Susana Raffalli pide «la verdad» sobre la situación de las mujeres en Venezuela

Alicia Hernández | EFE Venezuela - 24 febrero, 2020

Si alguien le tiene el pulso medido a la crisis humanitaria en Venezuela y cómo ésta afecta especialmente a niñas y mujeres, esa es Susana Raffalli. Esta nutricionista y activista de Derechos Humanos ha sido asesora de Cáritas Venezuela en nutrición, seguridad alimentaria y riesgo de desastres naturales. Fue integrante del Sistema de Monitoreo, Alerta y Atención en Nutrición y Salud (SAMAN), uno de los pocos instrumentos que ha medido en el país la emergencia humanitaria y ha participado en las audiencias de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en representación de Cáritas Venezuela. En los días previos al 8M, Día Internacional de la Mujer, habla con Efe y explica cuáles son sus principales reivindicaciones.

¿Cuál es su principal reivindicación en este 8M?

Me complacería que todas las mujeres, empleadas de organismos del Estado que pueden tomar decisiones, las mujeres en los niveles más altos en los mecanismos de cooperación internacional, las mujeres de la sociedad civil, representantes de organizaciones de víctimas, que todas al unísono dijéramos la verdad, que se acabe el disimulo sobre la situación tan dolorosa que vive el país con una carga tan desproporcionada de dolor sobre los hombros de las madres y niñas de Venezuela.

¿Hay desigualdad o machismo en el ámbito en el que trabaja?

Hay mucha desigualdad. No es lo mismo tener hambre y ser hombre que tener hambre y ser mujer. En este momento después de tener cuatro años y medio  años denunciando y pidiendo auxilio ante las privaciones masivas en las poblaciones más empobrecidas, el último cartucho que le queda a una familia pobre del país es destituírse a sí misma para poder comprar comida, medicina, evacuar a un familiar enfermo. Recurren a lo último que les queda, que es el cuerpo.

En este mismo momento debe haber una mujer venezolana vendiendo su cabello en el Puente Internacional Simón Bolívar en Cúcuta; debe haber una voluntaria de Cáritas midiendo a una niña que dejó de crecer y le faltan 8 centímetros; en este momento debe estar una niña venezolana buscando refugio para que sus padres no la prostituyan para ir por comida, o debe estar una cobrando con un trabajo sexual una caja CLAP. Todo eso son cosas de mujeres aunque el hambre sea el mismo.

En definitiva, los efectos humanitarios de las crisis de Venezuela están representando un dolor mucho mayor y dramático y profundo para las niñas y las mujeres que para el resto de la sociedad.