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Vista de las inmediaciones del Hospital de campaña del Gregorio Marañón en Madrid este lunes, decimosexto día de aislamiento tras el estado de alarma decretado por el gobierno para frenar el avance del coronavirus. EFE/ Juanjo Martín

De la investigación oncológica y la empresa a la solidaridad

Raúl Casado EFE-Madrid - 4 mayo, 2020

Aunque inicialmente la idea era poner en marcha una web para combatir los bulos y la desinformación, ahora es una de las redes solidarias más potentes para combatir la crisis sanitaria de la COVID-19. «Juntos Salimos» es una plataforma que localiza a varios voluntarios y proveedores de distintas provincias y atiende las necesidades urgentes de hospitales o residencias donde el coste siempre es el mismo: cero.

Entre otras peronas, pilotando esta nave solidaria se encuentran Inés Muñoz, al mando del Centro Nacional de Investigaciones OncológicasInés Fernández y María Rico, con amplia experiencia en dirección de empresas en varias multinacionales, y Victoria Manglano, especialista en la gestión de grandes cuentas y mercadotecnia.

En las conversaciones con ellas se encadenan solo palabras de agradecimiento, de admiración y de confianza en una sociedad que está respondiendo -dicen- con muy poco y con mucho, de forma siempre altruista; una sociedad que ni está anestesiada ni carece de valores; han reafirmado -dicen- su fe en las personas.

Donaciones y bibliotecas

«Juntos Salimos» muestra apoyo a quien más lo necesita y minimiza el riesgo de las personas que están en primera linea en la lucha contra esta enfermedad. Las donaciones, la transformación del material sanitario y fabricación de percheros para colgar la medicación de los pacientes son algunas de sus actividades así como recolectar los libros necesarios para montar una biblioteca en el hospital de IFEMA.

Varias llamadas de teléfono y unos wasap y ya estaban suministrando mantas y almohadas en el Hospital Infanta Sofía de Madrid para mejorar el confort de los pacientes que se acumulaban en sillones y pasillos; miles de mensajes y correos después la red se ha extendido por todo Madrid y atendido las llamadas de urgencia que ha recibido desde Soria, Ávila, Salamanca, Guadalajara, Burgos, Toledo o Segovia o Alicante.

El estrés en los hospitales de Madrid amenaza con colapsar varios centros y vuelcan ahí su acción; las necesidades apremian a los hospitales de Soria y en pocas horas localizan voluntarios y proveedores para contribuir a aliviar la situación; y después Toledo, Guadalajara, Ciudad Real o Albacete.

Un trabajo de 24 horas al día

Inés Muñoz no ha regresado al CNIO desde el 11 de marzo, pero sobre su teléfono y su correo pivotan demandas y entregas de mantas, almohadas, termómetros, tensiómetros, pulsioxímetros, batas impermeables, mascarillas, gafas, congeladores, ordenadores, mobiliario o libros.

«Pero detrás de nosotras hay un grupo fabuloso de voluntarios, de todas las edades, que se encarga de transportar y entregar todo el material», explica a EFE la investigadora; y sobre todo «y en primera línea de batalla» está el personal sanitario, de las residencias o de los centros asistenciales que les transmiten cuáles son sus necesidades.

Adquieren por donaciones, compran o transforman materiales (los tejidos se convierten en batas o mascarillas gracias al trabajo de talleres y cientos de costureras), y siempre en contacto con expertos que les asesoran y con la seguridad como máxima en toda la cadena.

«El esfuerzo merece la pena»

Confiesa que durante las últimas semanas ha sentido muchas veces ganas de llorar, pero ha sido siempre «de alegría» al comprobar cómo la respuesta de la gente le sobrepasa, al recibir las fotografías de enfermeras utilizando sus termómetros, al inundarse su teléfono de emoticonos, de besos, de corazones, de abrazos y de agradecimientos.

«La respuesta es increíble; el esfuerzo merece la pena».

Como investigadora reflexiona en muchas direcciones: se acuerda de los antivacunas; del papel que está desempeñando en esta crisis la ciencia para entender cómo actúa el virus y qué estrategia se deben seguir; del talento que tiene que emigrar por falta de financiación; de la necesidad que tienen los laboratorios de contar con gente joven para seguir avanzando.

Al límite de sus capacidades

O sobre la «fútil» polémica entre público y privado, y se acuerda entonces de los sanitarios que están trabajando al límite de sus capacidades físicas y emocionales, pero también de los pequeños y grandes empresarios que «a pesar de lo que se les viene encima» están donando y ayudando.

María Rico e Inés Fernández comparten sus respuestas; ellas sí se conocen desde el colegio, y ahora perciben que la gente «está sacando lo mejor de cada uno; es increíble», y recuerdan cómo un donante, un pequeño empresario sin ningún ingreso ahora, entregó personalmente mobiliario en cuatro grandes hospitales de Madrid e inmediatamente después preguntó: «¿ahora qué hago?».

Y han percibido que esas ganas de ayudar son mayores que el miedo al contagio, que la sociedad no está dormida, que las personas tienen valores, y consideran que sus voluntarios, como todos los que integran las miles de redes que se han activado durante las últimas semanas en todos los rincones, «merecen una medalla».

Una carrera contra el virus

Conocen de primera mano la necesidad y la asisten con inmediatez; «sin burocracias, sin intereses y sin intermediarios»; es una crisis «extraordinaria» para la que el mundo no estaba preparado, pero ahora «no se trata de criticar, se trata de construir y solucionar. Ya habrá tiempo».

María e Inés insisten en que es el momento de la inmediatez, en la importancia de gestionar y de canalizar con agilidad las ayudas, las compras y las donaciones. «Esto no es un maratón, es un esprint» en el que el tiempo es un factor que juega tremendamente en contra, porque la cifra de fallecidos supera los 23.000 y «nos duelen, nos tocan la fibra más sensible; es imposible obviarlo».