Before I die

Fotograma del documental "Before I die", de Iker Esteibarlanda.

Violaciones y silencios en el corto documental «Before I die»

EFE | Bilbao - 26 enero, 2021

«Me parece muy importante hacer denuncia social, pero con un pequeño hilo de esperanza, porque las historias que no pueden cambiar las cosas no merece la pena contarlas. Y esta creo que la tiene pues al final abre una ventana», ha explicado el director y guionista vasco Iker Esteibarlanda, cuyo segundo cortometraje, «Before I die» fue preseleccionado al Premio Goya al Mejor Cortometraje Documental, aunque finalmente no se encuentra entre los cuatro finalistas.

«Before I die» viaja a una pequeña isla del Lago Victoria (Kenia) de 60 kilómetros cuadrados y 30.000 habitantes, que viven de la pesca en un 90 %, una actividad a la que solo tienen acceso los hombres, mientras que las mujeres y las niñas, que quedan al margen de esta economía, son vendidas como mercancía a cambio de pescado y violadas por los pescadores.

La idea inicial del realizador getxotarra de hacer un «documental canónico» se vino abajo en los primeros días de rodaje. «Fallaba algo: que no había historia», ha confesado, «pues sabíamos lo que sucedía en la isla pero no se veía nada», y fue descubrir que «el problema era el silencio», lo que le llevó a cambiar la forma de encarar el guión.

Testimonios vacíos

«Nadie contaba nada. Las mujeres no tenían esa fuerza que se ve en otros países del África subsahariana. Tuvimos que jugar con ese silencio a nuestro favor«, ha reconocido.

«El silencio está matando a muchas chicas en esta isla», dice la voz en off de la protagonista del cortometraje, una joven cuya vida «se detuvo» el día en que fue violada -una experiencia que no se atreve a contar ni siquiera a su propia madre- y de quien nunca se ve el rostro, por preservar su intimidad y porque su testimonio podría ser el de cualquiera de las habitantes de la isla, según ha contado el director.

Durante los cuarenta días que el reducido equipo de rodaje -el propio Esteibarlanda y la coguionista y ayudante de dirección, Nazareth Torres- estuvo en Kenia, hubo varios intentos de recabar testimonios de decenas de mujeres, pero ninguno dio resultados.

«No sé qué es lo que hizo que esta chica se abriera más. Sí que es cierto que cuando hablaba, tenía una capacidad increíble de poner palabras a los sentimientos. Era como si hubiese estado dando muchísimas vueltas a la cabeza, porque llevaba esa carga, y lo que hizo con nosotros fue una especie de catarsis y soltarlo todo«, se ha sincerado el realizador vasco.

«Creemos que esta película puede llegar a cambiar cosas, pero tenemos que llegar a más gente», ha reconocido Esteibarlanda.