Zoraida Córdova

La autora ecuatoriano-estadounidense Zoraida Córdova. Foto: Zoraida Córdova.

Zoraida Córdova, vocación literaria desde la adolescencia

EFE | Avilés (Asturias) - 21 julio, 2021

La autora ecuatoriano-estadounidense Zoraida Córdova, especializada en libros para niños y también de romance, conocida por su saga «Las brujas de Brooklyn», ha asegurado que con 13 años asistió a un seminario de escritura que inoculó para siempre su vocación literaria.

Córdova, que ha participado en el Festival Celsius de Avilés (Asturias), se trasladó con su familia desde su Ecuador natal a vivir a Nueva York cuando apenas era una niña y muy pronto le picó el gusanillo de la literatura.

Según ha explicado en una conversación con Efe, esta vocación nació en contra de la opinión de sus padres, que querían para ella un título de Derecho o de Medicina, «una profesión seria».

Zoraida Córdova y la literatura

Al principio pensaba ser periodista, pero finalmente la ficción le llevó al terreno de la literatura de fantasía, en la que aparecen brujas, vampiros y sirenas.

Tras un primer libro que apenas se vendió, acudió con un amigo editor a una librería para buscar alguna historia protagonizada por sirenas. Al no encontrar nada, el amigo que le acompañaba le espetó: «Tú eres escritora, por qué no escribes algo sobre sirenas».

Según ha reconocido, cuando decidió escribir lo que a ella le hubiera gustado leer comenzó a tener éxito de lectores en Estados Unidos, Latinoamérica y España, donde publicará, de la mano de la editorial Urano, «La herencia de Orquídea Divina».

La novela que estará en las librerías en septiembre, narra la historia de una mujer ecuatoriana -es la primera incursión ficticia en su país natal- que en que los últimos momentos de su vida reúne a su familia para entregar una herencia que consiste en un poder mágico, que la autora no quiere desvelar.

Córdova escribe para adolescentes, pero también se mueve por el género del romance para adultos, aunque con el pseudónimo de Zoey Castilla, porque, según dice, no quiere confundir a sus jóvenes lectores.

La autora reconoce que sufrió con pena el confinamiento por la pandemia porque eso le impidió el contacto directo en las escuelas e institutos con sus jóvenes lectores, encerrada en su apartamento de Manhattan y sin poder servirse de su método para conocer cómo piensan, qué quieren leer o cuáles son sus sueños.