Yamile Salazar: «Enseñar y dar trabajo otras mujeres como yo me hace feliz»

Cristina Bazán | Madrid - 22 octubre, 2019

Yamile Salazar era aún muy pequeña cuando en su natal San Carlos de Antioquia (Colombia) descubrió que lo que quería hacer toda su vida era poner un negocio y confeccionar ropa para otras personas. «Desde niña me di cuenta que me encantaba hacerle ropa a mis muñecas. Se las hacía con pedacitos de tela, con envolturas que encontraba por ahí en la calle», cuenta en una entrevista a Efeminista.

Sin embargo, debido a la crisis económica por la que atravesaba su familia, y por la violencia que se vivía en su ciudad, tuvo que migrar y no fue hasta que cumplió 18 años cuando tuvo la oportunidad de estudiar costura en Medellín.

Ahora, 12 años después, Yamile ha cumplido su sueño y ha montado «Ángeles y Princesas», una pequeña empresa en crecimiento en la que le da trabajo a cerca de 90 mujeres que, como ella, son de escasos recursos económicos o han sido víctimas de la violencia provocada por el crimen organizado en Colombia.

Pero lo que más le hace feliz, asegura esta emprendedora colombiana, es poderles enseñar el oficio, darles empleo y ser ejemplo de constancia y fortaleza para las mujeres que trabajan junto a ella.

Su amor por la costura

La pasión que Yamile tiene por la costura nació a la par de su espíritu emprendedor. «Siempre supe que tenía un gran potencial para emprender muchísimas cosas», asegura. De pequeña le hacía ropa a sus muñecas con telas recicladas, pues no tenía dinero suficiente para comprarles prendas nueva.

«Fui creciendo en mi pueblo llena de muchas limitaciones económicas, pero ninguna de esas cosas me impidieron soñar que algún día iba a fabricar esas prendas. Nos trasladamos a Medellín debido a la violencia y ahí tuve la gran oportunidad de estudiar modistería, de hacer un curso en una fundación y aprender a sacar la moldería de ropa», cuenta.

Su madre, quien trabajaba limpiando casas, la apoyó desde el principio y cuando Yamile terminó su curso le regaló una pequeña máquina de coser para que empezara a realizar sus propios trabajos. Poco tiempo después, ya necesitaba comprar una más sofisticada para cumplir con la demanda de pedidos que le llegaban.

«Empezamos a vender cosas a la salida del estadio y así logramos comprar esa máquina», recuerda.

El inicio de su negocio

Cuando Yamile se dio cuenta que sola ya no podía abarcar todo decidió empezar un proyecto que cambiaría su vida y la de más de 90 mujeres que ahora trabajan en su pequeña empresa «Ángeles y princesas».

«Cuando fueron aumentando los compromisos fui conociendo a mujeres y yo misma les enseñaba. Ahí fue cuando me dije “vamos a hacer lo que hicieron conmigo, vamos a apoyar a otras mujeres”. Ellas estaban pasando por situaciones difíciles, trabajaban en casas de familia y no estaban muy contentas porque tenían que dejar a sus hijos a la merced de otros ya que no los podían cuidar. Aprendieron felices y fueron poco a poco mejorando la calidad del producto», relata.

Llegó a tener doce máquinas de coser en la sala de su casa, equipamiento que adquirió por medio de un préstamo bancario, y ahí decidió darles aún más autonomía a las mujeres que trabajaban con ella y formar talleres «satélites».

«Pensé que si yo era feliz en casa con mi hija brindándole una sopa caliente, cuidándola, también quería eso para las mujeres que trabajaban conmigo. Les dije que se lleven a casa las máquinas y que trabajen desde ahí».

Yamile salazar

La emprendedora colombiana Yamile Salazar en entrevista con Efeminista. Foto: Ángel Díaz/EFE

«Yo siempre les digo que todo se puede logar con esfuerzo»

Ahora Yamile se ha convertido en una inspiración para las mujeres que trabajan con ella, y ayudarlas a salir adelante, asegura, llena su vida de felicidad.

«Eso llena mi corazón de unas ganas de levantarme por la mañana y pensar en hacer cosas nuevas para no dejar a ninguna de ellas en el camino», confiesa.

Además, cuenta que la red de trabajadoras se va extendiendo poco a poco, pues las chicas a las que ella enseñó han empezado a hacer lo mismo con sus vecinas o familiares. «Yo le doy la oportunidad a otras y ellas también se van empoderando en su casa, se convierten en sus propias jefas y van teniendo a otras detrás de ellas que les van ayudando con el trabajo. Como ellas han recibido algo bonito de mi parte quieren impartir lo mismo».

Yamile sostiene que siempre les dice a sus trabajadoras que «no hay nada imposible» y que «todo se puede lograr con esfuerzo». Se pone como ejemplo y enfatiza en la necesidad de que a las niñas se les inculque que «nadie puede pasar por encima de sus sueños». 

«Hay que decirles a las niñas que si ellas quieren ser profesoras lo hagan con amor, porque si se tiene pasión las cosas siempre van a salir bien». 

Para el futuro, Yamile espera que su empresa se extienda aún más y que eso le permita ayudar a más mujeres. Y a las que ahora la acompañan en su camino les dice que son su fuerza y sus ganas de salir adelante.

«Quiero darles ejemplo de una mujer trabajadora y honesta. Hay mujeres que han sido instruidas por otras a las que les he enseñado yo y esas otras mujeres las ven también como ejemplo y yo me siento feliz de haber sembrado eso», concluye.