Bibiana Candia recupera la rebelión de las cigarreras, "ejemplo de dignidad abrumador"

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Bibiana Candia recupera la rebelión de las cigarreras, "ejemplo de dignidad abrumador"

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La escritora coruñesa Bibiana Candia regresa, como en su exitosa 'Azucre', a mediados del siglo XIX en su nueva novela, 'Lar' (Alfaguara), pero esta vez no traslada al lector a Cuba, sino que lo lleva a su ciudad natal, donde recupera la rebelión de las cigarreras, para ella un "ejemplo de dignidad abrumador".

En 1857, centenares de trabajadoras de la Real Fábrica de Tabacos de A Coruña -se llegó a hablar de 4.000- se levantaron contra la introducción de nuevas máquinas para picar tabaco, que reducían sus salarios (basados en la producción individual) y amenazaban con dejarlas sin empleo; las rompieron y echaron al mar piezas y parte de los cigarrillos, una protesta que concluyó con más de una veintena de detenciones.

La autora, en una entrevista con EFE, explica que los premios que obtuvo 'Azucre' y la respuesta de los lectores, quienes consiguieron "conectar" con su modo de contar las historias, la han "reafirmado" para afrontar "más segura" esta nueva novela, con "más libertad para experimentar con el lenguaje" y tejer nuevamente un "flujo de conciencia colectivo", esta vez con muchos más personajes que en su anterior obra, lo que supone subir "un nivel de dificultad".

Mujeres especiales y únicas

"Es una voz colectiva y al mismo tiempo también son muchas mujeres individuales con sus propias problemáticas hablando", desgrana Candia, que abre el abanico a protagonistas que, "aunque están bajo las mismas circunstancias", no tienen un discurso "monolítico y se contradicen a veces", lo que, en su opinión, "las hace más especiales y únicas".

Para Candia, las dos novelas que ha escrito funcionan como un espejo complementario de la memoria gallega y así como 'Azucre' era la historia de los que se marcharon a América, 'Lar' es la de las mujeres que "se tuvieron que quedar" en Galicia.

A la hora de reconstruir este episodio histórico, que relata en 24 horas, la autora indica que buscó alejarse del "maniqueísmo", de esos sesgos habituales con los que las cigarreras eran tratadas por la prensa de la época, y también de las visiones puramente "folclóricas" y que a ella la enfurecieron.

Un ejemplo de dignidad abrumador

"Siempre que se hablaba de las cigarreras en los periódicos era con un aire muy displicente, con mucha superioridad moral e incluso con burla", señala la escritora, que se pregunta "qué tiene que pasar en tu vida para que una mujer desarmada decida colocarse delante de un ejército para luchar por sus derechos".

"A mí me parecía que era un ejemplo de dignidad abrumador", asegura Candia sobre la determinación de estas obreras.

Con ese propósito, se afanó en retratarlas "como mujeres reales que un día sobrepasaron todos los límites y decidieron plantarse ante quienes les querían imponer unas condiciones que las agraviaban profundamente".

La novela entrelaza temas plenamente vigentes como la conciliación, la precariedad laboral o el impacto de la reconversión tecnológica, con la llegada de las máquinas y sus consecuencias en el trabajo de las cigarreras, una cuestión que tiene cierto paralelismo con la amenaza que supone actualmente la inteligencia artificial.

Una dedicatoria a todas las trabajadoras

"Todos los resortes que mueven nuestro mundo moderno se establecieron en el siglo XIX y, por tanto, es normal que los dilemas que tenemos que afrontar ya los hayan encarado otras personas", sostiene la autora.

Las páginas de 'Lar' empiezan con la dedicatoria de la obra a todas las trabajadoras, tanto a todas aquellas que un día decidieron dejar de cumplir órdenes como a las que obedecieron en silencio porque no tenían más opción que "ceder ante las presiones sociales y comunitarias".

Candia señala que "esta novela es un gran elogio de la ira" en la mujer y considera hay que "aplaudir que de vez en cuando" esa rabia se libere.

"Darles a ellas esta libertad para romperlo todo, para hablar sin interrupción, es un modo de homenajearlas y de dejarlas quejarse y hablar de una vez", concluye la escritora, que reside en Berlín.

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