (‘Estudio 136: Mujeres jóvenes y trastornos de la conducta alimentaria’), coinciden en que la exigencia de “encoger” el cuerpo femenino obedece a un patrón histórico.
Estas investigaciones reflejan cómo hitos como el sufragio femenino en los años 20 dieron paso a la plana y andrógina estética ‘flapper’, mientras que la llegada de la píldora y el acceso a la universidad en los 60 trajo la irrupción de la silueta esquelética de la moda ‘twiggy’.
Extrema delgadez bajo el paraguas del autocuidado y la salud
De la misma manera, la ruptura de los techos de cristal en los 90 precede la tendencia del ‘heroin chic’: “Se puso de moda esa apariencia de mujeres que parecía que habían consumido heroína, afirma Nieto, que cuenta que “la diferencia es que ahora la extrema delgadez se difunde bajo el paraguas del autocuidado y la salud”.
María Calado, investigadora principal del Estudio 136 del Instituto de las Mujeres, refrenda la misma idea en declaraciones a EFE y cuenta que “en los 60 y 70, la estética ‘twiggy’ se convirtió en ícono de belleza, justo cuando en Estados Unidos surge la ola feminista”.
Tras la última gran ola de movilizaciones feministas, este canon ha vuelto con fuerza impulsado por la industria del ‘wellness’ (bienestar), las rutinas antiinflamatorias y el uso de fármacos.
Brutal presión
Nieto advierte de la “brutal” presión que soportan incluso quienes abanderaron el ‘body positive’(autoaceptación corporal): “Lo vemos en las alfombras rojas, pero es que entiendo perfectamente que mujeres que han sufrido un montón de violencia estética se planteen adelgazar o usar medicación. Lo que cuestiono es el sistema que nos lleva a tomar esas decisiones”, denuncia la experta.
“Se nos olvida que el 52 % de la sociedad somos mujeres. Si a ese 52 % lo tienes entretenido creándole complejos y centrado en su cuerpo, no va a dar guerra ni va a tener la energía suficiente para conquistar derechos”, dice Nieto.
El impacto de esta tendencia se refleja en las consultas sanitarias. Los casos de los Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) han aumentado significativamente desde la pandemia de 2020, según cuentan ambas expertas.
La conclusión de la investigación del Instituto de las Mujeres es clara: la cultura de la dieta y la industria de la belleza determina nuestra forma de estar en el mundo, manteniéndonos “insatisfechas e inseguras”.
Nieto recuerda cómo hace meses se popularizó un nuevo tratamiento para la arruga de la axila: “Nunca habíamos pensado en que eso también era un defecto pero la industria del ‘wellness’ gana mucho dinero a costa de crearnos complejos y vendernos soluciones”.