Violeta parra Ginebra

La cantautora chilena Violeta Parra, en su juventud, durante una actuacion musical. (Sin fecha, años 60). EFE/ Archivo

Ginebra recuerda con una plaza a su vecina Violeta Parra

Antonio Broto | Ginebra - 12 septiembre, 2022

La artista chilena Violeta Parra pasó tres años al final de su vida en Ginebra, y la ciudad suiza ha querido inmortalizar esa etapa con una plaza dedicada a la inmortal cantautora, como parte de una campaña local por añadir más nombres femeninos al callejero.

Entre 1963 y 1965, dos años antes de su prematura muerte, la que es una de las grandes figuras de la cultura de Chile vivió en Ginebra junto a uno de los amores de su vida, el musicólogo suizo Gilbert Favre, en el número 15 de la céntrica calle Voltaire, donde se recuerda el paso de Parra con una pequeña placa.

Homenajes a Parra

Desde el 6 de septiembre de 2022 no es el único elemento urbano que recuerda en la ciudad a la autora de «Volver a los 17»: ese día también se inauguró oficialmente la Plaza Violeta Parra en la comuna de Onex, un barrio obrero de las afueras de la ciudad.

En el acto ha participado Felisa Parra, nieta belga de la universal artista, quien se ha mostrado emocionada por el homenaje a su familia y junto al músico chileno Pancho González ha interpretado varias de las canciones de su abuela durante la inauguración.

«Es muy emocionante ver el trabajo de tanta gente, que piensen que hay cosas importantes que hacer y defender, y saber que lo que aquí dejó Violeta continúa», ha expresado Felisa en declaraciones a Efe.

Parra vivió en Ginebra junto a Favre y sus hijas Isabel y Carmen Luisa (madre de Felisa), después de pasar dos años en París, y en la ciudad suiza, dicen los biógrafos, su música derivó más hacia la militancia política, con temas como «Miren como sonríen» o «Qué dirá el Santo Padre», que le entroncaron con la Nueva Canción Chilena.

Ginebra, lugar donde poder respirar

En Ginebra concedió entrevistas, grabó un disco, expuso sus tapices en la universidad local y dio pequeños conciertos, antes de regresar a Chile en 1965, poco antes de quitarse la vida en febrero de 1967.

«Éste fue para ella un lugar donde poder respirar, vivir una historia personal llena de ilusiones que finalmente no perduró pero donde encontró muchos amigos», ha recordado a Efe Ariel Sanzana, quien ha acudido al acto de inauguración en representación de la comunidad chilena en la ciudad, formada por más de 2.000 personas, según sus datos.

«Hace mucho tiempo que buscamos dejar en la topografía de la ciudad una huella de la presencia chilena, que ha sido importante en Ginebra», ha subrayado Sanzana, destacando que esa presencia se inició especialmente tras el golpe de Estado de 1973, con la afluencia de numerosos refugiados políticos.

La alcaldesa de la comuna de Onex, Carole-Anne Kast, ha recordado en la inauguración que hace años se intentó que la plaza que desde ahora lleva el nombre de Parra homenajeara al presidente Salvador Allende, derrocado en 1973, aunque finalmente las leyes locales lo impidieron, pues éstas exigen una relación más estrecha con Ginebra de las personalidades homenajeadas con calle propia.

La nueva plaza Violeta Parra es además un éxito del movimiento feminista ginebrino Escouade, quien en años recientes denunció que las mujeres están infrarrepresentadas en el callejero local (de las alrededor de 500 personalidades recordadas en él, un 93 % son hombres).

Placas para mujeres célebres

Este movimiento colgó en años pasados cien placas alternativas de color violeta, con mujeres célebres, junto a las oficiales en las que se recordaba a famosos hombres locales, y Parra fue una de las elegidas en este acto reivindicativo: desde esta semana tiene su propia plaza, en la que cada día juegan hijos de familias migrantes.

«La veo mejor aquí, en este barrio, que en los de la parte alta de la ciudad», ha afirmado Sanzana, antes de subrayar que la música de Parra se toca en muchas fiestas barriales de Ginebra y la relación de la cosmopolita urbe suiza con la artista es muy estrecha.

Parte de la culpa de esa estrecha relación fue de Favre: a él dedicó Parra en 1966 dos de sus últimas y más célebres canciones, «Gracias a la vida» y «Run run se fue pa’l norte», poco después de que la relación entre ambos terminara y él continuara su vida y su carrera en Bolivia, donde se casaría y tendría dos hijos.