Joyce: exigen pruebas "inalcanzables" para demostrar que eres víctima

Joyce, de Nigeria, llegó a España en busca de protección internacional como víctima de violencia sexual en su país. EFE/Laura de Grado
Joyce vivía con su familia en Lagos, Nigeria, hasta que un día con 16 años, cuando caminaba por la calle, un grupo de siete hombres la asaltó y la violó brutalmente, empujándola a huir del país en busca de una vida libre de violencias. Al llegar a España se encontró con trabas burocráticas insalvables para demostrar que era víctima de engaños, racismo y explotación sexual.
"Me tiraron ahí. Eran siete hombres. Yo era virgen. Me defendí. Rompieron todas mis ropas. Yo era muy joven", relata con voz entrecortada durante una entrevista con Efeminista Joyce, que pese a haber vivido la brutal experiencia de una violación grupal no está reconocida como refugiada en España porque le exigían pruebas "inalcanzables" para demostrar que fue víctima de violencia sexual.
Aquel día Joyce, cuando consiguió levantarse porque sus piernas "no funcionaban", volvió a su casa llorando, ensangrentada y llena de miedo, de culpa y de vergüenza porque su familia es profundamente religiosa y no sabía cómo contar lo sucedido. "Al llegar a casa mi madre me preguntó qué había pasado, tenía miedo de decírselo (...) no podía evitar sentir vergüenza", recuerda.
La policía no hizo nada y nunca pudieron encontrar a los culpables, lamenta. "Debería haber sido una reverenda, pero esos tipos me impidieron serlo y hoy ellos están caminando por todo el mundo", señala.
Y no duda en afirmar: "No hay justicia, no la hay".
"Fui donde mis padres y les dije: me que tengo que ir porque no puedo vivir en este lugar porque estoy muy avergonzada de mí misma. Fue algo muy grande para mi", cuenta emocionada.
Obligada a prostituirse
Se embarcó hacia Europa y su primera parada fue España, concretamente Ceuta. Aunque la ley exige pruebas de las que ella carecía para demostrar que había sufrido violencia sexual en su país, la Cruz Roja le proporcionó un refugio temporal y una tarjeta blanca -documento provisional que se concede a las personas extranjeras que han solicitado asilo- que marcó el inicio de su lucha por la supervivencia.
La falta de comprensión del español y la desesperación la llevaron a Madrid, donde una compatriota le ofreció un refugio temporal y la posibilidad de ayudarla con los papeles. Lo que no sabía era que el pago para poder quedarse en esa casa era ser prostituida.
"Me dijo que no tenia opción, que si quería quedarme tenía que hacerlo, así que fui a la carretera una vez, fue horrible", recuerda.
"La vida era tan difícil", susurra Joyce, recordando otro momento en el que estuvo al borde de caer en las redes de la trata.
Al salir de esa casa conoció a un chico español, que también le ofreció ayuda. Pero el lugar de ayudarla, la llevó a Guadalajara para explotarla sexualmente como actriz porno. Afortunadamente, ese día él olvidó cerrar la puerta y ella logró escapar.
"Tuve mucha suerte de que no me matara porque tenía una pistola", recuerda Joyce, cuya experiencia expone los peligros que enfrentan las mujeres migrantes en España, especialmente las que han sido víctimas de violencias.
Sin reconocimiento como víctima de violencia sexual
Aunque quería ir a la policía, no conocía el nombre ni la dirección de su explotador y desistió de denunciar.

Desde entonces no ha parado de hacer cursos y formarse para poder trabajar y estabilizarse. El camino no ha sido fácil y ha tenido que hacer frente a engaños, desinformación, actitudes racistas y multitud de informes policiales para tratar de justificar su situación.
Joyce aún no ha sido reconocida como víctima de violencia sexual, y por lo tanto, no posee la condición de refugiada.
"¿Cómo vives en un país cuando no tienes documentos?", se pregunta desesperada. Joyce todavía no ha podido conseguir su residencia, un papel que necesita, dice, para estabilizarse, trabajar, pagar sus impuestos... Y para poder volver a ver la tumba de su madre y su padre, de quienes no se pudo despedir.