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Fotografía de archivo fechada el 20 de enero de 2021 donde se muestra el edificio del Capitolio en Washington (Estados Unidos). EFE/ Lenin Nolly/ ARCHIVO

El techo de cristal para las políticas persiste en las legislativas de EE.UU.

Marta Garde | Washington - 3 noviembre, 2022

El número de mujeres que aspira a un escaño en el Congreso de EE.UU ha alcanzado este año récords puntuales entre las aspirantes negras y latinas, pero no consigue romper un techo de cristal que las mantiene en minoría.

Los datos del Centro para la Mujer y la Política Estadounidenses (CAWP) hablan por sí solos: hay un 28 % de candidatas a la Cámara de Representantes, un punto menos que en las legislativas de 2020, y un 21,7 % de mujeres que optan al Senado, frente al 23,9 % de hace dos años.

Pero este 8 de noviembre, fecha en la que se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado y se elegirá a los gobernadores de 36 estados y tres territorios y a cientos de cargos públicos a nivel estatal y local, también deja razones para el optimismo.

Las 36 mujeres latinas o hispanas que se presentan a la Cámara de Representantes marcan un nuevo récord y un incremento del 12,5 % respecto a las 32 de 2020, y las 22 mujeres negras que tienen el Senado como meta fijan igualmente una nueva cota.

Sin embargo, la maquinaria política estadounidense tiene muchas barreras específicas para las mujeres, explica a EFE Kelly Dittmar, directora de investigación en el CAWP.

El techo de cristal no se rompe para las políticas

La primera, de base. Las mujeres no pudieron votar en el país hasta 1920 y sus instituciones se construyeron «por y para hombres», alimentando así los estereotipos de la imagen que se tiene de un futuro representante y de las posibilidades de votar por él.

Y luego están factores estructurales, como no tener acceso a las mismas redes de recaudación de fondos, un aspecto esencial en toda pugna electoral, o que el sexismo y la violencia a la que está expuesto el cargo haga que frene a muchas a la hora de dar el paso.

La demócrata Abigail Spanberger, que opta a la reelección como congresista por el séptimo distrito del estado de Virginia, advierte de que también es cuestión de «quién está dispuesto a pasar tiempo alejada de su familia y entrar en este mundo».

«Creo que cada vez más mujeres van a hacerlo. Hemos visto que cuando se presentan ganan muy a menudo y ciertamente necesitamos a gente de todo tipo de entornos», afirma en entrevista telefónica con EFE.

Ella dio el paso porque le «encanta» el servicio público. «Hay muchos problemas que Estados Unidos afronta, de la inflación a la seguridad al cambio climático. He estado trabajando para hacerlos frente con soluciones y legislación y quiero seguir haciéndolo», apunta esta antigua oficial de operaciones de la CIA, de 43 años y madre de tres hijos.

En el Senado estadounidense 24 de sus 100 escaños están ocupados actualmente por mujeres, 16 de ellas demócratas y otras ocho republicanas, y en la Cámara de Representantes 123 de sus 435 (91 progresistas y 32 conservadoras).

La mayor representación femenina demócrata en ambas cámaras es fiel a una tendencia que se ve también en estos comicios. Los progresistas se acercan más a la paridad con un 43 % de nominadas a la Cámara de Representantes y un 39 % al Senado, frente a porcentajes del 19,3 y del 19,4 % en el bando republicano.

Diversidad en el Congreso y Senado de EE.UU.

«No apoyo a alguien solo porque sea mujer, pero sí creo que debemos atraer a más mujeres», comenta a EFE Ronna McDaniel, presidenta del Partido Republicano desde 2017. Bajo su mandato, asegura, ha habido más republicanas que nunca en el Congreso, y también más aspirantes en estas legislativas que en cualquier otro ciclo electoral.

«Necesitamos gente de todo tipo de origen y la voz de una madre es tan importante como cualquier otra voz», indica convencida de que su formación es ahora más diversa que antes, tanto en sus votantes como en sus candidatos.

La representación es importante en política, subraya la directora de investigación del CAWP, para quien «ver a mujeres en puestos de liderazgo puede inspirar a otras y tiene una importancia simbólica».

«Aunque cada mujer es distinta, colectivamente aportan perspectivas diferentes por su experiencia vital y pueden poner temas distintos sobre la mesa», apunta.

Pero tampoco hay que llevarse a engaño. La demócrata Kamala Harris ocupa desde 2021 la vicepresidencia del país e hizo historia al ser la primera vicepresidenta mujer y la primera negra y de ascendencia asiática. «Que haya sido elegida», advierte Dittmar, «no tiene el poder de eliminar todas las barreras. Todavía quedan».