Una mujer vuela en parapente en Quito (Ecuador). EFE/ José Jácome
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Mujeres ciegas vuelan por primera vez en parapente en Ecuador
Cuatro mujeres ciegas se han aventurado por primera vez a volar en parapente sobre los Andes ecuatorianos, aunque despegar los pies del suelo y "ver con los oídos" el mundo a vista de pájaro no estaba en la mente de ninguna.
Esta ha sido una experiencia con la que animan a desafiar cualquier limitación y en la que han tenido el apoyo de Diego Herdoíza, quien después de recorrer ocho países latinoamericanos en bicicleta sintió la necesidad de compartir sus experiencias de montaña, vuelo y aventura con quien más dificultades tienen para ello.
Y lo han hecho desde el cerro del Auqui, una loma cercana a Quito, y varios pilotos han accedido a volar junto a ellas.
Una de ellas ha sido Cristina Santacruz, atleta de 32 años que se quedó ciega por una negligencia médica cuando tenía solo un año.
"Por nuestra discapacidad no hay límite, sobre todo si hay personas con predisposición a ayudar. Eso nos permite vivir experiencias diferentes como esta", ha dicho en relación a Herdoíza y Marlon Navarro, el piloto que la acompañó durante el vuelo.
La joven ha apostado hasta por pilotar ella misma el parapente durante unos segundos y el resultado ha sido un éxito. Incluso un curioso gallinazo (buitre negro americano) se aproximó mucho a ellos, algo que, según el piloto, no le había ocurrido nunca en los más de veinte años que practica este deporte de aventura.
"Durante el vuelo Cristina me preguntó si podía quitarse el casco porque veía a través de los oídos", ha relatado a EFE Navarro poco después de pisar tierra en Lumbisí, en el este de la capital ecuatoriana.
Un momento "hermoso"
Por su parte, y mientras el viento golpeaba las telas de los parapentes antes del despegue, Amy, una joven estudiante de inglés de 22 años y ciega de nacimiento, ha reconocido sentir miedo.
"Cuando me estaban equipando me agarraron muchos nervios. Tenía en la cabeza que tal vez algo podía salir mal", ha recordado.
Pero el temor desapareció cuando dejó de tocar el suelo. "Sentir el viento en la cara y cómo te vas elevando, cómo ya no sientes el piso en los pies… es hermoso", ha dicho a EFE, todavía con la adrenalina en el cuerpo.
La joven ha destacado que "las barreras se las pone una misma y están en la mente", por lo que ha animado a todas a "cumplir los sueños que tengan".
"Ha sido una forma de devolver lo que nosotros sentimos", ha explicado Ivanov Granja, piloto desde hace más de tres décadas.
"A veces quienes tenemos nuestros cinco sentidos nos ahogamos en un vaso de agua. Nos han dado una gran lección. Ha sido el mejor vuelo que he tenido", ha exclamado.
Con ganas de repetir
A la pregunta de si repetirían la experiencia, Cristina no ha dudado en exclamar un rotundo "sí".
"¡Muchas veces! Creo que en la vida una tiene que arriesgarse, confiar en una misma y ser positiva", ha señalado la joven.
Aunque Herdoíza esta vez no ha podido saltar con ellos, sí ha acompañado a las voladoras primerizas y a los pilotos experimentados, con quienes mantiene una amistad desde hace años, a lo alto del cerro desde el que han saltado.
Ahora, y después de recorrer Suramérica a pedales, planea hacer algo parecido en una bicicleta doble junto a Franco, un hombre que perdió la visión a los 28 años.
"Él tiene experiencia yendo en la parte de atrás de una bicicleta doble, y me explica las cosas con facilidad (...) Hasta ahora no ha habido nada demasiado complicado. Estoy seguro de que todo va a salir bien", ha vaticinado.